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Los pacientes que sufren un infarto tienen más microplásticos en la sangre del corazón

Publicado: julio 14, 2026, 10:23 pm

La preocupación por la invasión de los microplásticos se ha centrado principalmente en los océanos, los estómagos de la fauna marina o la degradación de los ecosistemas. Sin embargo, el vertedero más problemático para estos productos puede estar mucho más cerca de lo que pensábamos: en nuestro propio torrente sanguíneo. Un nuevo estudio internacional publicado en la revista ‘ European Heart Journal ‘ acaba de revelar que las personas que sufren un infarto agudo de miocardio presentan niveles significativamente más altos de micro y nanoplásticos en la sangre que suministra directamente al corazón, en comparación con pacientes sanos o con dolencias crónicas estables. El hallazgo, liderado por científicos de las universidades de Roma, Verona y Campania en Italia, supone un salto cualitativo en la comprensión de cómo los contaminantes ambientales afectan a nuestra salud cardiovascular. Ya no se trata solo de que estas partículas microscópicas —fruto de la degradación de envases, ropa y neumáticos— viajen por nuestro cuerpo; la investigación demuestra una asociación directa entre la acumulación de estos materiales en la circulación coronaria y la aparición de eventos cardíacos graves. Pasquale Paolisso, investigador en el Hospital Sant’Andrea de la Universidad Sapienza de Roma y primer autor del trabajo, explica la relevancia de este mapa de circulación interna. «Los micro y nanoplásticos se encuentran prácticamente en todas partes, en el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que consumimos», detalla. «Sin embargo, sabíamos muy poco sobre si estas partículas estaban presentes en la circulación coronaria o si factores como el tabaco y la contaminación influían en su presencia». Para responder a esto, el equipo analizó las muestras biológicas de 61 pacientes clasificados según su gravedad cardiovascular. Los resultados del análisis microscópico arrojaron una brecha abrumadora entre perfiles de pacientes. Entre aquellos que habían ingresado en el hospital sufriendo un infarto agudo, los micro y nanoplásticos se detectaron en el 84% de los casos. Por el contrario, la cifra caía al 40% en los pacientes diagnosticados con enfermedad isquémica crónica y a apenas un 32% en las personas que mantenían arterias coronarias completamente sanas. Además, la variedad de polímeros hallados en los infartados era mucho mayor, con una clara presencia del polietileno, el plástico estrella de la industria del embalaje y los productos de consumo diario. ¿Cómo consiguen estas partículas plásticas colonizar las arterias del corazón con tanta eficacia en unos pacientes y no en otros? Los investigadores descubrieron que el estilo de vida y el código postal juegan un papel definitivo. El análisis estadístico desveló que los fumadores tenían hasta seis veces más probabilidades de albergar microplásticos en su torrente sanguíneo que los no fumadores. Asimismo, vivir en zonas expuestas a concentraciones elevadas de contaminación ambiental por partículas finas (PM2.5) correlacionaba de forma directa con un corazón más «plastificado». El profesor Emanuele Barbato, director de la Unidad de Cardiología del Hospital Sant’Andrea de Roma y coautor de la investigación, aporta la hipótesis que explica esta peligrosa sinergia. «Nuestros hallazgos sugieren que el tabaquismo podría dañar el tejido pulmonar facilitando que los micro y nanoplásticos atraviesen la barrera respiratoria y entren con mayor facilidad en la corriente sanguínea a través de los pulmones», sostiene Barbato. La contaminación del aire de las ciudades actuaría utilizando exactamente el mismo mecanismo de demolición de nuestras defensas naturales. La combinación de ambos factores resulta letal: el cien por cien de los pacientes que eran fumadores y que, a la vez, residían en entornos con alta contaminación del aire presentaban plásticos en su sangre coronaria . En el extremo opuesto, entre quienes esquivaban el humo del tabaco y la polución urbana, solo un 12.5% daba positivo en presencia de estos materiales. Pese a la contundencia de los datos, el equipo médico insiste en mantener la cautela. «Estos resultados no prueban de forma matemática que los microplásticos causen un infarto de manera directa, pero revelan una asociación fortísima que no podemos ignorar», matiza el profesor Barbato. El impacto del hallazgo va más allá de la mera presencia de un cuerpo extraño en las arterias. En un editorial que acompaña a la publicación del estudio, el profesor Andreas Daiber, del Centro Médico Universitario Johannes Gutenberg de Mainz (Alemania), señala el verdadero peligro de esta invasión silenciosa. Según Daiber, los datos apuntan a que estas concentraciones elevadas de plásticos coinciden con un repunte severo de marcadores inflamatorios en el organismo, como el factor de necrosis tumoral alfa y la interleucina-6. Al igual que ocurre con la grasa visceral acumulada en la cintura , las partículas de plástico atrapadas en los vasos sanguíneos parecen comportarse como un agente irritante constante, una «fábrica» de inflamación sistémica. Esta respuesta inflamatoria debilita las paredes internas de los vasos, favorece el estrés oxidativo y propicia la disfunción endotelial, que es el paso previo a que una placa de ateroma se rompa y tapone la arteria, desencadenando el infarto. La salud de nuestro corazón ya no depende exclusivamente del colesterol o la tensión; ahora también se mide en el plástico que inunda nuestros pulmones.

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