Publicado: octubre 21, 2026, 11:19 pm
El límite de velocidad en las autopistas y autovías españolas es de 120 kilómetros por hora. Diego Poncelet (27 años) alcanzó los 151,83 sobre un monopatín . Nacido en México y criado entre España y Suiza, soñaba con la Fórmula 1, pero terminó buscando la velocidad récord con su propio cuerpo sobre una tabla con ruedas. El descenso tuvo lugar a mediados de septiembre en la Route du Port (Quebec, Canadá), una vía de 2,2 km con una pendiente del 18 % y un asfalto lleno de grietas y baches que memorizó al milímetro. Allí superó la marca del británico Pete Connolly (146,73 km/h en 2017). Poncelet lo batió el primer día con 146,88 km/h, pero esperó cinco días al viento idóneo para alcanzar los 150 km/h que le impulsó a buscar Connolly, fallecido en 2025. Le arropó un equipo íntimo: su tío meteorólogo, su amigo en el coche de apoyo y los cascos hechos por el mejor amigo de Connolly. En ABC, el doble campeón del mundo repasa su hazaña, sus riesgos y su futuro. -Hace unos meses, en otra entrevista con ABC, hablaba de 131 km/h como su mejor marca. Ahora son 20 km/h más. ¿Se nota mucho encima de la tabla? -Sí, es exponencial. Cada kilómetro por hora lo notas muchísimo. Cuando pasas de los 140, el aire se convierte en una fuerza más violenta, más potente que tú mismo. Si decide moverte, no tienes otra. Si tu posición no es perfecta, es imposible mantenerte en la tabla: te da la impresión de que te vas a ir volando. De hecho, si me levanto en esa bajada, me voy volando. Tienes que mantenerte perfecto. Eso es lo difícil de este reto y lo que me dio mucho más miedo de lo normal: cuando arrancaba, sabía que no podía pararme en medio. Era determinación total. -¿En qué momento se plantea batir el récord? -Fue muy difícil: cuando se hizo la marca previa había viento a favor y, además, esta carretera se ha ido deteriorando con los años. Teníamos esos dos puntos muy en contra. Para conseguirlo tuvimos que desarrollar mucho equipo técnico, material específico para la aerodinámica, y yo intentar mejorar la técnica para marcar la diferencia. Nos dimos cuenta de que de verdad era posible cuando fuimos a ver la carretera: estaba muy mal, con muchas grietas y baches, pero se podía patinar. Hicimos unas pruebas y vimos que nos acercábamos a la velocidad. Cuando añadimos todo el equipamiento, lo destruimos. -Pete Connolly logró el récord anterior en esta misma ruta. ¿Qué tiene de especial? -Es una carretera sin sentido: una pendiente tan exagerada durante tanto tiempo que es peligrosa hasta para los coches. Hay normas que no permiten hacer carreteras así en casi ningún país. No pude encontrar otra. Quise hacerlo porque me habían dicho que no se podía patinar esta, y estuve como loco buscando; hice viajes por todo el mundo y, al final, tuve que aceptar que era esa sí o sí. Nos dimos cuenta de que el resto iba a ser mi problema: la técnica, asegurarme de que todo fuera perfecto, de no comerme los baches más importantes. Hubo momentos arriesgados, con bandazos importantes, pero en la bajada vi la línea perfecta y no hubo problema. -La carretera, el traje, el casco, la tabla… ¿Cómo de medido está todo? -Al milímetro. Para dar un ejemplo: del casco hicimos un escáner de mi cuerpo, lo pasamos a un programa virtual, diseñamos 30 formas posibles y las metimos en un CFD, que es un túnel de viento virtual para probar la resistencia al aire. Encontramos la mejor, la hicimos en carbono y nos fuimos a Ginebra a un túnel real para asegurarnos. Cada cosa fue como hacer nuestro pequeño equipo de Fórmula 1. -En redes le vemos bajar en vaqueros y en manga corta. ¿Cambia mucho con el traje del récord? -Sí y no. Este traje necesitaba ser muy cómodo y muy aerodinámico para poder alcanzar el récord. Mucha gente me pregunta por qué no llevo más protecciones. En este récord, habría sido añadir superficie y perder velocidad. Tengo que ser honesto conmigo mismo: son cosas que se contradicen. Fui con muy poca protección para limitar al máximo la superficie de mi cuerpo. Este traje es de esquí; de hecho, protege menos que un vaquero. -¿Cuánto ha tenido que controlar su propio peso? -Cuanto más pesas la gravedad funciona mejor. Tienes que pesar bastante, pero al añadir peso también aumenta tu superficie y tu aerodinámica empeora. Se trataba de encontrar el equilibrio perfecto en el que me sintiera cómodo para estar en mi mejor posición. No es cuestión de tener músculos gruesos, sino densidad en esos músculos, trabajarlos con muchos ejercicios de resistencia. -¿Cómo es un día de preparación física y técnica? -Tiene un poco de todo. Mi programa físico es bastante normal, como el de cualquiera que haga ejercicio. Lo que sí puedo decir es que siempre he dado mucha importancia a lo que no se ve: la coordinación, el equilibrio, la percepción de la profundidad. Me gustó mucho esa búsqueda técnica, es como la Fórmula 1 o las motos de los años 40: todo está por descubrir. -¿Y la preparación mental? -Es mucha visualización y control de las emociones. Uno tiene que estar alineado consigo mismo, hacerlo por las buenas razones, en ese momento no te puedes mentir a ti mismo. Es como ser un funambulista: o te sostienes o te caes. Me gusta meterme en esas situaciones porque veo si de verdad me he entrenado bien. En la vida te puedes mentir y tener ilusiones más o menos falsas que, a largo plazo, pueden ser perjudiciales para crecer. Pero cuando estás bajando a 150 no hay nada de eso: lo consigues o no. -Un amigo suyo conducía el coche que le seguía y su tío le ayudó con la meteorología. ¿Existía una intención de rodearse de gente cercana? -En mi deporte no hay estructura: no hay entrenador ni gente especializada que trabaje en esos papeles, así que te acabas rodeando de quienes lo hacen contigo, de quienes patinan contigo. En el caso de Greg, el que conduce, fue algo muy natural. Fue mi rival principal en mi primer campeonato del mundo y ahora mira, estamos haciendo estas cosas juntos. Hay cercanía, pero también era necesario que esa persona supiera cómo patino al milímetro. Y lo mismo con mi tío el meteorólogo: tenía que conocer exactamente las necesidades para conseguir este reto. Me siento muy agradecido: ha sido muy divertido tener a esta gente acompañándome en el camino. -Batió el récord el primer día, pero tuvo que esperar cinco más para llegar a los 150. ¿Cómo se pasan esos días? -Con mucha más presión. Siempre decía que quería batir el récord, pero en realidad quería llegar a los 150: ese era el sueño más profundo, una obsesión personal que no llegaba a compartir. Era difícil admitirlo porque no se sabía si era posible, y soñar con algo imposible es difícil y no recomendable. No me lo quería reconocer, pero cuando pasé a 146,8 y batimos el récord el primer día sin viento, pensé: «Sí que es posible». Toda mi energía se metió en intentar conseguirlo y ni siquiera quise celebrar el primer día. -¿Y cómo terminó celebrando? -Hubo dos cosas. La primera, una felicidad increíble. Estaba mi familia, sufriendo un poco, porque estaban en el punto de velocidad más alta, y fue un momento de éxtasis increíble, todos juntos. Pero a la vez pensé: «¿Y ahora qué?». He estado obsesionado con esta idea del récord y ahora voy a tener que encontrar otro proyecto. -Pete Connolly, anterior plusmarquista y amigo suyo. ¿Cuánto ha pesado en su preparación? -Muchísimo. Ha sido muy importante, sobre todo a nivel de motivación, porque Pete era el único que pensaba que era posible llegar a los 150. Pero antes de poder intentarlo le diagnosticaron un cáncer. Cuando supo que no podía hacerlo y se enteró de que yo sí estaba dispuesto, me empezó a dar consejos y nos hicimos amigos. Fue una motivación increíble: me hizo pensar «tengo que hacerlo». Él falleció el año pasado, por desgracia, antes de poder verlo, pero este proyecto ha sido de alguna manera un homenaje a él. -¿Se acordó de él al terminar? -Sí, claro. Estoy en contacto con su mujer y su hija, que están muy orgullosas, y con su mejor amigo, que es el que me hace los cascos. Hubo esa relación de, como dicen en inglés —porque ellos son ingleses—, ‘bittersweet’: agridulce. Pensar «Pete era la persona más cercana a nosotros» —no a mí, pero sí a esa gente— «y ahora estamos ayudando a otra persona a conseguirlo». Pero también es el espíritu del deporte: estos récords están para ser rotos más tarde. -Los baches y las curvas se pueden estudiar y memorizar, pero siempre pueden aparecer imprevistos… -Sí, y condicionan mucho. Nosotros intentamos controlar todo lo que está en nuestras manos. Después hay que aceptar que no son condiciones cerradas: estás en la vida real. Puede cruzarse un animal, puede haber una piedra en el lugar equivocado… Y aceptar también que, si hay un accidente, es parte del juego. Siempre lo digo: una caída no es un contraargumento, es parte de lo que hago. -Se está jugando la vida. ¿Qué piensan sus padres y sus amigos? -Siempre me han apoyado. Creo que hay que pensar que no lo hago por inconsciencia, más bien lo contrario. Siempre he sido una persona muy lúcida, muy consciente de lo que me importa en la vida y de que todos un día moriremos. Cuando de verdad intentas encarnar esas cosas, acabas haciendo cosas así. Es una necesidad, no es que haya escogido hacerlo. Mis padres y mi familia son conscientes de eso y también intentan disfrutar del camino. Saben muy bien que no sirve de nada decirme que no lo haga, aunque a veces quisieran. -En España su deporte se mueve en un terreno de alegalidad: ni está expresamente prohibido ni regulado. ¿Cómo cree que debería regularse? -Para mí no tendría que ser ilegal, porque no molestamos realmente a nadie. Cuando se hace bien, me parece una forma de crecer para los jóvenes en la naturaleza, entre amigos; es algo realmente maravilloso. Pero si me preguntan si tendría que ser totalmente legal, profesionalizado y normalizado, igual no. Yo me lo paso muy bien en este estado de alegalidad, porque también me ofrece una libertad increíble. -Con el récord ya batido, ¿qué es lo siguiente? -Hay varias cosas. Me gustaría batir de nuevo esta meta, este número, pero hasta que no encuentre una carretera nueva no creo que sea posible, así que voy a estar buscando de nuevo. Además, con Red Bull tengo herramientas para pensar de forma mucho más creativa, en proyectos que normalmente no serían posibles, o juntándome con otros deportistas; ya veremos qué locura se me ocurre. También hay otras cosas que me gustan mucho, como el cine; me gusta contar historias a través de este deporte y otras que no tengan que ver. Será una mezcla de todo esto.
