Belén Colomina, psicóloga experta en meditación: "El cerebro es como un Ferrari, y el Ferrari hay que conducirlo" - Estados Unidos (ES)
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Belén Colomina, psicóloga experta en meditación: «El cerebro es como un Ferrari, y el Ferrari hay que conducirlo»

Publicado: mayo 22, 2026, 4:23 am

¿La vida pasa muy rápido o es que el ser humano está atento a tantos estímulos que la sensación es aún mayor? Como explica la psicóloga y especialista en mindfulness Belén Colomina, «estamos en la era de la hiperestimulación, de la hiperproductividad y del estrés«, viviendo constantemente «hacia afuera». Poco a poco, la calidad y la cualidad de nuestra atención se han ido deteriorando, atrapadas entre pantallas, tareas y preocupaciones constantes.

Y en este contexto, la meditación surge como una necesidad más que como un lujo. «La meditación nos permite parar un segundo, mirar hacia adentro y restablecer esta calma en el momento presente», afirma Colomina. Y añade una idea fundamental: «Donde está tu atención es donde está tu vida. Todo aquello a lo que no prestas atención acaba desapareciendo de la experiencia cotidiana». Cuando vivimos cansados, preocupados o saturados, nuestra mente tiende automáticamente hacia lo negativo. Por eso, según explica, es esencial «pararse y redirigir la mente al momento presente«.

Para entender mejor el funcionamiento mental, Belén Colomina utiliza una metáfora muy gráfica: «El cerebro es como un Ferrari, y los Ferrari hay que conducirlos». La mente produce pensamientos, recuerdos, emociones y hábitos constantemente, pero necesitamos aprender a dirigirla conscientemente. «El Ferrari necesita un piloto», explica. Esa es precisamente una de las grandes enseñanzas de la meditación: «Aprender a decidir hacia dónde queremos dirigir nuestra atención y, en consecuencia, nuestra vida».

Se puede meditar en pocos minutos

A menudo pensamos que meditar requiere mucho tiempo o que es una práctica reservada para personas con estilos de vida muy concretos. Sin embargo, Colomina desmonta esa idea cuando afirma: «La meditación también es para los que tenemos poco tiempo». Existen diferentes formas de incorporarla al día a día. Por un lado, está la práctica formal, en la que dedicamos unos minutos exclusivamente a entrenar la mente. «Te sientas y entrenas tu mente. Puede tratarse de trabajar la calma mental, cultivar estados emocionales más resilientes y positivos o incluso observar nuestros patrones de pensamiento».

Pero la meditación no termina cuando acaba una sesión. También existe la práctica informal, aquella que se integra en las actividades cotidianas. «La cuestión es con qué cualidad de conciencia quiero vivir cada una de las actividades«, señala. Caminar, comer, trabajar o incluso desplazarnos pueden convertirse en momentos de atención plena si aprendemos a habitarlos con presencia.

«No tienes que perderte de aquí, sino volverte a encontrar. Y ese reencuentro sucede cuando volvemos al cuerpo y a los sentidos. Disfrutar de la temperatura, notar cómo respiramos, sentir el contacto de nuestros pies al caminar o simplemente observar cómo estamos en este momento. Son pequeños gestos que nos devuelven al presente», explica la psicóloga.

El problema es que el exceso de actividad mental termina generando desconexión emocional. «Llega un momento en que no sé cómo estoy», explica Colomina. Y si no sabemos cómo estamos, tampoco sabemos qué necesitamos. «El estrés sostenido nos instala en un modo automático donde dejamos de escucharnos, acumulando cansancio, tensión y agotamiento mental», dice, y por eso insiste en la importancia de «romper el automático y regresar a uno mismo«. Una de las herramientas más eficaces para conseguirlo es la respiración consciente. «La respiración corta muy rápido el flujo mental», asegura. Respirar profundamente, llevando el aire hacia el abdomen, ayuda a que la atención baje desde la mente hacia el cuerpo.

Belén Colomina lo resume con una frase sencilla pero poderosa: «Abandona tu mente y vuelve a tus sentidos. Porque es precisamente ahí, en el cuerpo y en la experiencia presente, donde encontramos la información que necesitamos para regularnos y cuidarnos«. Prácticas como el body scan o escaneo corporal ayudan justamente a eso: observar cómo estamos en este instante. Detectar tensiones, reconocer el cansancio o identificar aquello que el cuerpo está intentando comunicarnos. «¿Cómo estoy y qué necesito?» sería la pregunta de fondo.

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