Dentro de un corazón caótico: «Es como entrar en una discoteca» - Estados Unidos (ES)
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Dentro de un corazón caótico: «Es como entrar en una discoteca»

Publicado: mayo 25, 2026, 12:24 am

La unidad de arritmias del Hospital Clínico San Carlos de Madrid no fue la primera en organizarse en España, pero tardó poco en situarse a la vanguardia de las alteraciones de los latidos del corazón. Al principio, la integraban solo cuatro profesionales, dos médicos y dos enfermeras. Hoy, 25 años después, cuenta con un equipo multidisciplinar de 35 profesionales en el que, además de cardiólogos intervencionistas y personal sanitario trabajan ingenieros y biólogos. Aquí se estudian y tratan los procesos eléctricos que transcurren en el interior del corazón y generan taquicardia (cuando el corazón late demasiado rápido), su ritmo va demasiado lento (bradicardia) o de forma irregular, como sucede con la fibrilación auricular . Esta última es la arritmia cardíaca más común y se desencadena cuando las aurículas laten de forma rápida, caótica y desorganizada. Ese caos impide que la sangre bombee correctamente lo que dispara el riesgo de sufrir un ictus, un infarto y otros daños en el corazón. Julián Pérez Villacastín, jefe del Servicio de Cardiología del Clínico San Carlos, y Nicasio Pérez Castellano, responsable de la Unidad de Arritmias del mismo hospital aún se acuerdan de cuando la fibrilación auricular era un problema intratable. «Lo diagnosticabas y tenías que decirle a tu paciente que su problema no tenía tratamiento», cuentan. Por eso la historia de su unidad es también la historia de las primeras intervenciones de la fibrilación auricular, de las primeras ablaciones. Ese procedimiento consiste en introducir un catéter a través de la ingle y usar calor o frío para quemar tejido cardiaco. Así al generar cicatrices diminutas en el foco de la arritmia se bloquean las señales cardíacas defectuosas que causan la fibrilación. «Fuimos pioneros en ablación auricular. Cuando se empezaron a hacer no había consensos, ni recomendaciones; realmente íbamos a ciegas. Las primeras intervenciones podían durar entre catorce y quince horas y nos turnábamos ‘Nic’ y yo como si fuera un partido de baloncesto. Ahora se resuelven en una hora u hora y media», recuerda Pérez Villacastín. Lo más difícil era (y aún lo es) localizar el foco de la fibrilación. «Yo esto se lo explico a los pacientes con el símil de una discoteca . La primera luz que se enciende es la responsable del resto, pero cuando entras hay tantas luces, tanto caos, que es imposible distinguir la primera. Pues así estábamos nosotros dentro del corazón, esperando que se produjera una fibrilación en ese momento porque la información buena sobre su origen solo te la daba el primer latido de la fibrilación. Por eso, las intervenciones duraban tanto tiempo», explica Pérez Castellano. Ahora la tecnología ha revolucionado el tratamiento . El procedimiento básicamente sigue siendo igual: se viaja por la vena femoral para quemar o hacer una ablación en el foco de la arritmia. La ventaja es que ahora son más fáciles de localizar, gracias al poder de la imagen. Los cardiólogos intervencionistas se guían de sistemas que funcionan como auténticos GPS y a mapas que cartografían el corazón. En el quirófano pueden ver una reconstrucción tridimensional del órgano en movimiento lo que permite guiar con más precisión los catéteres dentro del corazón. «Antes era como intentar buscar un anillo que se te ha caído dando un paseo por el campo» -vuelve al símil Pérez Castellano-. «Ahora, tenemos las coordenadas y somos capaces de volver exactamente al lugar dónde se cayó el anillo». La tecnología ha permitido un gran salto, pero también las intervenciones han mejorado gracias a la experiencia de estos veteranos a lo largo de más de dos décadas. El jefe de Cardiología detalla con orgullo cómo desde su hospital madrileño se han publicado más de 250 artículos científicos originales: «Hemos sido pioneros en cuestiones que luego han sido aceptadas por el resto de la comunidad científica, además de formar a muchos profesionales». Esa experiencia es la que ha permitido crear la ‘Sala Zero’ en la unidad de arritmias del Clínico. Es la primera sala en el mundo libre de radiación para procedimientos cardiovasculares. Aquí se trabaja completamente sin radiación, «lo que ha sido posible gracias a nuestra experiencia, porque ya no necesitamos una doble guía», insiste Pérez Castellano. Uno de los retos de la cardiología intervencionista es procurar que en la ablación, la agresión sea cada vez menor y más precisa. La técnica es ya tan fiable que en algunos casos se elige como primer tratamiento, antes incluso que empezar con fármacos antiarrítmicos. Tampoco tiene un límite de edad. Se está tratando a pacientes de más de 80 años porque la técnica es segura y efectiva y les proporciona una buena calidad de vida. Sin embargo, hace años se desestimaban los casos de pacientes de más de 60 años. También se sabe que las venas pulmonares son, casi siempre, responsables de ese caos del ritmo cardiaco. «Ya no perdemos tanto tiempo en mirar de dónde procede la fibrilación , el primer procedimiento que se hace a un paciente es en las venas pulmonares y eso lo sabemos después de todos los procedimientos realizados hasta la fecha, unas 10.000 ablaciones», señala Pérez Villacastín. Otro de los desafíos es gestionar la ingente cantidad de datos que proporciona un nuevo e inesperado aliado de los cardiólogos: los relojes inteligentes que miden el ritmo cardíaco. Quien tiene un ‘smartwatch’ lleva en su muñeca un detector de arritmias. Eso permite diagnosticar alteraciones del ritmo cardiaco que no se detectarían sino fuera porque el reloj le ha alertado, porque hay personas que notan mucho su corazón y otras que no notan nada hasta que el daño es muy extenso o se produce la primera manifestación. Y, a veces, ese primer síntoma es un ictus. Que un paciente acuda al cardiólogo alertado por su reloj inteligent e es ya una realidad en la Unidad de Arritmias del Clínico. Con eso se ha conseguido proporcionar tratamiento precoz antes de que la enfermedad evolucione. Pero también está complicando la actividad asistencial. Los cardiólogos reconocen que antes una revisión cardiológica estándar pasaba por comprobar el electro de los pacientes y su holter. Ahora los pacientes llegan a consulta armados con sus propios registros. «Es una revolución, pero ¿está el sistema sanitario preparado para gestionar tanta información?», se preguntan. «Un paciente con un desfibrilador o un marcapasos podría enviarte mil datos todos los días. Este es el principal desafío y, probablemente la inteligencia artificial podrá jugar un papel crítico para filtrar esa información. El cambio que vendrá será estratosférico, podremos utilizar datos que se van a la basura y diseñar tratamientos mucho más personalizados».

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