Publicado: octubre 26, 2026, 7:23 am
El nacimiento de su segundo hijo, en plena pandemia, marcó el comienzo de una etapa especialmente complicada para una madre que ha compartido su historia a través del Buzón del bienestar de 20bien, donde los lectores cuentan experiencias personales que pueden servir de inspiración y ayuda a otras personas. A las dificultades que atravesaba en su relación de pareja se sumaron una depresión posparto y la preocupación por el desarrollo de su bebé, que acabaría recibiendo un diagnóstico de trastorno del espectro autista (TEA).
«Cuando nació mi segundo hijo, noté algo raro en él», recuerda. Durante sus primeros meses, el pequeño lloraba constantemente, apenas dormía y reaccionaba con malestar a situaciones cotidianas como vestirse, bañarse o salir en el carrito. La situación se complicaba por la falta de apoyo que, según relata, encontraba en su pareja, mientras ella compaginaba el cuidado de los dos niños con su trabajo y las tareas domésticas.
Con el paso del tiempo, comenzaron a aparecer otras señales que aumentaron su preocupación. El niño apenas mantenía el contacto visual, no respondía a determinados sonidos y mostraba una gran sensibilidad ante algunos estímulos. Cuando compartió sus sospechas con su entonces pareja, asegura que su reacción fue desacreditarla. «Me tachó de loca», recuerda sobre aquel momento, en el que comenzó también a plantearse el divorcio.
Un diagnóstico que confirmó sus sospechas
La pediatra que seguía la evolución del pequeño durante sus primeros dos años de vida fue una de las personas que más la ayudó. Tras observar algunas de sus dificultades, la derivó a diferentes especialistas, entre ellos neurólogos, otorrinolaringólogos y médicos especializados en trastornos del sueño. Finalmente, los informes permitieron acudir a una evaluación en Madrid, donde se confirmó el diagnóstico de TEA que la madre llevaba tiempo sospechando.
«No os habéis dado cuenta de que vuestro hijo es autista. Fue un jarro de agua fría»
Aunque estaba preparada para esa posibilidad, escuchar la confirmación resultó especialmente duro. Según recuerda, el médico les dijo: «no os habéis dado cuenta de que vuestro hijo es autista«. Aquellas palabras supusieron un punto de inflexión. «Fue un jarro de agua fría», reconoce al recordar una consulta a la que también acudió el padre del niño, después de que ella insistiera en que debía estar presente.
A partir de entonces comenzaron las terapias y un largo proceso de aprendizaje y adaptación. La madre relata que tuvo que aprender a gestionar situaciones de frustración intensa de su hijo, que en ocasiones se traducían en episodios de agresividad hacia ella. También tuvo que afrontar su propio proceso de separación y reorganizar la vida familiar.
En ese camino encontró dos apoyos fundamentales: su psicóloga, que ya la había acompañado durante la depresión posparto, y la pediatra de su hijo. Ambas, asegura, «fueron de una ayuda inmensa, y mostraron una humanidad increíble».
Aprender a cuidarse para poder cuidar
La experiencia también transformó su manera de entender el bienestar. Después de años de altibajos, comprendió la importancia de atender sus propias necesidades y dejar de vivir permanentemente preocupada por lo que pudiera ocurrir.
Entre las principales enseñanzas que extrae de esta etapa destaca la necesidad de vivir el presente y aprender «a cuidarme a mí misma para poder cuidar de mis hijos«. Una reflexión que ha incorporado a su día a día y que considera fundamental para afrontar los desafíos familiares. En esta nueva etapa también destaca el papel de su hija mayor, que desde pequeña comprendió que su hermano necesitaba determinados apoyos. Según cuenta, la niña le ayuda a tranquilizarse en los momentos difíciles y explica a otras personas lo que le ocurre cuando se siente desbordado.
Al mirar atrás, esta madre reconoce que uno de los momentos más complicados fue aceptar que su relación de pareja no era la que deseaba para ella y sus hijos. Sin embargo, hoy pone el foco en lo que ha conseguido construir. «Es una vida fantástica igualmente, no me arrepiento de nada», afirma. Su consejo para quienes atraviesan circunstancias similares es confiar en sus propias percepciones, buscar ayuda y no permitir que otras personas invaliden sus preocupaciones. «Adelante con todo, si crees que algo ocurre, sigue tu instinto», recomienda.
Como esta madre, muchas personas han encontrado en una experiencia vital, un cambio de hábitos o un proceso de adaptación una forma de mejorar su bienestar. Si tú también tienes una historia que contar, puedes compartirla a través del Buzón del bienestar de 20bien. Tu testimonio podrá ser publicado en 20minutos para inspirar y ayudar a otras personas.
