Publicado: octubre 3, 2026, 3:00 am
Hace apenas unos meses, comprar acciones de Meta parecía haberse convertido otra vez en un acto de fe. La compañía venía de alcanzar un máximo histórico cercano a los 785 dólares en agosto de 2025, pero desde entonces había sufrido varias correcciones que llegaron a borrar alrededor de un 35% de su valor. Zuckerberg estaba comprometiendo decenas de miles de millones de dólares en inteligencia artificial (IA) sin que los inversores vieran todavía con claridad dónde estaba el retorno, mientras el juicio sobre la protección de menores amenazaba con echar más leña al fuego. ¿Estaba Zuckerberg repitiendo con la IA el mismo error que cometió con el metaverso? La acción llegó a caer hasta los 520 dólares y, después de varios intentos de recuperación, volvió en junio de este año a la zona de los 557 dólares.
Para entonces, la confianza era tan frágil que bastaba cualquier nuevo sobresalto para provocar otra oleada de ventas. Una noticia falsa sobre una posible ampliación de capital llegó a tumbar la acción un 5% en apenas una hora. Y, sin embargo, han bastado apenas dos meses para darle completamente la vuelta a la situación. Ahora Zuckerberg vuelve a parecer un genio.
Desde aquellos 557 dólares, Meta ha subido alrededor de un 31% y ha añadido más de 400.000 millones a su valor en bolsa, hasta alcanzar una capitalización cercana a los 1,85 billones. ¿Qué ha cambiado en apenas unos meses? Meta sigue gastando cantidades enormes en IA y Zuckerberg no ha rebajado precisamente sus planes de inversión. Lo que sí ha cambiado es lo que Wall Street cree que puede conseguir con ese dinero.
La pieza que faltaba
Buena parte de esas expectativas se han disparado desde el lanzamiento de Muse a comienzos de septiembre. La nueva aplicación de Meta lleva la IA directamente al consumidor y, sobre todo, permite hacer algo que hasta ahora no formaba parte de su negocio habitual. En lugar de utilizar esta tecnología únicamente para decidir qué contenido o qué anuncios mostrarnos, Muse puede ejecutar tareas por el usuario, como buscar y reservar un vuelo, realizar una compra o negociar una factura.
La nueva aplicación ha conectado además con el catálogo de Shopify y está incorporando compañías como Walmart, Sephora, PayPal, Expedia o Instacart, de manera que una petición tan sencilla como buscar unas zapatillas o preparar un viaje puede terminar directamente en una compra o una reserva.
Para una compañía que obtiene cerca del 98% de sus ingresos de la publicidad, tener una IA que conoce con mucha más precisión qué busca cada usuario puede hacer todavía más valiosos sus anuncios y, al mismo tiempo, abrir una fuente de ingresos que hasta ahora apenas existía. Las posibilidades se multiplican cuando esa tecnología se coloca delante de los 3.600 millones de personas que utilizan cada día Facebook, Instagram, WhatsApp y el resto de sus aplicaciones.
El negocio después del clic
Hasta ahora, el gran éxito de la IA ha sido conseguir cientos de millones de usuarios. El dinero de verdad puede empezar a llegar cuando esas mismas personas utilicen la inteligencia artificial para comprar, reservar o contratar servicios, porque quien controle ese proceso se coloca justo entre el consumidor y las empresas que quieren venderle algo. Bank of America habla de una batalla por capturar la «intención» del usuario, algo tan sencillo y tan valioso como saber qué quiere comprar una persona antes de que termine haciéndolo.
Y ahí es donde la competición puede acelerarse. OpenAI acaba de responder a Muse con Dots, Google prepara su propia herramienta. Hasta Apple empieza a verse amenazada porque una compra que comienza y termina dentro de una IA puede saltarse aplicaciones, buscadores e incluso algunos de los servicios que hoy cobran por estar en medio. Morgan Stanley advierte precisamente de que estos agentes podrían desplazar parte de las búsquedas y transacciones que ahora pasan por el ecosistema de Apple.
Meta se ha adelantado en consumo, pero todavía no ha ganado nada. Muse alcanzó 2,5 millones de descargas en sus dos primeras semanas y Evercore considera que la enorme distribución de Meta le da una ventaja inicial frente a OpenAI entre los consumidores, mientras Dots parte mejor colocado en empresas y trabajos profesionales. Muse, además, todavía apenas gana dinero mediante pequeñas comisiones por algunas operaciones y BNP Paribas considera que su monetización a largo plazo sigue siendo una incógnita, aunque ve la publicidad como una posible vía. Lo que no se puede negar es que Zuckerberg ha pegado primero.
