Publicado: noviembre 7, 2026, 12:24 am
Los ‘hackeos’ a servicios esenciales han abierto una pregunta que va más allá de quién está detrás de cada intrusión: ¿está dando la inteligencia artificial mayor capacidad de ataque a los ciberdelincuentes? El discurso fácil y rápido es que sí: que la IA les ha concedido ‘superpoderes’. Lo llevan advirtiendo meses los expertos en ciberseguridad. Sin embargo, aunque los incidentes recientes sí nos han dejado ver las consecuencias de acceder a sistemas de los que dependen las empresas y la ciudadanía, todavía no sabemos realmente cómo están llegando ahí los atacantes o, más bien, si realmente se están ayudando de modelos y agentes sintéticos.
En lo que sí coinciden los especialistas es en que gracias a la IA más avanzada se puede ya reducir el tiempo y parte de los conocimientos necesarios para preparar operaciones de esta magnitud y en que tiene que cambiar la forma de hacerles frente.
Mientras, las noticias sobre incidentes de seguridad crecen cada día. Este jueves, NTT Docomo, la mayor operadora móvil de Japón, suspendió su tienda online y su portal de clientes ante la “alta probabilidad” de un acceso ilegal a sus servidores, según informa EFE. El miércoles fueron los bancos de sangre de Francia, una brecha de seguridad en los sistemas del proveedor español de software Amadeus y un grupo bancario y asegurador también francés. Y el lunes supermercados de media Europa. A eso se suman otros casos igual de recientes, como los fallos de seguridad divulgados en PHP, una tecnología que utilizan muchos servicios web, o el robo de criptomonedas a Binance.
En un contexto de preocupación por las intrusiones en compañías de diversa índole, los robos financieros y los ataques a sistemas físicos, cada vez es más esencial conocer cómo están evolucionando las herramientas disponibles para los atacantes. “Lo relevante es que la IA puede hacer este tipo de ataques más rápidos, escalables y accesibles”, explica a 20bits Eusebio Nieva, director técnico de Check Point Software para España y Portugal. Aunque aclara que atribuirle a la inteligencia artificial estos incidentes concretos “sería por ahora especular”.
Check Point no es la única compañía de ciberseguridad que apunta en esta dirección: Softtek analiza en su white paper ‘Cybersecurity Reinvented’ cómo la expansión de la IA “está redefiniendo las reglas del juego” en la protección de los entornos digitales de las empresas, imponiendo “desafíos inéditos a las estrategias tradicionales de defensa”. Advierte que “permite automatizar y personalizar” los mensajes que se usan en ingeniería social, adaptando el contenido y el tono a la persona que los recibe. El objetivo es hacer creíble el engaño, algo que se facilita precisamente gracias a la capacidad de producir variantes, es decir, preparar mensajes para distintos destinatarios sin redactar cada intento desde cero.
Qué trabajo le ahorra la IA al atacante
Imaginemos que alguien encuentra en internet el panel de administración de un equipo antiguo. Localizarlo es algo que ya se podía automatizar. Lo que viene después da más trabajo: averiguar qué versión utiliza, revisar si tiene algún fallo conocido y comprobar si ese fallo se puede aprovechar en ese equipo. Un modelo de IA puede ayudar a revisar la documentación, interpretar los resultados y sugerir qué probar a continuación.
“La IA puede analizar el código, identificar una debilidad, razonar sobre ella y ayudar a desarrollar cómo explotarla”, explica Nieva. A corto plazo, lo que más le preocupa es que esa ayuda permita buscar el mismo fallo en muchos sitios: “El mayor riesgo probablemente no está en que la IA descubra vulnerabilidades completamente nuevas, sino en su capacidad para encontrar y explotar a gran escala sistemas que ya sabemos que son débiles”, añade.
El experto se refiere a debilidades como las que han quedado al descubierto en los ataques a la cadena del frío en Europa: interfaces expuestas a internet, sistemas antiguos, credenciales débiles o equipos sin actualizar. Porque buscar puertas abiertas y ejecutar pruebas automáticas era posible mucho antes de la expansión de la inteligencia artificial, pero el cambio está en que la IA puede ayudar también a definir las tareas y a interpretar sus resultados. Y esto reduce “tanto el tiempo como el nivel de especialización necesario” para determinadas fases de una intrusión.
Eso no significa que cualquier persona pueda tomar el control de una infraestructura con unas pocas instrucciones. Localizar un dispositivo conectado, descubrir una vulnerabilidad y conseguir aprovecharla son problemas diferentes. El equipo de inteligencia de amenazas de Google ha observado un aumento tanto en los fallos que se publican como en los que se aprovechan en ataques reales. Los primeros pasaron de 5.045 en enero a 10.740 en agosto de 2026. Los segundos subieron de una media de 10,5 al mes en 2025 a 18 al mes entre enero y agosto de 2026.
Las formas de aplicar la inteligencia artificial también son cada vez mayores: “Al principio era sobre todo el phishing, con correos sin faltas y adaptados al idioma de cada víctima, o suplantaciones de directivos mucho más creíbles en el fraude al CEO. Ahora ya la vemos también en ataques más complejos y mucho más rápidos. Este verano atendimos el caso de una empresa española cuya web quedó comprometida en cuestión de minutos, con herramientas generadas con IA. Y empezamos a ver otro fenómeno, el de los incidentes provocados por agentes de IA de las propias empresas que actúan con demasiados permisos y sin supervisión”, señala George Onofrei, Analista CERT de Stoïk.
Esta empresa de ciberseguridad también ha analizado la situación. Según los datos aportados, su equipo de respuesta “entre enero y octubre de este año ya ha abierto más de 1.500 expedientes en Europa, más del doble que en todo 2025”.
Ganar tiempo también en la defensa
Si la inteligencia artificial está haciendo que los cibermalos avancen más rápido, parece lógico pensar que la respuesta está en que los ciberbuenos también la expriman para defenderse con la misma celeridad.
“Los ciberataques actuales a grandes infraestructuras demuestran que las amenazas operan a una velocidad impresionante”, valora Doris Seedorf, CEO de Softtek para España. Esto, en seguridad empresarial, “exige un cambio hacia sistemas inteligentes, resilientes y capaces de evolucionar al ritmo de la IA”.
La compañía propone para ello reforzar el análisis del comportamiento y automatizar parte de la respuesta.
