Publicado: octubre 16, 2026, 3:00 am
El 16 de octubre de 2026 con las bolsas europeas ya cerradas, el mercado conocía el resultado de la OPA de BBVA sobre Banco Sabadell. La operación se daba por fallida al contar con tan solo un 25% de aceptación. Habían pasado diecisiete meses desde que el grupo vasco lanzase una oferta hostil para hacerse con la entidad catalana, pero tras las condiciones de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), a las que se sumaron las impuestas por el Gobierno y la cruzada de reproches entre ambos bancos, que convirtieron la transacción en una cuestión de Estado, los accionistas de la entidad con sede en Barcelona apostaron por seguir su camino en solitario. Josep Oliu había ganado la partida a Carlos Torres.
Lo que para algunos fue una noche de celebración que se alargó hasta el día siguiente en el centro operativo de Sant Cugat del Vallès, que en la práctica hace de cuartel general para el vallesano, en el edificio de La Vela de Madrid, el equipo de BBVA hacía autoanálisis y pasaba página. La expectativa de que podría haber una segunda OPA con precio mejorado si la aceptación se situaba entre el 30 y el 50% fue uno de los factores determinantes que jugaron en su contra. Al margen del regreso de la sede del Sabadell a Cataluña y de la injerencia política, una de las lecciones extraídas por parte de ambos bancos es que deben prepararse para el nuevo escenario bancario que se avecina en Europa, a pesar de que las OPAS hostiles nunca hayan sido bien recibidas en el sector bancario.
Doce meses después, el camino tomado por estas dos entidades es muy diferente. BBVA acumula una revalorización de casi el 40% desde entonces, hasta los 23 euros por acción. Su cotización empezó a despegar desde que trascendió el resultado y pocos días después alcanzó los 100.000 millones de valoración por primera vez en su historia, algo que hasta ahora quedaba reservado para otros pesos pesados del Ibex 35 como Banco Santander, Inditex o Iberdrola. Al cierre de este jueves rozaba los 126.700 millones. «El banco ha comenzado a recoger la evolución operativa de su negocio con crecimientos a doble dígito gracias al impulso de México, Turquía y España», explica la analista de Banca de Renta 4, Nuria Álvarez.
En contraste, Banco Sabadell se ha estancado y apenas suma 700 millones de valoración en el periodo comparado, hasta los 16.913 millones. Esto se traduce en que el precio de la acción se ha movido de los 3,22 a los 3,54 euros. Los analistas coinciden en que se veía influenciado por la prima y la previsión de que el ‘opador’ tiraría de chequera en última instancia. Pero también hay que tener en cuenta que ya descuenta el reparto de los 50 céntimos por título (2.500 millones) de la venta de su filial británica, TSB, a Banco Santander por 3.400 millones de euros. «BBVA ya ha demostrado que su modelo de negocio funciona, mientras el Sabadell tiene que demostrar que no se ha equivocado con la venta de su negocio en Reino Unido», específica Álvarez.
En este contexto, los analistas achacan parte de esta revalorización al hecho de que BBVA ha dado salida al exceso de capital que iba a destinar a la misma con recompras de acciones. Esta misma semana ha iniciado el segundo tramo de 1.000 millones del programa anunciado el pasado verano una vez que ha completado el primer bloque por el mismo importe. En total, ya ha comprometido casi 6.000 millones extraordinarios a este fin a lo largo de los últimos cuatro trimestres. Entre las casas de análisis predomina el sentimiento de que Torres se quedó corto en dinero. Con la mejora in extremis del canje de acciones que pusieron encima de la mesa, la oferta contemplaba un intercambio de 1 acción nueva de BBVA por cada 4,8376 acciones.
Un escudo de clientes que a su vez eran accionistas del Sabadell y que controlaban en aquel momento el 30% del banco ejercieron la tarea de hacer de núcleo duro y oponerse a la creación de un gigante bancario europeo. Un papel que ahora comparten con el francés BPCE, que ha irrumpido en el capital con un 7% de participación, blindaje que ha sido bien recibido en el mercado por el abanico de posibilidades de negocio que abre para la entidad, cuyo perímetro geográfico ha quedado reducido a España. La vista está puesta en Portugal, en el que este gigante cooperativo compró Novo Banco. Marc Armengol, que asumió las riendas la pasada primavera en sustitución de César González-Bueno afronta la tarea de ofrecer una orientación «clara» de sus planes para recuperar el hueco que deja la aportación de TSB en la cuenta de resultados.
En el tintero queda si finalmente se revisará el real decreto sobre ofertas públicas de adquisición, conocido como Ley de OPAS. Carlos San Basilio, presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), planteó hace unos meses la necesidad de reformular algunos aspectos que han dado lugar a diferentes interpretaciones, especialmente, en lo concerniente al precio. El adelanto electoral apunta a que la decisión tendrá que esperar.
