Publicado: octubre 16, 2026, 4:23 am
Una de las grandes conclusiones preliminares de HABLAR es que preguntar a un paciente por la muerte no aumenta su malestar. ¿Por qué hemos tenido tanto miedo, también los profesionales sanitarios, a abrir esa conversación?
Hablar de la muerte es hablar de un tema con un elevado componente emocional, por lo que solemos evitar el tema como un modo de evitar causar un dolor emocional o un mayor sufrimiento a la persona que está enferma. Es un miedo que ayuda a adoptar una actitud prudente ante un tema especialmente sensible y relevante. El estudio confirma que un profesional de cuidados paliativos formado y siguiendo unas recomendaciones específicas puede preguntar al paciente sin causar malestar. Pero estos mismos resultados no se pueden generalizar a cualquier persona o profesional que no tenga una formación específica para ello (es decir, ahí ya no podemos afirmar que no causará malestar).
Cuando una persona con cáncer avanzado piensa en la muerte, ¿qué es exactamente lo que suele darle miedo? ¿Morir, sufrir, perder autonomía, dejar sola a su familia, lo desconocido…?
Los miedos más comunes suelen ser el miedo al sufrimiento, a la agonía y al dolor, a causar un sufrimiento en la familia o a lo que les pueda pasar cuando ya no esté, miedo a la pérdida de identidad y de control sobre la situación, miedo a la incertidumbre que conlleva el propio proceso de morir, etc. Pero aunque estos sean los miedos más comunes es difícil generalizar por eso siempre hay que explorar y preguntar a cada persona qué le preocupa o qué le da miedo del proceso de morir.
Usted afirma que los pacientes piensan en la muerte aunque nadie les pregunte por ella. ¿Qué consecuencias puede tener para una persona atravesar esos pensamientos en silencio?
Aquellos pensamientos que causan angustia y que no se comparten con nadie suelen generar una mayor sensación de aislamiento y soledad junto con un mayor distrés o malestar emocional.
¿Cómo se abre una conversación sobre la muerte sin resultar invasivo? ¿Qué podría decir concretamente un médico, una enfermera o un psicólogo para empezar a hablar de ello?
Lo primero es enmarcar la conversación dentro de una evaluación amplia de las posibles preocupaciones de la persona enferma y explicar que los pensamientos relacionados con la muerte son comunes cuando se habla de cuidados paliativos o de enfermedad avanzada o sin posibilidades de curación. Lo siguiente sería preguntar si esta persona ha tenido o no estos pensamientos y si quiere o no hablar de ellos. Se les ofrece esa posibilidad y son los pacientes los que deciden cuándo, cómo y hasta qué punto quieren hablarlo.
¿Hay pacientes que no quieren hablar de la muerte? ¿Cómo distingue el profesional entre alguien que necesita que le den la oportunidad de hablar y alguien que realmente prefiere no hacerlo?
Por supuesto, hay pacientes que no quieren hablar de la muerte y estos también han sido incluidos en el estudio. Para distinguirlos el profesional tiene que preguntar abiertamente si quieren o no hablar de la muerte y en caso de que no quieran se respeta su decisión y se les deja esa puerta abierta por si en el futuro cambian de opinión.
¿Qué han observado cuando los pacientes empiezan a poner palabras a sus miedos? ¿Hay temores que disminuyen simplemente al poder expresarlos y compartirlos con otra persona?
Depende mucho de cada caso, hay personas que pueden sentir cierta sensación de alivio inmediato al compartir esos miedos pero en la mayoría de los casos requiere algo más de tiempo y acompañamiento. Lo más importante es que tras esa conversación la persona enferma sabe que puede compartir esos miedos y esos pensamientos con los profesionales de cuidados paliativos y que no está sola porque hay un equipo dispuesto a escucharla y ayudarla cuando lo necesite.
En ocasiones es la propia familia la que pide al médico que no hable con el paciente de la gravedad de la enfermedad o de la muerte para «no quitarle la esperanza». ¿Proteger al paciente de estas conversaciones puede terminar provocando más sufrimiento?
Efectivamente, es habitual que las familias también tengan reticencias y piensen que esa conversación puede causar sufrimiento, malestar o desesperanza. Por eso, la desesperanza fue una de las variables que incluimos en el estudio y que vimos que no se modificaba, es decir, no se genera mayor desesperanza tras una conversación sobre los pensamientos relacionados con la muerte. De ahí, la importancia de hacer este tipo de estudios y el poder ofrecer información a la familia.
Precisamente, uno de los aspectos que analiza HABLAR es la desesperanza. ¿Hablar abiertamente de la posibilidad de morir es compatible con mantener la esperanza? ¿De qué hablamos cuando hablamos de esperanza en cuidados paliativos?
Al igual que hay muchos tipos de miedos, hay muchos tipos de esperanza. No solo existe la esperanza en la curación. En el ámbito de los cuidados paliativos, las esperanzas se pueden centrar en no tener dolor, en poder despedirse y cerrar asuntos pendientes con la familia, en sentirse acompañado y cuidado hasta el final, en disfrutar del presente y de cada día hasta el final, esperanza en dejar un legado que perdure en el tiempo, etc.
El estudio se realiza con personas con cáncer avanzado atendidas en cuidados paliativos. ¿Hasta dónde pueden extrapolarse estos resultados? ¿Cree que deberíamos empezar a hablar de la muerte mucho antes y no esperar a encontrarnos en la fase final de una enfermedad?
Efectivamente, estos resultados se circunscriben al ámbito de los cuidados paliativos, en el que tenemos profesionales altamente cualificados para abordar y tratar temas de final de vida. Pero la muerte no se produce sólo en los servicios de cuidados paliativos, por lo que sería interesantísimo poder replicar este estudio en otros profesionales que también tienen un contacto frecuente con la muerte como pueden ser geriatría, atención primaria, cuidados intensivos, cardiología, neumología, oncología, hematología, etc.
Si los resultados definitivos confirman los datos preliminares, ¿qué debería cambiar en los cuidados paliativos? ¿Debería preguntar por los pensamientos y temores relacionados con la muerte convertirse en una parte habitual de la atención al paciente?
Si los resultados finalmente se confirman, sería recomendable la formación de los profesionales de cuidados paliativos en este sentido y la implementación del protocolo de intervención para explorar los pensamientos relacionados con la muerte como parte rutinaria de la atención paliativa.
