Publicado: julio 10, 2026, 10:55 pm
Frente a una Bélgica que se desintegraba sin Onana, sin Tielemans, y sin su gran jefe, el portero Courtois, la selección de España pareció reconocer la línea invisible que separa la autoestima de la vanidad, el optimismo de la alucinación, y el cálculo de la improvisación desesperada. Como contra Portugal, mantuvo un pulso de corte burocrático. Todos, salvo Cubarsí en el gol encajado, cumplieron. Nadie hizo un partido deslumbrante, en cualquier caso. Tampoco Lamine Yamal, el futbolista más dotado del equipo. El papel heroico correspondió al paciente Mikel Merino.
