Publicado: octubre 5, 2026, 10:38 am
El consejero delegado de Telefónica, Emilio Gayo, ha sido uno de los invitados de lujo del Congreso de la Empresa Familiar que se celebra esta semana en la capital. El empresario español, número dos de Marc Murtra, se ha salido del guion marcado por el adelanto electoral al 29-N para elevar el prisma hacia la regulación europea que ha condicionado el rumbo de compañías como la que él dirige. Minutos antes de su intervención, su homólogo en Banco Santander, Héctor Grisi, hacía hincapié en el sobrediagnóstico que gozan los problemas de competitividad en Europa y Gayo ha recogido el guante.
«Hemos avanzado mucho en el diagnóstico (…) pero si vamos a la ejecución, la realidad es que que va muy limitada» ha lamentado. Según ha explicado, las medidas del Informe Letta no están implementadas «más allá del 15 o el 20%», y en el terreno tecnológico, de las 47 propuestas planteadas, solo hay tres en marcha. «Estamos lejos de donde teníamos que estar y va a exigir un sobreesfuerzo» ha advertido.
En este contexto, Gayo se ha querido detener en los dos reglamentos que más afectan al sector, el de redes digitales y el de competencia entre empresas, para admitir que ambos tienen «borradores que apuntan a buen camino, pero no han dejado de ser todavía un borrador». Entre los motivos para el optimismo ha reconocido un cambio de mentalidad en la venta de espectro, que ha dejado de verse como un modelo de recaudación para entenderse como «un elemento básico para el desarrollo de nuestras redes móviles».
La prueba definitiva, ha añadido, llegará con las operaciones de consolidación de mercados que deberá juzgar Bruselas. «Esos pequeños cambios los tenemos que ver plasmados todavía un paso más allá. Ahí, posiblemente vamos a vivir en en el corto tiempo algunas operaciones de consolidación de mercados, que las tiene que juzgar Bruselas. Y de cómo las juzgue, podremos concluir si de verdad esos vientos de cambio son reales o por desgracia no terminan de avanzar en la dirección que queremos» ha apuntado.
Soberanía tecnológica, «abierta» y sin autarquía
Preguntado por el concepto de soberanía tecnológica, Gayo ha propuesto empezar por aclarar lo que no es: «No es autarquía, no se trata de que tengamos que hacerlo todo nosotros». Así, ha defendido hablar de «autonomía estratégica abierta» y ha resumido su enfoque en tres preguntas que cualquier empresa debería hacerse. La primera, «dónde y quién controla los datos», lo que incluye saber si están geográficamente en un sitio u otro, quién tiene las contraseñas y quién o qué, con la inteligencia artificial, los gestiona. La segunda, quién opera los sistemas y las plataformas y desde dónde lo hará. Y La tercera, el grado de control real sobre las soluciones que se utilizan.
El directivo ha puesto de manifiesto que algunos objetivos llevarán tiempo, como la fabricación de chips en Europa, que «no es algo que solucionaremos, ni mucho menos, en el corto plazo». Para concluir, ha planteado una hoja de ruta con la regulación como base. «En Europa no se ha fomentado la escala con las normativas de competencia», lo que ha limitado la capacidad de las empresas para invertir y crear tecnología. Una vez dadas esas condiciones, ha sentenciado, «ya nos toca a las empresas» ejecutar, algo que debe hacerse «con valentía y visión de largo plazo».
