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Las malas noticias hunden a Wall Street, pero los números desafían al pesimismo

Publicado: noviembre 7, 2026, 3:00 am

Desde 1950, Wall Street ha subido durante los doce meses posteriores a todas las elecciones de medio mandato celebradas en Estados Unidos. Son 19 elecciones y 19 periodos de ganancias, con una rentabilidad media cercana al 15%, según JP Morgan. Y no hace falta esperar un año para encontrar resultados favorables. Citadel Securities calcula que el S&P 500 también ha terminado en positivo seis meses después de todas esas citas electorales. Sin embargo, la última ha desencadenado uno de los mayores desplomes de Wall Street de los últimos años.

La contundente victoria demócrata ha despertado el temor a que las restricciones para construir nuevos centros de datos frenen las inversiones en inteligencia artificial (IA). Solo el jueves pasado se evaporaron alrededor de 2,8 billones de dólares de valor bursátil en Wall Street. El Nasdaq 100 perdió un 6,4% y los fabricantes de semiconductores se desplomaron un 12,3%, su peor sesión desde marzo de 2020. ¿Puede una caída de semejante magnitud anticipar precisamente una recuperación?

Christian Gattiker, director de Research de Julius Baer, encuentra similitudes con los episodios de capitulación que suelen aparecer cerca de los grandes mínimos bursátiles. El VIX, conocido como el índice del miedo, se disparó alrededor de un 70% hasta superar los 28 puntos y numerosos gestores se vieron obligados a liquidar posiciones acumuladas durante la euforia tecnológica y, según los cálculos de Nomura, los fondos cotizados apalancados afrontaban ventas estimadas en unos 47.000 millones de dólares durante aquella jornada.

Muchas de esas ventas no respondían necesariamente a un empeoramiento de los negocios. Los gestores que habían asumido demasiado riesgo necesitaban reducir sus posiciones, incluso a precios cada vez más bajos. Y cuanto más caían las acciones, más urgencia tenían algunos por vender. Julius Baer considera que ese proceso podría estar acercándose a sus últimas fases, aunque no descarta nuevas caídas antes de que aparezca un suelo.

Lo llamativo es que semejante desplome coincide con una temporada de resultados empresariales que está siendo mucho mejor de lo esperado. Hasta comienzos de noviembre, el 83% de las 304 compañías del S&P 500 que habían presentado sus cuentas había superado las previsiones de beneficios, según Citadel. Una de las diez mejores temporadas desde 2005. Pero los inversores, lejos de celebrar las cifras, estaban castigando las acciones como pocas veces durante las últimas dos décadas.

El miedo de los inversores no coincide con los beneficios empresariales

Las compañías perdían una media ponderada del 1,2% en Bolsa durante las jornadas de presentación de resultados, la segunda peor reacción de las 87 temporadas analizadas. En tecnología, más del 90% superó las expectativas, pero apenas el 35% consiguió subir después de anunciar sus cuentas. Las empresas ganaban más de lo previsto y sus accionistas perdían dinero.

Ese castigo ha dejado otra anomalía. Desde junio, las previsiones de beneficios del Nasdaq 100 habían aumentado un 14%, mientras su valoración se reducía un 19%. A comienzos de noviembre cotizaba a 19,1 veces las ganancias esperadas, su nivel más bajo desde octubre de 2022. En los semiconductores, las estimaciones de beneficios crecieron un 30%, pero los inversores estaban dispuestos a pagar un 35% menos por cada dólar de ganancias previstas.

¿Se ha pasado Wall Street de frenada? Los temores no carecen de fundamento. La construcción de centros de datos exige inversiones gigantescas, cada vez más financiación y enormes cantidades de electricidad. Además, las restricciones defendidas por algunos candidatos demócratas amenazan con retrasar proyectos y pedidos de chips. Aunque Julius Baer considera exagerada la posibilidad de una paralización generalizada, los inversores quieren comprobar cuándo empezará a rentabilizarse todo ese gasto.

La inquietud tampoco está golpeando a todas las empresas por igual. Durante las veinte sesiones anteriores al 2 de noviembre, el Nasdaq 100 perdió cerca del 10%, pero el S&P 500 equiponderado, que concede el mismo peso a todas sus compañías, avanzó más del 4%. Casi catorce puntos de diferencia entre dos índices que comparten buena parte de sus integrantes. Una divergencia de semejante magnitud solo se había producido en contadas ocasiones desde 1990.

Nuevos motores para Wall Street

El 29 de octubre, por ejemplo, subieron 406 de las 503 compañías del S&P 500 y, aun así, el fondo cotizado que replica el índice terminó perdiendo terreno. Las grandes tecnológicas estaban cayendo con tanta fuerza que conseguían ocultar las ganancias de cientos de empresas. Mientras tanto, parte del dinero se desplazaba hacia consumo, salud, servicios públicos y energía.

Esa diferencia también afecta a numerosas carteras españolas. Las diez mayores compañías representan alrededor del 37% del S&P 500. Por cada cien euros invertidos en un fondo que replica el índice, aproximadamente 37 dependen de esas diez empresas. Tener quinientas compañías en cartera no impide, por tanto, que las pérdidas de unas pocas arrastren buena parte de la rentabilidad.

Pero esa concentración también puede jugar a favor si regresan los compradores. Citadel estima que el 9 de noviembre alrededor del 85% del peso del S&P 500 habrá salido de los periodos en los que las empresas tienen restringidas las recompras de acciones por la publicación de resultados. Y las compañías estadounidenses habían anunciado ya programas de recompra por valor de 1,5 billones de dólares durante el año, aunque no todos tienen por qué ejecutarse.

El regreso de esa demanda coincidiría, además, con un periodo históricamente favorable para la Bolsa. Aunque las elecciones de medio mandato han precedido a ganancias durante los doce meses siguientes desde 1950, el camino no siempre ha sido tranquilo. Tras las de 1986, Wall Street avanzó durante meses antes de sufrir el desplome de octubre de 1987. La rentabilidad final a doce meses quedó reducida a aproximadamente el 1%.

Con los inversores todavía pendientes de las ventas forzadas, Julius Baer vigila ahora los 26.000 puntos del Nasdaq 100 y los 8.500 del índice de semiconductores de Filadelfia. El 20 de noviembre vencerán también los contratos mensuales de opciones, una cita relevante después de varias semanas en las que las coberturas han amplificado los movimientos bursátiles.

Y diciembre traerá otra prueba para las estadísticas. El tradicional rally de Santa Claus comprende las últimas cinco sesiones del año y las dos primeras de enero, un periodo en el que el S&P 500 ha ganado una media del 1,3% desde 1950, según el Stock Trader’s Almanac. Pero Papá Noel lleva tres años sin aparecer por Wall Street. El último rally, entre diciembre de 2025 y enero de 2026, terminó con una caída del 0,11%, prolongando una racha de tres Navidades consecutivas sin ganancias.

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