Publicado: diciembre 28, 2025, 6:37 am
A la hora de hablar de nepo-babies, el caso de Lily Collins es curioso. Básicamente porque, al mirar su apellido, queda patente que ha tenido bastantes privilegios, dado que la protagonista de Emily in Paris, que acaba de estrenar su quinta temporada —en la que, a pesar del nombre de la serie, se ha mudado a Roma y ha dejado atrás Francia—, es hija de Phil Collins. Sin embargo, cuando se recuerda quién es su madre, Jill Tavelman, lo normal es poner una mueca de desconocimiento. Y es natural, dado que se trata de alguien muy desconocido para el gran público, dado que nunca fue alguien famoso.
Quizá de ahí le viene a la intérprete de 36 años esa necesidad de abrirse paso más por su talento que por ser «la hija de». De hecho, prefirió actuar a cantar, a pesar de que es algo que le fascina y que se le da bien, para no ser encasillada en esa etiqueta. Y quien la acompañaba a los castings no era su padre, sino Tavelman, cuya historia de amor con el batería y vocalista del grupo Genesis comenzó siendo la típica historia de una groupie que conoce al músico de sus sueños.
Pero Phil Collins ya traía un bagaje personal amplio, dado que había estado casado, como recuerdan desde Vanity Fair, con la canadiense Andrea Bertorelli, a quien conoció en una clase de teatro en Londres. Con ella, además de adoptar a su hija de una relación anterior, Joely Collins, que a la postre también se dedicaría a la interpretación, tuvo un hijo, Simon Collins. Fue en esas circunstancias, y poco después de que se separasen, en 1980, cuando Phil y Jill coincidieron por primera vez y se enamoraron.
Aquel encuentro tuvo lugar durante un concierto de Genesis en un local de Hollywood, el Rainbow Bar, y la conexión fue tal que al poco tiempo comenzaron a salir y en 1984 pasaron por el altar. En un principio, además, Jill no solo abandonó su antiguo trabajo de maestra en un colegio, sino también su ciudad natal, Los Ángeles, para mudarse a Reino Unido, la tierra de su nuevo esposo, con quien tendría a su única hija en marzo de 1989. Eso sí, una década después de darse el «Sí, quiero», en 1994, apenas recién cumplidos los 5 años de Lily, el matrimonio se disolvió.
A partir de aquí se entra en el terreno de las especulaciones, pero siempre se ha dicho que la razón primordial de la ruptura fue una infidelidad de Phil Collins, un affaire con Lavinia Lang, una mujer con la que además ya había estad comprometido antes de conocer a Jill Tavelman. Por si fuera poco, comenzó a correr el rumor de que Collins había roto con su esposa desde hacía una década de la forma más ruin posible: enviándole un fax. Sin embargo, él se apresuró ya por aquel entonces a negar las habladurías y ser tajante con respecto a los motivos de su divorcio: «Ya no estoy enamorado de mi pareja».
Mientras que Phil Collins se volvía a casar —en 1999, con la suiza Orianne Cevey, con quien sería padre otras dos veces más, gracias a los nacimientos de Nicholas y Matthew, y de quien se divorciaría en 2006 tras la compra de una espectacular mansión en el lago Ginebra—, Jill Tavelman se dedicaría acompañar a su hija a las distintas pruebas en sus comienzos como actriz. Finalmente, podría cumplir su gran sueño, como puntualizan desde el citado medio, en 2014, año en el que consigue abrir su propia tienda de antigüedades.
Jill, que había estado dedicándose desde su divorcio a la beneficiencia, bautizó su establecimiento como Waverly on Doheny y lo levantó en West Hollywood, en una zona privilegiada de la ciudad que la había visto nacer. «Es tan sencillo como que nunca he entendido la idea de tirar las cosas, porque yo siempre he agasajado a las personas que quiero con regalos que tienen un gran valor sentimental o que les llegan al corazón», declaró la ya empresaria para The Hollywood Reporter.
A pesar de su apellido, Lily Collins es mucho más cercana a su madre que a su padre, y en las redes sociales de ambas han posado juntas en más de una ocasión, siempre mostrándose un inmenso amor y dedicándose hermosas palabras. De hecho, una de las últimas veces que la actriz mencionó a su madre fue para hablar de ella ya como abuela, dado que la intérprete tuvo, junto a su esposo, el también actor Charlie McDowell, a su primera hija, Tove Jane, hace casi un año, en enero de este 2025, a través de una madre de alquiler.
Por último, hay que decir que, en sus memorias, tituladas Unfiltered: No Shame, No Regrets, Just Me, Lily Collins perdonó a su padre por sus continuas ausencias y por «no haber estado ahí» cuando lo necesitó.
«Como mi padre se ausentaba con frecuencia, nunca quise hacer nada que lo alejara todavía más. Me volví excesivamente cuidadosa con lo que decía y con cómo lo decía, por miedo a que se pensara que estaba enfadada o que no lo quería. Pero sí que estaba enfadada. Le echaba de menos y lo quería a mi lado», escribió, añadiendo después: «Te perdono por no ser el padre que esperaba y por los errores que cometiste. Todavía nos queda mucho tiempo para avanzar. Y quiero hacerlo. Te invito a venir conmigo. Siempre voy a ser tu pequeña».
