Irán, una guerra a desgana - Estados Unidos (ES)
Registro  /  Login

Otro sitio más de Gerente.com


Irán, una guerra a desgana

Publicado: julio 23, 2026, 4:23 am

Desde el punto de vista de la lógica militar, la guerra de Ucrania fue un disparate desde el principio. ¿Cómo puede alguien esperar apoderarse de un país más grande que España con menos de 200.000 soldados? La decisión, sin embargo, nunca estuvo en manos de un hombre del oficio, sino que fue personal del presidente Putin. El dictador jugó sus cartas convencido de que podría repetir la incruenta ocupación de Crimea o, en el peor de los casos, tendría que enfrentarse a núcleos de resistencia aislados.

El error más grave, sin embargo, no fue empezar la guerra —a veces es verdad que, como escribió Virgilio, «la fortuna sonríe a los audaces»— sino continuarla cuando se demostró que la hipótesis de partida estaba equivocada. Si el dictador ruso hubiera ofrecido a Kiev un alto el fuego a la semana de la invasión, seguramente un apurado Zelenski se habría visto obligado a aceptarlo y, con el tiempo, la situación de facto en Ucrania sería muy diferente. Cuatro años después, Putin tendría en sus manos una porción del país invadido mucho mayor que la que tiene… y habría 400.000 rusos vivos más.

La guerra en Irán obedece a una dinámica militar muy diferente, pero muchos de sus errores son parecidos. ¿Cómo puede alguien conseguir que se rinda un país de 90 millones de habitantes, regido por un régimen criminal y fanático, sin poner un solo soldado sobre el terreno? Tampoco fue esa la decisión de un profesional de la milicia, sino de un presidente convencido de que sus enemigos, como quizá harían si en lugar de ayatolás fueran dirigentes empresariales, capitularían rápidamente a la vista de su enorme superioridad aérea y naval.

Como Putin, Trump también podría haber ofrecido un alto el fuego a los pocos días de la campaña y, muy posiblemente, habría puesto fin a la guerra de una manera relativamente limpia, como de hecho había ocurrido el año anterior. Todavía me cuesta creer que no era ese el plan, pero esa opción ha dejado de existir porque, cuatro meses después, el líder supremo iraní se siente casi tan seguro donde quiera que esté como Zelenski en Kiev. ¿Por qué preocuparse por los bombardeos estadounidenses —Israel, en uno de los escasos aciertos estratégicos de Trump, se mantiene ahora al margen de las hostilidades— si sus enemigos ni siquiera saben quién es o dónde está? Hace solo unos días, la prensa israelí se hacía eco de que, en la prensa saudí, alguien había publicado que fuentes israelíes —no, no hay error alguno en este galimatías— aseguraban que Mojtabá Jamenei se encontraba fuera del país.

El caso es que ahora, tanto Trump como Putin se ven obligados a continuar la guerra porque ninguno de los dos tiene el coraje de confesar a su pueblo que los objetivos militares o políticos que tan alegremente habían prometido no van a ser alcanzados.

Hay, sin embargo, una diferencia entre ambas guerras. Rusia es una dictadura en la que al que protesta se le quita de en medio, mientras que en los EEUU el presidente está obligado a responder ante sus votantes. La guerra de Ucrania puede escalar casi sin límites y eternizarse en el tiempo, mientras que la de Irán, reactivada tras el colapso del memorándum de entendimiento firmado hace un mes, continúa con cierta desgana, muy por debajo de los niveles de los bombardeos de las primeras semanas.

Si aquello fracasó entonces, ¿por qué va a tener éxito ahora? Tanto Washington como Teherán parecen resignados a la guerra, más que ilusionados por la victoria. Tanto uno como otro ladran menos que en la fase inicial y, sobre todo, muerden con más cuidado. Los miles de ataques estadounidenses de los primeros días se han convertido en “docenas” y los ultimátums de Trump ya no suenan tan intimidantes como entonces. Tampoco las amenazas de Irán amedrentan al mundo ahora que todos tenemos la impresión de que, aunque sea al trantrán, el estrecho de Ormuz volverá a abrirse al tráfico de petroleros… al menos una semana o dos de cada mes.

La mejor prueba de que esa guerra continúa casi por inercia —en realidad, porque nadie tiene una idea mejor— la tenemos en las declaraciones de las autoridades de Washington. A Trump, como sabe el lector, es mejor no escucharle; pero el vicepresidente Vance confesó hace solo unos días al popular Youtuber Joe Rogan que el estrecho de Ormuz no se puede abrir por la fuerza: «Puedes bombardearlos, puedes eliminar sus radares, puedes eliminar algunos de sus drones y sus misiles, pero es simplemente demasiado fácil disparar a los buques en el estrecho, así que tenemos que estar dispuestos a hablar y tratar de resolver el problema». Si no se puede, ¿por qué intentarlo? ¿Solo para guardar las apariencias?

También a su bola, el secretario de Estado Rubio, que suele pasar por la guerra de puntillas y diciendo obviedades —resulta molesta su insistencia en defender de palabra la libertad de navegación mientras sus militares asaltan petroleros en todo el mundo— ha preferido apostar por la diplomacia en una reciente entrevista en la CNN. Pero a la inevitable pregunta de qué pasaría si fracasan las negociaciones, su respuesta deja el peso de la guerra muy, muy lejos del centro de gravedad del régimen: «No creo que eso sea bueno para Irán. Quiero decir, la economía de Irán está hecha trizas

¿Es esa la verdadera apuesta de Washington, la de la economía? ¿La misma que en Cuba? ¿Y cuál es el plazo esperado para que tenga éxito? Me viene a la memoria que, unos días antes de la guerra, Steve Witkoff, el inefable amigo de Donald Trump, declaró a la prensa que el presidente no entendía por qué los iraníes no se rendían ante su poder militar. Entonces pensé que aquello sería una mentira piadosa para tranquilizar al pueblo norteamericano. Visto lo visto, me temo que me equivocaba. El presidente Trump todavía no sabe exactamente a quien se está enfrentando y, mientras lo averigua, no tiene otra alternativa que la de continuar la guerra. A desgana, sí, pero con muertos de verdad.

Related Articles