Publicado: junio 18, 2026, 6:23 pm
En el Mundial de la Obesidad, el ambiente donde uno se crÃa gana por goleada a la herencia recibida. Asà lo muestra un ambicioso estudio internacional liderado por el University College de Londres (UCL) y publicado este jueves en la revista ‘ PLOS Genetics ‘, que acaba de revelar que la epidemia de obesidad no se debe a que nuestro material genético haya cambiado, sino a que el entorno moderno actúa como un gigantesco amplificador de nuestros peores boletos genéticos. Los datos que animaron a los investigadores británicos a interesarse por el tema apuntaban a que, si bien la obesidad se habÃa multiplicado en el último medio siglo, este crecimiento del Ãndice de masa corporal (IMC) no se repartÃa equitativamente entre todos los estratos socioeconómicos, y tampoco aquellos casos de obesidad extrema . La investigación ha analizado los datos de 19.379 ciudadanos británicos pertenecientes a cuatro generaciones muy distintas: las cohortes de nacidos en 1946, 1958, 1970 y el año 2001. Al cruzar sus IMC a lo largo de su vida con sus Ãndices poligénicos , métrica que condensa el riesgo genético acumulado para una enfermedad, los cientÃficos han hallado un patrón inequÃvoco: a igual riesgo genético, los nacidos en la llamada Generación Z pesan hoy mucho más que lo que pesaban sus homólogos ‘baby boomers’ nacidos a mediados del siglo pasado. El ambiente obesogénico ha provocado que la relación entre los genes y la báscula se haya reforzado de forma drástica. El ejemplo más claro se observa en plena adolescencia. A los 16 años, un aumento de una desviación estándar en la puntuación de riesgo genético se traducÃa en apenas 0,46 puntos más de IMC para los chicos nacidos en la posguerra de 1946. En la generación nacida en 2001, ese mismo incremento genético supuso un impacto de 0,90 puntos de IMC . Es decir, con los mismos genes, la ganancia de peso prácticamente se ha duplicado en la generación de los teléfonos inteligentes y la comida rápida. El hallazgo refuta la idea de que el repunte global del sobrepeso responda a una mutación biológica repentina , un proceso evolutivo que requerirÃa miles de años. Lo que ha cambiado a una velocidad de vértigo es el tablero de juego: la proliferación de comida ultraprocesada barata, un diseño urbano hiperconectado y la erradicación del esfuerzo fÃsico en el trabajo y el ocio. El doctor Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad del Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), se muestra rotundo al valorar este hallazgo: «La idea general la conocÃamos, pero tener estudiadas genéticamente a cuatro generaciones que revelen que el entorno actual potencia la expresión de estos genes que regulan el hambre y la saciedad es muy importante», indica al Science Media Center (SMC) España. Para el experto, el estudio deja una lectura social profunda: «Un posible titular serÃa que el código postal hace que el código genético se exprese con mucha más fuerza. Hoy sabemos que el entorno está ganando al código genético». Esta realidad se vuelve especialmente cruda cuando se analiza la parte alta de la pirámide del peso. La investigación revela que el impacto ambiental no ha sido uniforme, sino marcadamente asimétrico . Mientras que los niveles de infrapeso apenas han variado en cinco décadas, las tasas de obesidad extrema han crecido a un ritmo muy superior a la media de la población. Las personas con mayor predisposición genética son, precisamente, las que más han sufrido el azote del entorno moderno, ensanchando la brecha de la desigualdad en salud. A nivel metodológico, el estudio destaca por haber rastreado a los individuos desde la infancia hasta la vejez profunda. El equipo de investigadores subraya una conclusión tan cientÃfica como social: «La epidemia de obesidad ha aumentado el IMC independientemente del genotipo , pero los más predispuestos genéticamente a un IMC alto han sido los más afectados», indica el epidemiólogo Liam Wright del UCL, uno de los autores principales del trabajo. No obstante, la investigación también plantea algunas incógnitas lógicas en un estudio observacional de esta envergadura. El investigador gallego José M. Ordovás, director de Nutrición y Genómica en la Universidad Tufts de Boston (EE.UU.), señala que «el aumento de la obesidad no se explica por cambios genéticos recientes , sino por cambios ambientales que afectan más a quienes tienen mayor susceptibilidad genética», indica al SMC. Sin embargo, apunta también una limitación: «El trabajo no identifica qué componentes concretos del ambiente son los responsables del aumento y de esa interacción con los genes». PodrÃa haber factores tan relevantes como la proximidad a locales de comida rápida, los hábitos sedentarios frente a la pantalla o factores del entorno familiar. O todos ellos en siniestra combinación. Pese a que el estudio está centrado únicamente en datos de Reino Unido, sus hallazgos son aplicables a cualquier otro paÃs industrializado. Aunque en España no tenemos datos longitudinales que vayan tan atrás, la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE) lleva recopilándolos desde 1987 y muestra una situación muy parecida: hace 39 años, la obesidad (entendida como IMC superior a 30) tenÃa una prevalencia del 7,3%, cifra que alcanzó el 17,3% en la última encuesta disponible, de 2023. Del mismo modo, los españoles adultos que a finales de los 80 registraban algo de sobrepeso estaban en un 33%, mientras que hoy están en un 39%. Al igual que muestra el estudio de ‘PLOS Genetics’, la obesidad en España ha crecido a un nivel mucho más alto que el sobrepeso, sugiriendo causas que van más allá de la genética. Por ello, lejos de invitarnos a tirar la toalla bajo la excusa del determinismo biológico, los expertos coinciden en que estos resultados demuestran que el destino genético es modificable. Si un entorno nocivo puede duplicar el impacto de los genes, un entorno saludable y regulado podrÃa neutralizarlo. «Esto pone sobre la mesa un problema de salud pública y la obligación de legislar para proteger a esta población », concluye el doctor Morales. «Hoy sabemos que la carga genética influye, pero este estudio nos obliga a actuar y a afrontar una verdad incómoda».
