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Los líderes de la UE se reúnen para desatascar una negociación presupuestaria con posiciones dispares y viejos fantasmas

Publicado: octubre 15, 2026, 3:23 am

La UE acostumbra a viajar al pasado, y puede hacerlo este jueves y viernes de nuevo con una cumbre del Consejo Europeo en Bruselas marcada por la negociación del nuevo presupuesto del bloque (el Marco Financiero Plurianual 2028-2034), sobre el que el tiempo ya corre y que, de momento, deja dos bloques, posiciones dispares, y viejos fantasmas para el continente. De un lado, los frugales, liderados por Alemania; del otro, el grupo de «los amigos de la cohesión», donde está España. Y sobre la mesa de los 27 la propuesta de la presidencia irlandesa del Consejo. La llamada «negobox», por la jerga comunitaria, por lo pronto, no ha acercado posturas.

La presidencia del Consejo defiende que su planteamiento busca equilibrar el control del gasto público que reclaman los gobiernos con la necesidad de financiar las nuevas prioridades europeas, sin dejar de lado las políticas recogidas en los Tratados. Su propuesta plantea reducir un 8% el presupuesto respecto al plan inicial de la Comisión, lo que supone un recorte de 141.000 millones de euros y sitúa el presupuesto comunitario en 1,62 millones de euros. Fuentes de Moncloa aseguran que esa propuesta no es aceptable para el Gobierno español.

Los recortes se dan en varias áreas importantes. En agricultura y cohesión la tijera es de un 3%, en competitividad -otra de las patas clave- de un 13%, y en Europa Global de un 17%. Además, hay un recorte propuesto para la partida de Administración de un 8,8%. El objetivo es tocar lo menos posible la parte de la cohesión, fundamental para los países del sur, pero sí notar cambios en el resto.

En cambio, eso España no lo ve, pues, según las fuentes, no quiere encontrarse con un conflicto entre las políticas tradicionales y las prioridades más «modernas», por así decir. La meta de España, y de otros socios, es aumentar las inversiones en las dos patas. Ahora, los frugales (es decir, los ahorradores) no lo ven igual, y ya han avisado por carta. «La financiación debería centrarse en la inversión común en seguridad y defensa, competitividad, innovación y la lucha contra la migración irregular», sostienen. La misiva está firmada por el canciller alemán, Friedrich Merz, el canciller austríaco, Christian Stocker, y los primeros ministros Mette Frederiksen, de Dinamarca, Rob Jetten, de Países Bajos, Petteri Orpo, de Finlandia, y Ulf Kristersson, de Suecia.

La idea que tiene el norte de Europa es desplazar las prioridades: muchos fondos para las nuevas políticas, como defensa o seguridad, y menos para las tradicionales, como agricultura o cohesión. Asimismo, avisan en la carta de que ellos hacen más esfuerzo presupuestario que otros socios. Eso va despertando viejas rencillas y una división norte-sur que recuerda a la crisis del 2008. Tal es la foto que Sánchez en estas conversaciones tiene como aliada a Giorgia Meloni. Ideológicamente son dispares y han chocado a lo grande en temas como la migración, pero aquí coinciden: quieren que la UE tenga «ambición» presupuestaria.

La cumbre por lo comentado hasta ahora en Bruselas será tensa en cuanto al tema financiero. El objetivo del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, era poder cerrar la negociación entre esta cumbre y la siguiente, prevista para diciembre, pero se antoja complicado: otra posibilidad que coge cada vez menos cuerpo es que los líderes tengan que verse en un cónclave extraordinario a finales de noviembre para cumplir con los plazos, porque el presupuesto tiene que pasar por el Parlamento Europeo y tendría que entrar en vigor en enero de 2028. Ahora, en octubre la sensación es de dejavú.

Desde Moncloa matizan que el adelanto electoral al 29-N no afectará negativamente a la posición española. Las fuentes insisten en que la negociación del presupuesto comunitario es de país, y no depende de resultados en las urnas. Cierto es que podría culminarse con un nuevo Ejecutivo a principios de 2027, pero en los planes de Sánchez está seguir marcando sus prioridades mientras siga en el poder. Los plazos tan ajustados, eso sí, hacen pensar que ya no será el actual Gobierno el que culmine las conversaciones sobre el MFP.

En ese ejercicio de números la energía también saldrá a colación. La crisis provocada por la guerra en Oriente Medio sigue haciendo estragos y la Comisión ha reclamado a los Estados miembros que no tomen «medidas generalizadas», como pueden ser los 20 céntimos de ayuda a la gasolina y el diésel. Lo ha avisado ya Ursula von der Leyen, quien asegura que esos pasos generan descompensaciones en la oferta y la demanda, por lo que aboga por medidas más quirúrgicas, algo que España no comparte.

Ucrania, China y la migración… con Ceuta en el texto

España busca, y parece que está cerca de conseguirlo, anotarse un tanto político en el debate sobre migración. Moncloa comenta, a través de las fuentes, que la mención a la situación en Ceuta en el borrador de conclusiones deja al Gobierno muy satisfecho después de meses de choques sobre todo con Italia. Además, el Ejecutivo defiende que la aplicación del pacto común de migración y asilo por parte de España es total y que lo demuestran los datos, con una reducción, dicen, de un 74% de llegadas irregulares por la ruta Atlántica. El Ejecutivo, sentencian las fuentes, cumple con sus compromisos en materia migratoria… aunque muchos socios recelan de esta afirmación.

Ucrania será el otro punto importante en la agenda de los líderes, ya en la jornada del viernes, con la intervención del presidente Volodimir Zelenski en unos días marcados por la tregua anunciada por Donald Trump… que se ha quedado solo en palabras. De hecho, Putin atacó este martes de nuevo con misiles balísticos y dejó dos muertos y más de 20 heridos. «Rusia ataca otra central eléctrica y la vida de nuestra gente. Es importante que Estados Unidos y el mundo vean realmente lo que está pasando y quién es el responsable de que esta guerra continúe», reaccionó el presidente ucraniano, que aseguró que los suyos sí están respetando el alto el fuego sobre infraestructuras energéticas. Mientras, los líderes darán seguimiento del préstamo de 90.000 millones a Kiev, que ya le está sirviendo para la adquisición de material militar.

En una cumbre muy económica también habrá espacio para las relaciones de la UE con China. La situación parece encauzada pero los 27 harán seguimiento de los acuerdos alcanzados por el comisario Maros Sefcovic en Pekín el pasado fin de semana que incluyeron «entendimientos» sobre el comercio de coches eléctricos, sobre tierras raras y sobre el acceso al mercado chino de una serie de productos de la UE. Eso sí, Bruselas insiste en que estos son solo los primeros pasos para normalizar la relación con el gigante asiático; mientras, los países se dividen entre quienes quieren más pragmatismo y acercamiento con Pekín y los que defienden la fórmula Made in Europe para reducir las dependencias y aumentar la competitividad industrial de la Unión.

El bloque comunitario, en definitiva, busca cuadrar las cuentas para su presupuesto más importante de la historia reciente: no tanto por los fondos, sino porque la Unión necesita inversiones para ser más autónoma y ágil. Pero el problema no es nuevo: hay que poner de acuerdo a 27 países, con 27 ideas, que, otra vez, aparecen divididos en dos grupos. La cadena de crisis ha ayudado a que la UE avanzara en muchos temas, pero lo cierto es que mantiene ramalazos del pasado. La Comisión avisa: no se puede ver el Marco Financiero Plurianual como una forma de «sacar rédito» nacional. Pero la realidad es que las posturas entre norte y sur están muy alejadas.

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