Publicado: octubre 15, 2026, 1:24 am
“Dado el ritmo acelerado de desarrollo de la IA, me preocupa que en 6 a 12 meses un enjambre [de agentes] pueda controlar toda internet con una botnet persistente”. Con estas palabras, Dario Amodei, CEO de Anthropic, contribuyó a abrir hace aproximadamente un mes un intenso debate mediático sobre los riesgos de la inteligencia artificial que, lejos de apagarse, sigue sumando nuevas alarmas entre los investigadores, los expertos de la industria tecnológica y la propia opinión pública.
Entonces, el responsable de la compañía de Silicon Valley se refería a un incidente ocurrido el pasado verano, cuando varios modelos de IA de OpenAI consiguieron saltarse las restricciones de seguridad durante unas pruebas internas y llegaron a comprometer los sistemas de otra empresa, Hugging Face. Desde que se conoció aquel episodio, otras grandes tecnológicas, entre ellas Google, Meta y la propia Anthropic, han reconocido situaciones en las que sus agentes de inteligencia artificial han actuado fuera de los límites establecidos por sus responsables humanos.
En este contexto, un mundo distópico donde las máquinas toman el control de la humanidad ha dejado de parecer un escenario exclusivamente reservado a la ciencia ficción. Y la compañía de Amodei ha vuelto a contribuir a esa idea esta semana: Anthropic ha publicado una investigación en la que advierte de que los modelos de IA más pequeños están avanzando a tal velocidad que, de mantener este ritmo, antes de terminar el año podrían ser capaces de autorreplicarse sin necesidad de acceder a un centro de datos, utilizando para ello dispositivos comerciales del Internet de las Cosas (IoT), “como hornos inteligentes y reproductores multimedia Android genéricos”.
El informe ha sido desarrollado por el Frontier Red Team de Anthropic, el equipo especializado de investigadores dedicado a someter a pruebas de estrés los modelos de inteligencia artificial más avanzados de la compañía.
De un centro de datos a los electrodomésticos de casa
Para entender lo que plantea Anthropic, primero hay que tener en cuenta que los modelos de inteligencia artificial necesitan una determinada capacidad de procesamiento para funcionar. Los sistemas más avanzados dependen habitualmente de grandes centros de datos, con miles de procesadores especializados que realizan los cálculos necesarios para responder a las peticiones de los usuarios.
Sin embargo, los investigadores de Anthropic han querido comprobar qué ocurriría si una IA pudiera prescindir de esa infraestructura y utilizar, en su lugar, la potencia de procesamiento de distintos aparatos conectados a internet. No hablamos de ordenadores especialmente potentes, sino de dispositivos mucho más modestos, como televisores inteligentes, cámaras de seguridad, aspiradores robot o incluso electrodomésticos.
Para ponerlo a prueba, los investigadores consiguieron ejecutar un modelo de IA de 26.000 millones de parámetros utilizando 15 pequeños reproductores multimedia Android, de unos 55 dólares cada uno. Ninguno de estos dispositivos tenía capacidad suficiente para ejecutar el modelo completo por separado, pero el sistema podía funcionar repartiendo sus distintas partes entre todos ellos.
Es decir, en lugar de necesitar un único ordenador con suficiente potencia, el modelo distribuía sus cálculos entre varias máquinas conectadas entre sí, de manera que cada una asumía una pequeña parte del trabajo. El resultado fue un sistema funcional, aunque muy lento: apenas conseguía generar 0,39 tokens por segundo, una velocidad muy inferior a la de los asistentes de IA que utilizamos habitualmente.
Pero la velocidad no era lo que más interesaba a los investigadores: lo importante era demostrar que un modelo relativamente complejo podía funcionar sobre una infraestructura formada por aparatos domésticos baratos, sin depender de las potentes GPU que encontramos en los centros de datos.
Una inteligencia artificial que aprende a copiarse
Pero Anthropic quería ir un paso más allá y comprobar si una inteligencia artificial podía copiarse por sí sola de un dispositivo a otro, sin que una persona tuviera que intervenir. Es decir, que pudiera encontrar otro aparato conectado, instalarse en él y seguir funcionando. En informática no es una idea nueva. Los gusanos informáticos llevan décadas propagándose de un ordenador a otro aprovechando vulnerabilidades de seguridad. La diferencia es que, mientras los programas maliciosos tradicionales suelen seguir instrucciones previamente diseñadas por sus creadores, una IA podría analizar las características de los dispositivos que encuentra y adaptar sus acciones para conseguir ejecutarse en ellos.
Anthropic dividió este proceso en varias tareas: identificar otros equipos conectados, obtener acceso a ellos, transferir el software necesario y conseguir que el modelo vuelva a funcionar desde la nueva máquina. Los resultados muestran que algunos modelos pequeños ya son capaces de completar muchas de estas tareas individualmente, pero todavía cometen demasiados errores cuando deben encadenarlas de principio a fin.
Sin embargo, uno de los modelos más potentes que participaron en el experimento, llamado GLM-5.2, sí consiguió extender otro modelo de IA más pequeño a varios dispositivos conectados entre sí. Lo logró en una red de pruebas preparada por los investigadores, que habían eliminado algunas barreras de seguridad para facilitar el experimento.
Esto no significa que una IA pueda hoy empezar a propagarse por los televisores, hornos inteligentes o cámaras de seguridad de nuestras casas. Lo que advierte Anthropic es que, si los modelos siguen mejorando al ritmo actual, podrían llegar a hacerlo antes de que termine 2026.
