De la guerra de Trump en Irán a la ausencia de Rusia o el pasado colonial: la política y la historia también juegan el Mundial - Estados Unidos (ES)
Registro  /  Login

Otro sitio más de Gerente.com


De la guerra de Trump en Irán a la ausencia de Rusia o el pasado colonial: la política y la historia también juegan el Mundial

Publicado: junio 11, 2026, 3:00 am

Hay quien dice que todo es política… el fútbol también. Este jueves arranca una de las grandes citas que todo aficionado espera con ansia: el Mundial. Estados Unidos, Canadá y México organizan una cita que pega a millones de personas al televisor y que, sí, también tiene un trasfondo político e incluso histórico, sobre todo en esta edición que es la primera en la que participan 48 selecciones. Habrá 104 partidos y la lectura que se haga de algunos de ellos no será solamente deportiva.

El primer foco se pone precisamente sobre Estados Unidos y Donald Trump. El poder blando de Washington se demuestra también en eventos como este, en cuyos meses previos el presidente ha recibido por ejemplo el premio a la paz que entrega la FIFA. Al mismo tiempo, la Casa Blanca usa también el deporte como herramienta diplomática y ha expresado en numerosas ocasiones su descontento por tener que organizar el Mundial con otras dos sedes. Esto es algo que ocurrirá también en 2030 con España, Portugal y Marruecos. ¿El objetivo? Que Arabia Saudí sí pueda ser sede solitaria de la edición del 2034.

Y es que EEUU comparte protagonismo con México y Canadá, dos países vecinos con los que Trump ha tenido numerosas tensiones desde su vuelta al poder. Por ejemplo, Washington impulsó aranceles sobre productos mexicanos argumentando preocupaciones relacionadas con la migración irregular, el tráfico de fentanilo y la protección de la industria estadounidense. El diálogo sigue abierto pero las alarmas también están encendidas. Igual que con Canadá: EEUU quiere que sea un estado más («el estado 51», en palabras del propio Trump), y así lo hizo saber el presidente ante la oposición frontal de Mark Carney. El primer ministro canadiense, de hecho, respondió a esos órdagos acercándose a Europa y a la OTAN.

¿Qué pasa con Irán? Es el caso más llamativo. El país asiático participa en el Mundial en plena guerra contra Estados Unidos e Israel, y eso tiene implicaciones para la selección. De hecho, la primera idea de Washington era expulsarles; Trump puso sobre la mesa la alternativa de que participara Italia en su lugar, pese a no haberse clasificado. Ahora el paso que se ha dado es que el equipo tenga que entrar y salir de territorio estadounidense los mismos días de los partidos, con el agravio comparativo de que los iraníes juegan sus tres encuentros de fase de grupos en EEUU.

En los once días que dura la primera fase para Irán, la selección se enfrentará a Nueva Zelanda y Bélgica en Los Ángeles y terminará con la tercera jornada ante Egipto en Seattle. Si se clasifica para dieciseisavos -algo probable teniendo en cuenta que además de los dos primeros de cada grupo también pasan los ocho mejores terceros- casi con total seguridad tendrá que volver a jugar en Estados Unidos. Ese ‘bloqueo’ diplomático, además, afecta también a los árbitros, pues la administración Trump ha denegado el visado al árbitro somalí Omar Abdulkadir, uno de los mejores colegiados de África.

En el torneo no estarán ni Rusia ni Ucrania. Los rusos fueron descalificados de cualquier competición a raíz de la invasión y ni siquiera pueden jugar partidos bajo el paraguas de FIFA y UEFA, por lo que no participaron en la fase de clasificación para el Mundial. Es paradigmático porque Rusia no ha faltado a ninguna cita mundialista desde la caída de la URSS y llegó a organizar el torneo de 2018 (en el que además eliminó a España en octavos de final). No está previsto, ateniendo a declaraciones de los mandamases, que la selección vuelva a corto plazo a una dinámica normal.

Ucrania tiene más matices: no se ha clasificado para el Mundial en el campo y ya se ha perdido todas las citas desde el 2006. Sí estuvo en el Mundial de Alemania ese año, cuando alcanzó su mejor lugar histórico llegando a cuartos de final bajo la batuta de su entonces estrella, Andriy Shevchenko. Aquella selección ucraniana debutó frente a España y cayó por 4-1, aunque después llegó más lejos que los de Luis Aragonés. En la actualidad, por culpa de la guerra, Ucrania no puede jugar los partidos de local en su país.

Adrián Caballero, politólogo y profesor asociado en la Universidad Autónoma de Barcelona y director de Simple Política, explica a 20minutos que el resumen está claro: «Una final de un Mundial se ve mucho más que un discurso en la ONU». Hay tres elementos clave para entender que este torneo «también es política» y sirve para proyectar poder. «Un Mundial sirve para varias cosas. Proyectar imagen exterior, tanto si eres el organizador como si eres una de las selecciones favoritas. Segundo, gestionar debates internos. A lo que me refiero es que, si tu selección va muy bien en el Mundial y todo el mundo está mirando el torneo, deja de mirar debates internos y política nacional. Y tercero, está el concepto de sportswashing: blanquear regímenes«, resume.

Hay ejemplos pasados de ese peso que tiene el fútbol y, sobre todo, un acontecimiento de este tamaño. «Mussolini utilizó el Mundial de Italia en 1934 y también el de 1938 como escaparate del fascismo italiano. Hay pruebas y documentación sobre arbitrajes muy discutidos, el control de la atmósfera del torneo e incluso sobre cómo Mussolini utilizó la victoria de Italia para demostrar la supuesta superioridad de su régimen», sostiene Caballero, que extiende la misma tesis a la dictadura argentina, en 1978.

«En España, en 2010, también puede verse así. En pleno pico de la crisis económica, con un 20% de paro, el país se unió durante un mes. Parecía que la crisis no existía porque todos estábamos apoyando a la Roja. Ahí también está este componente», recuerda el politólogo, que además ve en Qatar 2022 el ejemplo ideal del mencionado sportswashing. «Fue un Mundial que nació y murió rodeado de polémicas. Es un país muy rico, capaz de conseguir una candidatura mundialista, pero también un país que castiga la homosexualidad, discrimina a las mujeres y cuyo sistema laboral generó enormes críticas».

Una final de un Mundial se ve mucho más que un discurso en la ONU

No se libra la España actual de un análisis donde hay casi a partes iguales morbo y política, pero también poder. «Si habláramos de política española, podríamos decir que el Mundial forma parte de una combinación compuesta por la visita del Papa, el Mundial de fútbol, las vacaciones y, a la vuelta, la presentación de Presupuestos para dar algo más de recorrido a la legislatura y reducir la presión derivada de los casos judiciales. Aunque, evidentemente, los casos judiciales acabarán imponiéndose sobre todo lo demás», termina Adrián Caballero.

Hay que mirar también el pasado colonial para analizar el Mundial 2026 porque hay dos casos interesantes. Francia comparte grupo con Senegal, y de hecho es el partido de debut para ambas selecciones: campeona del mundo en 2018 contra la campeona de África… aunque se le retiró el título para dárselo a Marruecos por la retirada momentánea de los jugadores senegaleses tras un penalti en la final. Senegal fue colonia gala hasta 1960. Un ejemplo más se puede dar si se cruzan Bélgica y la República Democrática del Congo; no comparten grupo, pero los cruces son caprichosos. El estado belga controló el territorio, con duro peso histórico por abusos y esclavitud, entre 1908 y 1960.

Deporte y política van (casi) siempre de la mano y el Mundial no iba a ser una excepción. De los 22 que se han jugado, 13 los han ganado selecciones europeas. Italia y Alemania, las que más tienen (cuatro cada una, uno menos que Brasil). De los últimos 10, seis han tenido también ganador europeo (Francia en 2018, la última en levantarlo); Rusia, Qatar, y en 2034 Arabia Saudí organizaron y organizarán torneos recientes… con altas implicaciones políticas, así que lo que pasa más allá de la pelota está demostrado que también importa.

Related Articles