Publicado: abril 7, 2026, 1:00 pm
De la pesadilla en Miami, aquel preocupante «me voy a casa, no puedo más» que soltó a su banquillo ante Sebastian Korda , Carlos Alcaraz ha pasado a la sonrisa, amplia y franca, que regaló en su estreno en el Masters 1.000 de Montecarlo. El murciano firmó un triunfo cómodo y por la vÃa rápida ante Sebastián Báez (número 57 del mundo), citándose en octavos con el vencedor del duelo entre el también argentino Tomás MartÃn Etcheverry y el francés Térence Atmane. Efectivamente, el pupilo de Samu López regresó a casa tras fallar por segundo año consecutivo en Florida. Allà restañó las heridas en su club de tenis de siempre, donde entrenó con MartÃn Landaluce para preparar la gira de arcilla. En el Principado, donde defiende corona, inició el curso pasado una racha imbatible (33 victorias en 34 partidos) que le llevó a reinar en Roma, Roland Garros y Queens, antes de ceder ante Jannik Sinner en la final de Wimbledon. Esta vez, el murciano cuenta con el aliciente de defender el número uno frente a su gran rival italiano. Sinner llega lanzado tras completar el ‘Sunshine Double’ (Indian Wells y Miami) y en su debut sobre tierra doblegó con autoridad al francés Ugo Humbert (6-3, 6-0). Las sensaciones de este primer contacto con la superficie naranja no pudieron ser mejores. Alcaraz solventó la primera manga en apenas 27 minutos, tras arrancar con dos ‘breaks’ consecutivos en los que pesaron más los errores de Báez que los aciertos propios. Era el cuarto duelo entre ambos, y en todos los anteriores ganó con relativa facilidad Alcaraz. Sin embargo, era la primera vez que coincidÃan en tierra, superficie en la que es especialista Báez (seis de sus siete tÃtulos los ha conseguido ahÃ), y se esperaba bastante más del argentino, que llegó a ser el 18 del mundo hace un par de temporadas. Alcaraz, por su parte, no concedió tregua. Exhibió trallazos de derecha a la lÃnea, sus habituales dejadas y una enorme solidez en los intercambios. Estuvo efectivo con el saque, sobre todo en ese primer set, y de hecho no permitió ni una sola oportunidad de rotura hasta el séptimo juego de la segunda manga, el único instante en el que su rival amagó con plantar cara. «Cuanto más ritmo, mejor para ti», le aleccionó desde el banquillo Samu López en ese momento. Y fue mano de santo. No hubo desconexión y Alcaraz recuperó el quiebre de inmediato. Después no falló con el servicio, cerrando su estreno en poco más de una hora.
