Publicado: agosto 29, 2026, 12:25 pm
El ayuno intermitente se ha consolidado en los últimos años como una de las estrategias nutricionales más populares para mejorar la salud metabólica y favorecer el control del peso. Sin embargo, no todas las personas obtienen los mismos beneficios ni es una práctica recomendable en cualquier circunstancia. Curiosamente, el verano puede convertirse en un buen momento para iniciarse, ya que las altas temperaturas modifican de forma natural el apetito y los hábitos alimentarios.
Una de las razones es que las altas temperaturas modifican de forma natural nuestro apetito. Cuando hace calor solemos optar por comidas más ligeras, retrasar el desayuno o incluso comer menos cantidad. Según explica Júlia Farré, dietista-nutricionista del Centro Júlia Farré, este contexto puede hacer que el ayuno resulte menos exigente. «En verano solemos levantarnos más tarde, desayunar menos y comer alimentos más ligeros, lo que facilita que el cuerpo tolere mejor las horas sin comer. Además, al haber menos apetito por el calor, iniciar un protocolo de ayuno puede ser más sencillo y menos percibido como una ‘restricción'».
Sustituir lÃquidos por comida
Este cambio no responde únicamente a una cuestión de hábitos. El organismo también se adapta fisiológicamente a las altas temperaturas. «El cuerpo intenta mantener su temperatura estable, lo que implica reducir funciones metabólicas que generan calor, como la digestión», señala la especialista. Por ese motivo, es habitual que durante los meses estivales disminuyan las ganas de consumir platos copiosos o muy calientes. A ello se suma otro factor importante: «El cuerpo prioriza la hidratación y muchas personas sustituyen comidas por lÃquidos, lo que también puede reducir la sensación de hambre. No es solo una cuestión de ‘menos hambre’ sino de adaptación fisiológica al entorno», añade Farré.
Sin embargo, que el calor favorezca una menor sensación de apetito no significa que el verano sea siempre la época ideal para instaurar una pauta estricta. Las vacaciones, los viajes, las comidas con amigos o los cambios de horarios pueden dificultar el cumplimiento de una rutina fija. Por eso, la especialista recomienda no obsesionarse con el reloj y adaptar el protocolo a las circunstancias de cada persona. «Mi recomendación serÃa aprovechar el contexto favorable -menos hambre, más luz, más movimiento- pero manteniendo flexibilidad y escuchando al cuerpo».
Un protocolo con posibles beneficios para la salud
Entre las distintas modalidades de ayuno intermitente, la más estudiada es el protocolo 16:8, que consiste en concentrar todas las comidas del dÃa en una ventana de ocho horas y permanecer dieciséis horas sin ingerir alimentos con aporte calórico. También existen alternativas más suaves, como el ayuno 12:12, que puede resultar más fácil para quienes empiezan. Según Gonzalo Ruiz, experto en longevidad, el interés de esta estrategia va más allá del control del peso: el objetivo es prolongar el tiempo en el que el organismo permanece con niveles bajos de glucosa e insulina, favoreciendo procesos relacionados con la reparación celular.
«En mi caso y desde una perspectiva de longevidad, entreno a primera hora de la mañana en ayunas. Este enfoque tiene efectos compuestos que van más allá del entrenamiento en sÃ, ya que amplÃo la ventana de ayuno y potencio los valles bajos de insulina», explica. Además, añade que determinadas bebidas no rompen ese estado metabólico. «Si el ayuno lo acompañamos únicamente de café negro, por tanto sin calorÃas, actuarÃamos también sobre vÃas de reparación celular como AMPK y autofagia».
No es una estrategia adecuada para todo el mundo
Pese a su creciente popularidad, el ayuno intermitente no debe entenderse como una recomendación universal. Su utilidad depende del estado de salud, el estilo de vida y las necesidades de cada persona. «No lo recomendarÃa en personas en edad de crecimiento, que tengan una mala relación con la comida o con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, embarazadas, personas con migrañas, o deportistas», advierte Júlia Farré.
Los especialistas coinciden en que el ayuno puede ser una herramienta interesante en determinados casos, pero nunca deberÃa sustituir una alimentación equilibrada ni convertirse en una obligación. Antes de iniciarlo conviene valorar si realmente encaja con el estilo de vida de cada persona y, en caso de dudas o patologÃas previas, consultar con un profesional sanitario.
