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Teresa Herrero, coach: «Hemos asociado descansar con perder el tiempo e incluso en vacaciones llenamos la agenda»

Publicado: agosto 22, 2026, 12:25 pm

Durante la temporada estival los escenarios cambian: cambiamos las reuniones por encuentros alrededor de una mesa, tomamos el sol, vamos más a la playa y a la montaña… es decir, tenemos vacaciones y el tiempo libre se triplica. Pero para muchas personas, pese a que hay ligeras diferencias con nuestro día a día durante los meses de frío, tienen la misma sensación interna: cansancio mental, ruido constante, agobio y dificultad para desconectar de verdad.

Hay personas que dejan de trabajar pero no dejan de estar en alerta y otras llenan cada día de planes, estímulos y actividad sin darse cuenta de que siguen funcionando desde la misma inercia que durante el año. Y muchas descubren algo incómodo cuando por fin paran: no saben cómo hacerlo. Teresa Herrero, coach de desarrollo personal y gestión emocional, comenta que «ay personas que llevan tantos meses viviendo en modo automático que «cuando llegan las vacaciones el cuerpo descansa, pero la cabeza no», y ahí aparece la sensación de agotamiento que no se resuelve simplemente cambiando de lugar.

Dificultad para desconectar

A diferencia de hace años, hoy el descanso ya no aparece de forma natural: el móvil sigue encendido, las conversaciones continúan abiertas, las redes sociales mantienen el cerebro estimulado constantemente y el verano también se ha convertido, en muchos casos, en otra fuente de presión. Los planes, viajes, experiencias, fotos, productividad personal, aprovechar el tiempo, hacer deporte, leer más, socializar más… ¡Una lista interminable! E incluso descansar parece haberse convertido en algo que hay que hacer «bien»: «El problema no es hacer cosas, es sentir que incluso en vacaciones tienes que estar constantemente aprovechando el tiempo y llenar la agenda».

Descansar genera culpa

Uno de los fenómenos más habituales es la incomodidad que aparece cuando no hay estímulos ya que muchas personas se sienten inquietas si no están haciendo algo, respondiendo mensajes, consumiendo contenido o pensando en lo siguiente. Y eso tiene un impacto emocional importante: fatiga mental, irritabilidad, dificultad para concentrarse o sensación de saturación suelen ser algunas de las consecuencias de vivir permanentemente en estado de actividad: «Hemos asociado el descanso con perder el tiempo, y desde ahí es muy difícil desconectar de verdad», dice Teresa Herrero.

Señales de que no estás descansando realmente

Aunque estés de vacaciones, hay ciertas señales que indican que el sistema nervioso sigue funcionando en alerta:

  • Necesidad constante de mirar el móvil
  • Incapacidad para estar sin hacer nada
  • Sensación de culpa al descansar
  • Saturación incluso haciendo planes agradables
  • Dificultad para dormir o relajarse
  • Sensación de volver de vacaciones más cansada de lo que te fuiste

Cómo aprender a desconectar este verano

La desconexión emocional no suele aparecer de golpe. Se construye a través de pequeños cambios sostenidos y espacios reales de pausa.

Estas son algunas claves prácticas para empezar:

  1. Dejar espacios vacíos en la agenda: no todos los días necesitan estar llenos de actividad. A veces, dejar huecos sin planificar genera más descanso que intentar aprovechar cada minuto.
  2. ​Reducir la hiperestimulación: menos móvil, menos pantallas y menos necesidad de consumir constantemente. El cerebro también necesita momentos de silencio y menor impacto externo para poder bajar realmente el ritmo.
  3. ​Recuperar momentos de aburrimiento: el aburrimiento no siempre es algo negativo. De hecho, el cerebro necesita espacios sin estímulos para regularse, descansar y volver a conectar consigo mismo.
  4. ​No convertir las vacaciones en otra lista de tareas: descansar no debería convertirse en otra exigencia más. No hace falta «hacer el verano perfecto» para disfrutarlo.
  5. ​Aprender a decir no también en vacaciones: muchas personas terminan agotadas en verano por no poner límites: planes que no apetecen, compromisos por compromiso o agendas llenas para no decepcionar a otros. Aprender a decir no desde la calma y sin culpa también es una forma de autocuidado emocional, especialmente en una época donde parece que hay que aprovechar absolutamente todo.
  6. ​Aprender a parar sin justificarlo: no hace falta merecer el descanso para necesitarlo; parar no es un premio, es una necesidad emocional y física básica.
  7. ​Priorizar cómo quieres sentirte, no solo lo que quieres hacer: el verano no se recuerda solo por los planes, sino por cómo nos sentimos mientras los vivimos. A veces, menos actividad y más presencia generan recuerdos mucho más valiosos.

«Descansar no es solo cambiar de lugar, es cambiar el ritmo interno desde el que estamos viviendo», dice la experta.

Parar antes de no poder más

Cada vez más personas llegan al verano profundamente agotadas emocionalmente y muchas veces intentan compensarlo llenando las vacaciones de estímulos pensando que así recuperarán energía. Sin embargo, el descanso real suele empezar cuando dejamos de intentar aprovechar absolutamente todo. «El verdadero descanso no aparece cuando haces menos cosas sino cuando tu mente deja de sentir que tiene que estar constantemente funcionando«, concluye Teresa Herrero.

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