Cuenta atrás para el choque entre Trump y Xi por el poder global - Estados Unidos (ES)
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Cuenta atrás para el choque entre Trump y Xi por el poder global

Publicado: marzo 30, 2026, 3:00 am

El conflicto en Irán ha dejado de ser el centro del tablero antes de terminar. Mientras el ruido militar continúa sobre el terreno, el mercado energético ha empezado a señalar en otra dirección. El petróleo no ha confirmado el escenario de crisis que se daba por hecho al inicio de la guerra con previsiones por encima de los 150 dólares, y esa ausencia de tensión sostenida está desplazando el foco hacia la próxima cumbre entre Estados Unidos y China.

La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping ya tiene fecha. Será el 14 y 15 de mayo en Pekín. Y no llega como un gesto diplomático más, sino como el punto de convergencia de varias tensiones abiertas al mismo tiempo. Trump había aplazado este viaje en plena escalada en Oriente Medio. En ese momento, la prioridad era contener las implicaciones de la guerra en Irán. Ahora, con el mercado energético mostrando señales de estabilidad relativa, la Casa Blanca ha decidido retomar la agenda estratégica. Pero lo hace en condiciones muy diferentes a las previstas inicialmente.

Estados Unidos llega con margen, pero no con tranquilidad

La ausencia de un shock prolongado en el petróleo ha evitado un repunte adicional de las expectativas de inflación, aunque la rentabilidad del bono estadounidense a diez años sigue en el 4,4% y los mercados no consiguen pasar página.

Por otro lado, Estados Unidos llega a la cumbre tras el tirón de orejas de la OCDE, que advierte de que la inflación en Estados Unidos alcanzará el 4,2% en 2026, impulsada en parte por el impacto energético del conflicto. No es una cifra descontrolada, pero sí lo suficientemente alta como para limitar el margen de maniobra de la Reserva Federal y condicionar la política económica.

Lejos de adoptar un enfoque prudente, Donald Trump ha decidido elevar el tono antes de viajar a Pekín. En una intervención reciente, dejó una frase que ha sido interpretada como una declaración de intenciones: “Estados Unidos tomará el control de aquello que considere necesario”. No se limita a Irán ni al ámbito nuclear. Es un mensaje dirigido al conjunto del sistema internacional, y especialmente a China. Implica una visión en la que Estados Unidos no se concibe como un actor más, sino como el garante último del orden global.

China responde y Taiwán vuelve al centro del tablero

La reacción de Pekín ha sido rápida y calculada. El Ministerio de Comercio ha activado dos investigaciones contra Estados Unidos en respuesta directa a las medidas arancelarias de Washington. La primera se centra en restricciones a tecnología avanzada, inversión y acceso a mercado. La segunda apunta a las barreras sobre productos vinculados a la transición energética. Una forma de fijar su posición antes de empezar a negociar. Pero más allá del ruido geopolítico, el núcleo del conflicto entre Estados Unidos y China sigue siendo tecnológico.

Estados Unidos mantiene restricciones severas sobre la exportación de chips de última generación y sobre el acceso de empresas chinas a tecnologías críticas. El objetivo es frenar el desarrollo tecnológico de China en sectores clave como inteligencia artificial, computación avanzada y defensa. China, por su parte, ha acelerado su estrategia de autosuficiencia. Está invirtiendo miles de millones en desarrollar su propia industria de chips, reducir su dependencia exterior y construir un ecosistema tecnológico independiente.

Y si hay un elemento que puede convertir esta rivalidad en una crisis mayor, ese es Taiwán. La isla no solo tiene un valor geopolítico evidente, sino que es el corazón de la industria mundial de semiconductores avanzados. Controlar o influir sobre Taiwán implica tener una ventaja decisiva en el ámbito tecnológico. Estados Unidos mantiene su apoyo a la isla, tanto en términos políticos como militares. China, por su parte, considera Taiwán una parte irrenunciable de su territorio.

La percepción mutua es abiertamente conflictiva. Mientras el expresidente Joe Biden llegó a afirmar que China busca dominar primero el Indo-Pacífico y después el mundo, desde Pekín se sostiene que Occidente intenta contener su crecimiento. La cumbre de mayo servirá para medir hasta qué punto ambas partes están dispuestas a negociar o a seguir tensando la cuerda.

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