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Ozempic no es suficiente: añade entrenamiento de fuerza a tu plan para perder kilos

Publicado: septiembre 10, 2026, 6:25 am

Los nuevos medicamentos utilizados para tratar la obesidad, como la semaglutida, un principio activo conocido por marcas como Ozempic y Wegovy, o la tirzepatida, han cambiado mucho la forma de abordar la pérdida de peso. En muchos pacientes permiten conseguir reducciones importantes, pero precisamente por eso cada vez cobra más importancia una pregunta: ¿Qué estamos perdiendo exactamente?

El objetivo de un tratamiento contra la obesidad no debería ser únicamente conseguir que una persona pese menos. También debería intentar que, durante ese proceso, conserve la mayor cantidad posible de músculo, mantenga su fuerza y siga desenvolviéndose con normalidad en su vida diaria.

Precisamente por eso el entrenamiento de fuerza puede convertirse en uno de los grandes aliados de estos tratamientos. No todos los kilos que perdemos son iguales Cuando una persona pierde una cantidad importante de peso no pierde exclusivamente grasa. Una parte suele corresponder también a lo que conocemos como masa magra, que incluye músculo, agua y otros tejidos que no son grasa.

Pérdida de masa magra

Ya se sabe además que aproximadamente entre una cuarta parte y algo más de un tercio del peso perdido con este tipo de tratamientos corresponde a masa magra, aunque esta proporción varía dependiendo del medicamento. Esto no significa que estos fármacos “destruyan músculo”. La pérdida de masa magra también puede producirse cuando una persona adelgaza mediante otros métodos.

Lo interesante aparece cuando analizamos qué ocurre al incorporar entrenamiento de fuerza. Se ha observado que las personas presentaban una proporción considerablemente menor de pérdida de masa magra, alrededor del 17,5%.

Por tanto, la pregunta no debería ser únicamente cuánto peso conseguimos perder, sino qué podemos hacer para intentar que la mayor parte de esa pérdida proceda de la grasa y no del tejido que necesitamos conservar.

El músculo necesita utilizarse para mantenerse

Cuando una persona come menos de lo habitual para perder peso, el organismo recibe menos energía. Si además apenas utiliza su musculatura de forma exigente, aumenta la posibilidad de perder parte de ese tejido.

Ahí entra en juego el entrenamiento de fuerza. Cuando hacemos que nuestros músculos trabajen contra una resistencia les estamos dando un motivo para mantenerse activos y conservar sus capacidades.

Por eso, durante una pérdida de peso, el ejercicio no debería verse solamente como una forma de gastar más calorías. En muchos casos, una de sus funciones más importantes puede ser ayudar a conservar la fuerza y la capacidad física mientras disminuye el peso corporal. Entrenar fuerza no significa levantar grandes pesos

Todavía existe la idea de que entrenar fuerza significa necesariamente levantar mucho peso o pasar horas en un gimnasio. No tiene por qué ser así. El entrenamiento debe adaptarse a la edad, la experiencia, el estado físico y las necesidades de cada persona.

Alguien acostumbrado a entrenar puede utilizar pesas, máquinas, sentadillas, remos o ejercicios similares. En cambio, para una persona mayor o muy sedentaria, al principio puede ser suficiente con levantarse varias veces de una silla, utilizar bandas elásticas o realizar ejercicios sencillos con su propio peso.

Lo importante es que exista un estímulo adecuado y que, poco a poco, podamos progresar. Tampoco es imprescindible terminar cada ejercicio completamente agotado ni utilizar métodos de entrenamiento complicados. Como recomendación general, los adultos deberían realizar ejercicios de fortalecimiento de los principales grupos musculares al menos dos días por semana, aunque la cantidad y la intensidad deben adaptarse a cada persona.

Especialmente al comenzar, el objetivo no debería ser encontrar el entrenamiento perfecto, sino uno que pueda realizarse con seguridad, mantenerse en el tiempo y progresar poco a poco.

Cuidado con comer menos

Uno de los efectos de estos medicamentos es que disminuyen el apetito y hacen que la persona se sienta llena antes. Esto ayuda a reducir la cantidad de comida y favorece la pérdida de peso, pero también plantea un reto.

Cuando comemos mucho menos, no solamente reducimos calorías. También podemos estar consumiendo menos proteína, vitaminas, minerales y otros nutrientes que el organismo sigue necesitando. Que una persona tenga menos hambre no significa que sus necesidades nutricionales hayan desaparecido.

Por eso durante una pérdida importante de peso debemos prestar especial atención a la calidad de los alimentos que se consumen y asegurarnos de que exista una ingesta adecuada de proteína.

Sin embargo, aumentar la proteína por sí solo probablemente no sea suficiente para conservar todo el músculo posible. La alimentación aporta los nutrientes que el músculo necesita, pero el entrenamiento de fuerza proporciona el estímulo para utilizarlo y conservarlo. Nutrición y ejercicio deberían entenderse como dos partes de una misma estrategia.

Efectos secundarios: cuando comer y entrenar se hace más difícil

También debemos tener en cuenta que estos medicamentos pueden producir efectos secundarios.

Entre los más frecuentes se encuentran las náuseas, los vómitos, la diarrea, el estreñimiento, las molestias digestivas y, en algunas personas, la sensación de cansancio.

Esto puede tener consecuencias prácticas. Una persona con náuseas puede tener más dificultades para comer suficiente o alcanzar una ingesta adecuada de proteína. Los vómitos o la diarrea pueden favorecer la pérdida de líquidos y, si existe cansancio, puede resultar más difícil mantener el mismo nivel de entrenamiento.

Eso no significa que haya que abandonar el ejercicio. Significa que el entrenamiento también debe adaptarse a cómo se encuentra la persona en cada momento.

Habrá días en los que se pueda entrenar con normalidad y otros en los que sea más recomendable reducir temporalmente la cantidad o la intensidad del ejercicio. Si los síntomas son importantes o se mantienen en el tiempo, deben comunicarse al profesional sanitario encargado del tratamiento.

En personas con diabetes también hay que prestar especial atención al riesgo de bajadas de azúcar cuando estos medicamentos se combinan con insulina o con algunos tratamientos para la diabetes. En esos casos, ejercicio, alimentación y medicación deben estar especialmente bien coordinados con el equipo médico. Hay personas en las que conservar músculo es todavía más importante

No todo el mundo parte de la misma situación. Una persona joven que lleva años entrenando normalmente dispone de una reserva muscular muy diferente a la de alguien de 75 años, sedentario y que ya tiene dificultades para levantarse de una silla.

Por eso debemos prestar especial atención a las personas mayores, aquellas que parten de poca masa muscular, pacientes muy sedentarios o quienes están perdiendo peso con mucha rapidez.

La báscula no cuenta toda la historia

En estos casos, una buena evolución en la báscula puede ocultar un empeoramiento de la capacidad física. Una persona puede haber perdido ocho kilos y haber mejorado algunos indicadores de salud, pero si ahora tiene más dificultades para levantarse, caminar, subir escaleras o realizar tareas cotidianas, hay una parte importante del proceso que deberíamos revisar.

En estos pacientes no solamente nos interesa conservar músculo. También queremos mantener la fuerza, el equilibrio y la autonomía.

El peso sigue siendo una medida útil, pero no debería ser la única. Durante estos tratamientos también puede ser interesante conocer cómo cambia la composición corporal, especialmente en personas con mayor riesgo de perder músculo.

Pero ni siquiera necesitamos siempre pruebas sofisticadas. Hay preguntas muy sencillas que pueden aportar información importante: ¿Tiene la misma fuerza que antes? ¿Puede levantarse de una silla con facilidad? ¿Camina mejor? ¿Puede subir escaleras sin dificultad? ¿Está progresando en los ejercicios que realiza?

En determinados pacientes, estas respuestas pueden ser tan importantes como saber cuántos kilos han perdido.

Por eso cada vez existe más interés en valorar no solamente el peso, sino también la fuerza, la capacidad física y, cuando sea necesario, la composición corporal durante estos tratamientos. Medicación, alimentación y ejercicio: herramientas diferentes para un mismo objetivo

Una o varias conclusiones

Los nuevos medicamentos han supuesto un avance importante en el tratamiento de la obesidad, pero no deberían entenderse como un sustituto de la alimentación adecuada o del ejercicio.

Cada herramienta cumple una función diferente. La medicación puede ayudar a controlar el apetito y facilitar la pérdida de peso. La nutrición debe garantizar que, incluso comiendo menos, el organismo siga recibiendo lo que necesita. Y el entrenamiento de fuerza ayuda a mantener activo el sistema muscular durante todo el proceso.

Por eso quizá también tengamos que ampliar nuestra forma de entender el éxito de estos tratamientos. No se trata únicamente de conseguir que el número de la báscula disminuya, sino de intentar que la persona mantenga su fuerza, su capacidad física y su autonomía mientras mejora su salud.

En definitiva, perder peso es importante, pero hacerlo preservando fuerza y músculo debería ser la parte fundamental del objetivo.

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