Publicado: octubre 31, 2026, 6:23 am
Halloween, noche previa al Día de Todos los Santos, final de las cosechas e inicio de invierno. De origen celta y popularización estadounidense, es hoy una de las celebraciones favoritas de niños, jóvenes y adultos. Cierto halo de transgresión la ha ocupado siempre. Muchos padres permiten a sus hijos quedarse hasta un poco más tarde. Ese día se toman más dulces. Hay disfraces y sustos. Pero para jóvenes y adolescentes también es una noche de mayor desenfreno. A menudo es de fiestas, alcohol y desinhibición. Y esto, a lo largo de las décadas, ha propiciado, también, incidentes y disturbios.
La noche de ‘La Purga’ francesa
Francia, 2018. Durante la noche de Halloween varias ciudades francesas convirtieron la noche de los muertos vivientes en un escenario de caos. Centenares y centenares de jóvenes se concentraron en las calles del centro de Lyon. Altercados, daños en establecimientos, incendios de contenedores. Lo mismo en Seine-Sant-Denis, al norte de la capital. Saqueos y ataques contra comercios. Iban disfrazados, encapuchados, anónimos detrás de las máscaras. Hubo más de cien detenidos. Parecían organizados.
Días antes, un joven de 19 años había difundido en Snapchat mensajes que llamaban a realizar una “purga” contra las fuerzas policiales y emular la película que lleva ese mismo nombre. La cinta de 2013 propone una sociedad distópica en la que el Gobierno permite, durante doce horas al año, cometer cualquier delito, incluido el asesinato, sin consecuencias legales. En la ficción, la medida responde a una necesidad de liberar las tensiones sociales y reducir la criminalidad durante el resto del año. Y armados con todo tipo de objetos, cientos de jóvenes franceses buscaron recordar ese desorden. La violencia por la violencia. Sin pancartas ni reivindicaciones.
California: terror en un parque de atracciones
Miles de personas acudieron a una fiesta de Halloween organizada en 2017 en el parque de atracciones California’s Great America en Santa Clara. La temática alternaba laberintos de terror, túneles de la muerte, monstruos disfrazados y atracciones especiales. Hubo más de 20.000 visitantes.
Poco antes de las once de la noche, entró un grupo de unos veinte adolescentes disfrazados. Su objetivo no era divertirse con los espectáculos, sino hacerlo a expensas de los asistentes. Favorecidos por la masa de gente que paseaba de un lado a otro, aprovecharon el caos y las máscaras para agredir a todo el que se cruzara. Golpes, robos, agresiones. Su único objetivo era aprovechar la muchedumbre para hacerse con carteras o móviles y pegar de paso a quienes intentaran impedirlo. Una vez más, otra excusa para la banalidad del mal.
El polvorín escocés
El barrio de Kirkton, en la ciudad escocesa de Dundee, se convirtió en campo de batalla en el año 2022. Grupos de personas provocaron incendios en la vía pública, levantaron barricadas, atacaron a los servicios de emergencia. Carreteras bloqueadas por objetos incendiados, todo tipo de vehículos dañados. Los chavales comenzaron a lanzar ladrillos y fuegos artificiales contra los agentes.
Los participantes lanzaron ladrillos y fuegos artificiales contra los agentes que acudieron a intervenir. La gravedad de los acontecimientos llevó a la Policía de Escocia a abrir una investigación para identificar a los responsables. Los incidentes tuvieron consecuencias judiciales años después. En enero de 2026, Police Scotland comunicó que cinco hombres habían sido condenados por su participación en los disturbios. Pero no era la primera vez. En Escocia, los problemas de violencia relacionados con artefactos pirotécnicos obligaron ya en 2017 a crear la Operation Moonbeam, un dispositivo especial destinado precisamente a prevenir y responder a incidentes violentos durante ese periodo de festividades que se alarga hasta el 5 de noviembre (Bonfire Knight). En este caso, tampoco había un motivo.
Aerosoles contra osos en Canadá
La noche del 31 de octubre de 2024, la policía canadiense se topó con al menos cien jóvenes que provocaban incendios lanzando fuegos artificiales contra viviendas y vehículos. Los enfrentamientos con los agentes se endurecieron mucho en Squamish, donde algunos, con pasamontañas, usaban aerosoles de defensa contra osos para provocar más fuegos y defenderse de las actuaciones de los agentes. Varios menores fueron detenidos y entregados luego a sus tutores. El sargento Gareth Bradley atribuyó parte de los incidentes a una “mentalidad de grupo o de multitud”. Ninguno de esos jóvenes tenía antecedentes por desorden, pero al estar juntos, se retroalimentaron sin control hasta llevar a un barrio la devastación.
‘La Noche del Diablo’ de Detroit
Durante las décadas de los 70 y 80, Detroit desarrolló una tradición conocida como Devil’s Night (Noche del Diablo). Lo que había comenzado como una costumbre de travesuras juveniles durante la víspera de Halloween degeneró progresivamente en una sucesión de actos vandálicos e incendios provocados. La situación alcanzó su punto más grave en 1984, cuando se registraron 810 incendios entre el 29 y el 31 de octubre.
Los fuegos afectaban a edificios abandonados, viviendas y otros inmuebles, y obligaban a los bomberos a afrontar una emergencia repartida por toda la ciudad. El fenómeno estaba relacionado con una tradición de vandalismo que se había intensificado en un contexto de deterioro urbano y abundancia de propiedades vacías. Detroit terminó imponiendo toques de queda y movilizando a miles de voluntarios para patrullar las calles y prevenir nuevos incidentes. En este caso, volvía a tratarse de violencia por desenfreno, ruptura y desahogo.
La particularidad de Halloween, donde se transige más cierta transgresión, donde las caras están tapiadas tras monstruos y muerte, produce el escenario perfecto del anonimato inscrito en un comportamiento de grupo que no reivindica nada más allá que su propia existencia. Esto, sumado al alcohol o a las drogas o al mero hecho de sumarse al carro y pasar desapercibido, se vuelve gasolina para el descontrol y criptonita para la cordura. Halloween es la fiesta para jugar con el temor, no para darle rienda suelta al terror.
