Publicado: octubre 10, 2026, 9:00 pm
Octubre es un mes peculiar. Puedes ir al supermercado y comprarte una sandia, una calabaza de Halloween o turrón de Suchard. Y, también, ver al Madrid coquetear con perder la Liga. Ganó el equipo blanco al Villarreal, con un solitario gol de Diomande y pidiendo la hora tras jugar los últimos veinte minutos con uno menos por una polémica expulsión de Vinicius. Puso en práctica Mourinho, por primera vez en la temporada, esa famosa meritocracia que le ha acompañado durante su carrera. El ‘7’, al banquillo. Diomande, al once. Suplencia del Vinicius, ganada a pulso en un inicio de temporada paupérrimo. Lo que no cambió el luso fue ese doble pivote de cemento armado y hormigón. Otra vez el Madrid fabricando fútbol en pleno 2026 con Tchouaméni y Valverde. Sangran los ojos. Fue una primera mitad más larga que un día sin pan. El Villarreal sobaba la pelota de un lado a otro, mientras pasaban los minutos sin que nadie se diera cuenta, y solo mostraba algo de colmillo en las internadas por banda derecha de Ilias. Al equipo de Íñigo, claro, le parecía un triunfo la posibilidad de salir con un punto del Bernabéu, pero es que el Madrid había empezado el encuentro a nueve del Barça. No lo parecía. Estaría bien que Tebas no repitiera muchas jornadas más eso de poner el partido del Barça justo antes que el del Madrid. Es el mismo deporte. O eso nos dicen, pero los de Mourinho lo disimulan bastante bien. El Bernabéu solo dejaba de bostezar cuando el balón llegaba a Guler. El turco mejoraba cada balón que pasaba por sus pies. Como en el minuto 10, cuando le puso un pase filtrado a Carreras que acabó en centro de primeras del gallego y, también en un solo toque, el remate de Mbappé al palo. Mourinho se atusaba esa blanca barbita que se ha dejado en este largo parón. Fue una de las dos que tuvo el francés en esta primera mitad. La segunda, en el 21, tras un buen recorte a Pau Navarro, la finalizó con un disparo al muñeco. Fácil para un Gulácsi que ha llegado para poner fin a unas cuantas temporadas con una portería impropia de un equipo como el Villarreal. A falta de ocasiones, y de fútbol, la afición se montó su propio partido. Primero, alineado con Mourinho, se quejó de los criterios de Díaz de Mera para señalar, o no, algunas faltas. «Negreira sigue pitando, Negreira sigue pitando», cantaba la grada, mientras el colegiado tenía una corta charla con el entrenador portugués para calmar sus aspavientos. Las quejas arbitrales se convirtieron en pitos, que ya había escuchado Mbappé durante el calentamiento y en algunas acciones del partido, para el equipo. En el 36, un pase de Carreras a la línea de banda colmó la paciencia de un buen sector de la grada, que un fin de semana más volvía a ver con sus ojos como este Madrid aburre a las ovejas. Esa acción del gallego provocó que Mourinho mandara a calentar a Dumfries, Cucurella, Bernardo, Camavinga y Thiago. Dos defensas y tres centrocampistas. Tampoco sirvió de estímulo a los que estaban en el campo, que se marcharon al descanso con otra ración de pitos del Bernabéu. Del vestuario salió el Madrid sin Carreras y con Cucurella. Y en el 52, Mourinho se cargó también al lateral derecho, a Trent, para meter a Vinicius, recibido con una mezcla de pitos y aplausos. Valverde sería el ‘2’. Debería quedarse ya ahí toda la temporada. Es el mejor de la plantilla. De largo. De los pies del uruguayo, tras dos disparos consecutivos de Gueye que obligaron a Courtois a activar sus guantes, nació en el 62 el 1-0. Conducción y asistencia para que Diomande lanzara el balón a la esquina derecha de la portería castellonense. Lo anuló el asistente, pero el VAR hizo su trabajo: Freeman rompía la línea. El Madrid hizo el segundo diez minutos después. Jugadón de Bellingham por banda izquierda, con una carrera de 60 metros que acabó en un pase atrás para que Vini doblara la ventaja y provocara que hasta Mourinho fuera al corillo de la celebración. Una buena dosis de populismo siempre suma, pero ese 2-0 pasó por el VAR y acabó en roja al brasileño y gol anulado. Vinicius, en el centro del campo, se había quitado de en medio a Saliba con un agarrón de pelo. Roja de reglamento. De ahí al final, Mourinho desde el banquillo embarró el partido, ayudando a su equipo a noser tan naif, y logró que se jugara poco. O nada. Solo en dos ocasiones, de Romero y Mikautadze, tuvo que intervenir Courtois. Victoria con uno menos, el Barça no amplía la distancia y a mirar ya a Roma.
