Publicado: octubre 8, 2026, 7:03 am
Esta semana los mercados de bonos volvieron a tambalearse. El bono del Tesoro de Estados Unidos a 30 años llegó a 5.73%, máximo desde 2002; el de 10 años rebasó 5.35% por primera vez en 24 años; el francés a 10 años se acercó a 5% y Reino Unido y Japón van por el mismo camino. Más allá del petróleo a 100 dólares por la guerra en Irán, el responsable global de tasas de corto plazo de Citi lo dijo en el Financial Times: Francia quizá sea la primera, pero no será la última.
Hace dos semanas escribí sobre la caída de la natalidad en México. Los países ricos ya recorrieron ese camino y hoy pagan por envejecer con un Estado que nunca dejó de crecer.
El problema de la deuda no es el saldo, sino la capacidad de pagarla, que depende del costo del dinero, del crecimiento y de cuántos trabajan para pagarla. Durante 30 años los países ricos tuvieron las tres a su favor y construyeron estados benevolentes a base de déficit. Las tres se acabaron a la vez y, según el FMI, la deuda pública mundial rebasará 100% del PIB en 2029. Cuando la tasa de interés le gana al crecimiento, la deuda sube sola.
Francia es el mejor ejemplo. Gasta 57% de su PIB y recauda 52%; de impuestos ya no hay de dónde. Las pensiones cuestan casi 14% del PIB, con apenas 1.7 trabajadores cotizando por cada jubilado, y los intereses de la deuda serán este año el primer rubro del presupuesto, por encima de la educación, según la Cour des comptes. Sin mayoría, el gobierno intenta ajustar 54,000 millones y el mercado ya le cobra más que a Italia y Grecia, pese a su mejor calificación. Jubilados, médicos, maestros y estudiantes reclaman, con razón o sin ella, una parte mayor de una cobija que ya no crece.
En Estados Unidos el caso es distinto, pero las cifras también son alarmantes. El déficit acumula 2 billones de dólares en 11 meses y los intereses rebasan este año el billón, más que el gasto en defensa, con la deuda rumbo a 120% del PIB en 10 años. La diferencia es que Estados Unidos sí crece, emite la moneda en la que el mundo ahorra y su PIB nominal aún supera el costo de la deuda. Pero la Fed de Kevin Warsh subió la tasa y una curva empinada encarece el financiamiento a plazo. La hipoteca a 30 años ya está en 7.49%.
¿Y México? El problema es el contrario, pero las consecuencias son las mismas. Nuestro Estado es de los más chicos de la OCDE: recauda 18.3% del PIB frente a 34.1% del promedio, y aun así ya presenta síntomas como los de Francia. El costo financiero de la deuda será de 4% del PIB el próximo año, más de lo que se invertirá en infraestructura; las pensiones se comen 6% del PIB y llegarán a 7% en 2030. Moody’s nos dejó en mayo a un escalón del grado especulativo, con una economía que creció 0.6% el año pasado. Casi 70 centavos de cada peso del presupuesto ya están comprometidos antes de que lo discuta la Cámara. La diferencia es que a los franceses el mercado les cobra por gastar demasiado y a nosotros empieza a cobrarnos por no crecer.
Francia tardó medio siglo de déficits en llegar aquí, con un Estado grande y una economía rica; nosotros podemos llegar antes, con un Estado chico y una economía estancada. La tentación, que ya se asoma en el paquete económico de 2027 con el tope a las deducciones, será la de siempre: exprimir a los contribuyentes cautivos en lugar de ampliar la base y, sobre todo, crecer. La deuda deja de pesar solo si la economía crece más de lo que cuesta el dinero, y eso se logra con certeza jurídica e inversión, no con decretos. Ojalá este gobierno lo entienda antes de que, como a Francia, nos lo recuerde el mercado de bonos.
