Publicado: octubre 23, 2026, 10:23 am
Seguro que alguna vez has estirado una pierna, movido el cuello o el tobillos o cambiado de postura y has escuchado ese característico «crac» en una articulación. ¡Y qué gustoso es a veces! A algunas personas les ocurre con frecuencia y otras apenas lo experimentan, pero ¿por qué crujen las articulaciones? ¿Es normal o significa que existe algún problema? La fisioterapeuta Inés Jiménez explica a los lectores de 20Minutos qué hay detrás de estos sonidos y aclara una de las dudas más habituales: que una articulación cruja no significa necesariamente que esté dañada, especialmente cuando el chasquido no se acompaña de dolor o molestias.
Por qué crujen las articulaciones
Los conocidos crujidos articulares pueden tener diferentes causas y no todos los sonidos se producen exactamente por el mismo mecanismo. En las articulaciones sinoviales, por ejemplo, interviene el líquido que se encuentra en su interior y los cambios de presión que se producen al moverlas.
«Los míticos ‘crujidos’ en las articulaciones no es más que aumento de presión dentro de ella, y esto se debe a que las articulaciones sinoviales tienen dentro líquido sinovial y el chasquido es una ‘cavitación’ dentro de este. También puede ser porque un ligamento se ha movido y vuelve a su sitio de retorno», explica la fisioterapeuta. Por eso, el sonido de una articulación puede tener distintos orígenes y no siempre indica que exista un desgaste o una lesión. De hecho, hay personas a las que les crujen habitualmente los dedos, las rodillas, los tobillos o el cuello sin que exista necesariamente un problema asociado.
¿Es peligroso que crujan las articulaciones?
Una de las dudas más frecuentes es si crujirse las articulaciones es malo. La respuesta depende, sobre todo, de si el sonido aparece acompañado de otros síntomas. Inés Jiménez tranquiliza con su respuesta: «Por supuesto que no es malo, los crujidos son normales y bastante frecuentes en articulaciones sanas. Solo es preocupante cuando es acompañado de dolor o molestia, así que el sonido no es igual a daño». Así, un crujido aislado y sin dolor no debe interpretarse automáticamente como una señal de lesión.
A quiénes les crujen más las articulaciones
No todo el mundo tiene el mismo tipo de crujidos ni con la misma frecuencia. La anatomía individual, la movilidad, la edad y determinados hábitos pueden influir en que estos sonidos sean más o menos habituales. «Efectivamente, que a unas personas les cruja y a otras no está muy relacionado con la anatomía, movilidad, genética, hábitos y edad. Aunque no se deba a uno en concreto, en anatomía depende de la forma de tus articulaciones, en edad porque con la edad los cartílagos se degeneran y hábitos por repetición de determinados gestos etc.”, explica la experta.
Esto también ayuda a entender por qué los crujidos pueden cambiar con el paso de los años. La articulación, los tendones, los ligamentos y la musculatura no permanecen exactamente igual durante toda la vida. Según la fisio, «es bastante normal pero no el único factor que influye como hemos nombrado anteriormente. Esto es debido a que los tendones se vuelven menos elásticos con la edad igual que los ligamentos, las articulaciones están más degeneradas y pueden cambiar su morfología y por supuesto, la calidad del músculo».
Cuando nosotros buscamos el crujido
También puede ocurrir que provoquemos nosotros mismos el crujido. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando buscamos deliberadamente una determinada posición del cuello o crujirse los nudillos porque sabemos que, al realizar ese movimiento, aparecerá el característico sonido y nos relaja. En este caso, el hecho de que el crujido sea voluntario no significa por sí mismo que sea más perjudicial.
«El mecanismo que hacemos voluntariamente lleva a la articulación a una posición que cambia rápidamente la presión dentro de la cápsula. En este caso sabemos qué movimiento o posición tenemos que hacer para desencadenarlo. Y el que se produce de forma espontánea puede proceder de cavitación dentro de la cápsula, de la movilidad de ligamento o tendón o de movimiento de otras estructuras articulares», concluye Inés Jiménez. Es el claro ejemplo del cuello, cuando buscamos deliberadamente ese «crac» para dejar de tenerlo en tensión.
