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Edin Dzeko, el padre de los dragones

Publicado: junio 7, 2026, 2:11 pm

El nacimiento de Bosnia-Herzegovina fue con sangre. Resultó ser un parto complicado porque el referéndum de independencia –aprobado por el 99,7% de la población que salió a las urnas (63,4%), con participación testimonial de la ciudadanía serbia– desembocó en una guerra en la que murieron más de 100.000 personas y 1,2 millones abandonaron el país. Un país que sobrevivió después de tres años y medio de carnicería y que pese a su disfuncionalidad institucional y administrativa avanza como puede entre reformas incompletas, rencillas vecinales, desconfianza nacionalista y pasión por el deporte en general y el fútbol en particular. Resulta que los bosnios disputarán su segunda Copa del Mundo como Estado soberano desde que salieron de la desaparecida Yugoslavia, constituidos como Federación en 1993, después de su presencia en Brasil 2014, donde quedaron eliminados en la fase de grupos tras perder con Argentina y Nigeria y ganar a Irán. Entonces y ahora su ariete era el eterno Edin Dzeko, quien a sus 40 años –quinto jugador más veterano del torneo– liderará a una selección que mezcla experiencia y juventud en un grupo compartido con Canadá, Suiza y Qatar. El delantero del Schalke, exgoleador de clubes tan grandes como Manchester City, Roma e Inter, entre otros, es el padre de los ‘Zmajevi’ (Dragones). Así se conoce a los integrantes de la selección bosnia, que tienen en el futbolista de Sarajevo un referente y espejo en el que mirarse. Dzeko carga con una historia personal difícil que supo sobrellevar para salir con vida de un matadero y convertirse en uno de los grandes ‘killers’ de Europa. Tenía apenas seis años cuando comenzó la guerra de Bosnia (1992-1995) y su casa pronto fue alcanzada por los misiles. Vida reducida a escombros. Tuvo que trasladarse con su familia a un pequeño piso de apenas 40 metros cuadrados en el que convivían con otras 12 personas. «Cuando todo terminó me veía más fuerte, sobre todo psicológicamente», recordaría después el ariete sarajevita. Su padre, Midhat, acostumbraba a llevarle a un parque cercano para que jugara al fútbol con sus amigos, al principio solo una diversión que acabó por ponerle comida en la mesa. Dzeko firmó por el Zeljeznicar de su ciudad, equipo de la primera división bosnia, y aceptó un sueldo de 150 euros mensuales. La primera paga se la gastó en una camiseta y unas botas, un niño que luego pasaría a cobrar siete millones anuales en el City. Pero los comienzos fueron muy difíciles para el delantero. «La gente se reía de mí. Entraba para jugar 15 minutos y desde las gradas llegaban los insultos y las humillaciones». Le llamaban «palo», le decían «tuercebotas» y que sobraba hasta en el banquillo. El entonces adolescente aguantó las ofensas como pudo y se juró a sí mismo que algún día acabaría triunfando. Se lo prometió también al taxista que solía llevarle de pequeño a los entrenamientos, y juró comprarle un coche «cuando tenga dinero y juegue en un equipo importante». En 2005, el Teplice checo le fichó por 50.000 euros y dos años después le vendió al Wolfsburgo por cuatro millones. Aquello se ponía serio. Pasó mucho tiempo pero Dzeko no se había olvidado de su taxista. A finales de 2010, en una de sus habituales visitas a Sarajevo, le buscó y le encontró. Dio con él y le dijo que podía elegir el coche que quería. El hombre, cuentan testigos y amigos, necesitó varios minutos para tranquilizarse. Quien más quien menos pensaba que se decantaría por un todoterreno, un Audi o un Mercedes de alta gama, pero escogió un Skoda Octavia. El delantero bosnio pagó al contado los 20.000 euros de entonces y cumplió con una promesa que hizo desde el anonimato, cuando no era nadie, sólo uno de tantos aspirantes a la gloria. Ahora, 15 años después, tras jugar en algunos de los clubes más grandes de Europa, vuelve a capitanear a los dragones en una Copa del Mundo. Lo hará con más de 40 años, solo más joven que el escocés Craig Gordon (43), el portugués Cristiano Ronaldo (41), el mexicano Guillermo Ochoa (40) y el croata Luka Modric (40), estos dos últimos solo unos cuantos meses más viejos que él. Bosnia-Herzegovina sueña ahora con los ojos abiertos, en representación de un país en el que la inmensa mayoría de los serbobosnios no quieren saber nada de la selección –argumentan que es un equipo de musulmanes– y los croatas-bosnios van a muerte con Croacia. Cosas de los Balcanes y de los trozos de la extinta Yugoslavia. El caso es que el combinado nacional de Dzeko logró la clasificación para el Mundial después de quedar segundo en el grupo compartido con Austria, Rumanía, Chipre y San Marino. Luego, en la repesca, eliminó en la tanda de penaltis a Gales, primero, y a Italia, después, lo que desató la locura. El grupo ‘Dubioza Kolektiv’ adoptó su tema ‘I am from Bosnia, take me to America’ (Soy de Bosnia llévame a América) para la ocasión. «Nuestro videoclip, que ha debido costar seis marcos (3 euros), se grabó en el barrio, que de alguna manera es el equivalente a una favela en Colombia o Brasil. La gente ha reconocido esa estética: un balón hecho trizas, una portería pintada en un muro y los pobres jugando al fútbol», explicó a la AFP Brano Jakubovic, músico y autor de la letra. La Bosnia de Dzeko, autor de 73 goles en 148 partidos con la selección, quiere sobrevivir en la liguilla compartida con Suiza, la anfitriona Canadá y la rica Qatar de Lopetegui. 17 de sus 26 jugadores han nacido en otros países –4 en Alemania, 3 en Austria, 3 en Suecia, 2 en Serbia y 1 en Croacia, Dinamarca, Estados Unidos y Suiza–. Así que cuando se habla de supervivencia, Bosnia no tiene rival. Al fin y al cabo, vino al mundo bañada en sangre, la mamó y se inmunizó contra el miedo.

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