Publicado: agosto 22, 2026, 12:29 am
El felpudo es, probablemente, el objeto más humillado de la casa. Lo pisamos, lo sacudimos, lo ignoramos. Está condenado a vivir en el umbral, ni dentro ni fuera, como un guardián silencioso cuya única misión es recoger la suciedad ajena. Y, sin embargo, pocas invenciones cotidianas dicen tanto sobre nosotros como este discreto rectángulo de fibras ásperas. Para entender el origen del felpudo hay que retroceder mucho más de lo que cabría esperar. La preocupación por la limpieza del hogar no es, ni mucho menos, una obsesión moderna. En la antigua Mesopotamia ya existían espacios de transición entre el exterior y el interior de las viviendas donde se dejaban sandalias o se limpiaban los pies. En Egipto, donde el polvo… Ver Más
