Publicado: octubre 30, 2026, 3:23 am
El 28 de octubre de 2026, la tragedia ferroviaria volvió a golpear a España. «Lo primero que he pensado ha sido en Adamuz. A ver quién se sube a un tren ahora», declaraba una ciudadana a los micrófonos de 20minutos desde la estación de Atocha. En cuestión de 9 meses, el país ha atravesado dos acontecimientos catastróficos que ya han dejado más de un centenar de fallecidos, 46 en Adamuz, más de 60 en Toledo.
Los trenes son el día a día de muchos españoles, en distancias largas o en distancias cortas, y el impacto psicológico ante estos sucesos afecta tanto a los que lo viven directamente como a los que lo hacen de forma indirecta. Inseguridad, miedo, fobia… son palabras que pueden entonces aparecer. Tres psicólogos explican a 20bien el porqué.
¿Por qué nos da miedo volver a subir a un tren después de una tragedia?
«No necesitamos vivir una experiencia traumática en primera persona para sentir miedo», nos explica María Huerta, psicóloga sanitaria, profesora de Psicología en el Centro Universitario ESCUNI y codirectora de Espacio Psinergia. Y aquí es donde entra en juego el aprendizaje vicario. La especialista explica que este se produce cuando las personas aprenden «observando las experiencias ajenas».
«Cuando conocemos un accidente de estas características, especialmente si las imágenes y los testimonios se repiten durante horas, resulta más fácil imaginar que algo parecido podría sucedernos a nosotros o a nuestros familiares«, nos relata entonces Andrés Montero Conde, psicólogo sanitario y director de Ethos Psicólogos.
En este sentido, los psicólogos coinciden en que hay que protegerse. «Una cosa es informarse de lo ocurrido y otra exponerse repetidamente a imágenes impactantes del accidente. Esa repetición puede aumentar el malestar emocional y mantenernos en un estado de alerta, especialmente en personas más vulnerables a la ansiedad. No se trata de mirar hacia otro lado, sino de informarnos sin someternos continuamente a contenidos que nos generan sufrimiento«, explica a nuestro medio la psicóloga y co-directora de Espacio Psinergia, Gema Cortés Almansa.
Montero, de hecho, recuerda que las investigaciones realizadas tras otros acontecimientos traumáticos, como los atentados del maratón de Boston, han encontrado una asociación entre la exposición intensiva a la cobertura informativa y un mayor malestar psicológico. «En ocasiones, reducir esa exposición puede ayudar a recuperar cierta tranquilidad y evitar que el miedo ocupe todo nuestro pensamiento», complemente el psicólogo.
¿Miedo o fobia? Las señales que deberían alertarnos
Ante una tragedia como la de Toledo sentir miedo «es una reacción comprensible», explica Huerta a 20bien. Pero eso no tiene porqué significar que se va a desarrollar una fobia. «Para distinguir un miedo pasajero de un problema que necesita atención psicológica, debemos fijarnos en tres aspectos: la intensidad del miedo, cuánto tiempo se mantiene y hasta qué punto condiciona nuestra vida cotidiana», añade la especialista.
La experta en este sentido sostiene que es normal sentir cierta inquietud al subir a un tren o que aparezca más a menudo el estado de alerta durante un trayecto. Andrés Montero, por su parte, «insiste en que no debemos juzgarnos por experimentar temor después de una tragedia». El psicólogo explica que en esta situación el cerebro intenta protegernos de «una amenaza que percibe como cercana».
Ahora bien, tanto Huertas como Montero coinciden en que si el miedo se vuelve muy intenso, así como la ansiedad, y se empieza a evitar o renunciar a subir a un tren, puede ser conveniente buscar ayuda profesional.
Cómo trabajar el miedo y recuperar la confianza
El primer paso según los psicólogos es validar las emociones, es normal sentir miedo, hay que entender qué es lo que lo desencadena y hay que respetar los tiempos. «Lo primero es no exigirse recuperar la confianza de un día para otro», explica la psicóloga Gema Cortés. La especialista recomienda, por tanto, volver a viajar en tren de forma gradual, «avanzando a nuestro ritmo, sin esforzarnos, empezando por situaciones que nos generen una ansiedad manejable».
Tanto Cortés como también María Huertas sostienen que existen estrategias terapéuticas con respaldo científico que pueden ayudar ante estos problemas. Ejemplo de ello son las intervenciones cognitivo-conductuales, que según explica Huertas «permiten trabajar los pensamientos asociados al miedo a sufrir otro accidente, las respuestas fisiológicas de ansiedad y las conductas de evitación». La especialista también habla de la terapia EMDR como una posible solución.
Lo ideal, no obstante, es aplicar las terapias de forma adaptada a la persona, pero siempre generar un espacio en el que hablar del miedo sin juicios. «No se trata de convencer a alguien de que no existe ningún riesgo, sino de ayudarle a elaborar el impacto emocional de lo ocurrido y evitar que el miedo a que suceda otra tragedia termine condicionando su vida cotidiana», concluye Huertas.
