Publicado: octubre 31, 2026, 5:23 pm
Estar un rato dentro de una sauna es un hábito que mucha gente está comenzando a coger, sobre todo con la llegada de estos servicios a los gimnasios convencionales que apuestan por modelos donde el spa tiene un importante peso. Lo mejor de todo es que mucha gente opta por la sauna porque ha escuchado decir que tiene una gran lista de beneficios para nuestra salud, pero la realidad es que hay algo de mito en esta creencia.
El milagro finlandés. Casi todas las cifras espectaculares que circulan sobre la sauna provienen de un mismo lugar, que es el estudio de la cohorte KIHD. En este estudio, siguieron a 2.315 hombres finlandeses de entre 42 y 60 años durante más de dos décadas y los resultados apuntaban a que los que acudían a la sauna entre 4 y 7 por semana tenían un riesgo de muerte súbita cardíaca un 63% menor en comparación con los que iban solo una vez.
Pero no se quedaba aquí, puesto que otros estudios también encontraron que el riesgo de padecer demencia era un 65% menor, al igual que el ictus, que caía en un 61%, o el destacado 47% de los casos de hipertensión. A priori, todo maravilloso y la recomendación sería que todos acudiéramos a una sauna.
El aguafiestas. Poco después de la publicación de este artículo apareció el problema que tenían estos resultados, que era la causalidad inversa. Esto quiere decir que someterse a temperatura de 80 ºC no es un paseo, sino que requiere que el sistema cardiovascular trabaje intensamente para disipar el calor. Por lo tanto, es muy probable que no sea la sauna la que alargue la vida, sino que solo las personas que ya están muy sanas son capaces de aguantar sesiones frecuentes de sauna.
Por ejemplo, un hombre con insuficiencia cardíaca incipiente o problemas de salud general simplemente dejará de ir 4 veces por semana porque no se sentirá bien y, obviamente, no saldrá en estas estadísticas. La sauna, bajo este prisma, podría ser más un marcador de buena salud, ya que para estar un buen rato aquí hay que estar físicamente perfecto.
Los ensayos clínicos. Con esta herramienta podemos resolver este problema, y aquí tenemos un pequeño ensayo de 2022 con 47 adultos sedentarios que demostró que añadir 15 minutos de sauna tras el ejercicio reducía la presión ‘alta’ en 8 mmHg más que el ejercicio por sí solo. Sin embargo, no ocurría lo mismo con la variabilidad de la frecuencia cardíaca.
Además de este, en 2023 el Instituto del Corazón de Montreal sometió a 41 pacientes con enfermedad coronaria estable a 4 sesiones semanales a 79 °C durante dos meses. Pero no se apuntó a ninguna mejora en la función endotelial, la rigidez arterial o la presión arterial.
Algún beneficio (con peros). Lo que conseguimos a corto plazo es un cambio fisiológico que se da al vasodilatar todo el sistema vascular, bombeando el corazón más sangre que tiene como objetivo intentar enfriarnos, simulando en cierto modo el esfuerzo de un ejercicio vascular de intensidad baja o moderada. Pero además, un estudio reciente muestra que una sesión de 30 minutos es capaz de movilizar células inmunitarias de forma aguda, fortaleciendo momentáneamente nuestras defensas.
El problema es que este efecto térmico no es inocuo, y se ha visto que tres meses de sauna con una frecuencia de dos veces por semana reducen el recuento y la movilidad espermática en voluntarios sanos. La buena noticia es que es un efecto que puede revertir si se descansa de la sauna unos meses.
Imágenes | HUUM
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La noticia
Llevamos años pensando que la sauna alarga la vida. La ciencia tiene una explicación bastante menos milagrosa
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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