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Cuando el ser humano se aferra a la vida: el milagro de personas como Naqsa al resistir hasta 60 días bajo los escombros de un seísmo

Publicado: junio 30, 2026, 8:23 am

El doble terremoto que el pasado miércoles sacudió la zona norte de Venezuela ha dejado daños cuantiosos en viviendas, activos económicos, comercios y vidas. Oficialmente, ya son unos 1.500 los muertos (entre ellos 17 españoles). Pero se siguen contabilizando a medida que avanzan los trabajos de rescate y movimiento de los escombros. Es en esa labor donde se siguen esperando milagros.

Los llamamos milagros porque rompen la norma, la media, lo previsible. Se estima que 72 horas es el tiempo que un ser humano puede permanecer sin la ingesta de agua o comida en desastres como el de ahora en Venezuela.

Las historias de seres humanos que son rescatados con vida decenas de horas después de un sismo nos hablan de fortuna, pero también de la capacidad de resistencia del cuerpo humano, de su empeño en aferrarse a la vida. Además, esos casos ejemplifican la valía del denodado esfuerzo de los rescatistas. Para verlo no hay que retroceder mucho en el tiempo.

«La catástrofe del siglo», en Turquía y Siria

Los terremotos de Turquía y Siria de 2023 nos dieron varios ejemplos. Los sismos tuvieron lugar 6 de febrero de aquel año. El primero alcanzó una magnitud de 7,8, y el segundo, nueve horas después, llegó a los 7,5. Fue el terremoto más mortal en el mundo desde el de Haití en 2010: hubo más de 59.000 muertos y millones de personas afectadas.

El de 2023 fue el sismo más mortífero y fuerte en Turquía desde el ocurrido en Erzincan en 1939 y el más mortífero que ha afectado a Siria desde el ocurrido en Alepo en 1822. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, lo calificó como «la catástrofe del siglo».

Dada la fuerza del seísmo, más de 50.500 edificios se derrumbaron o necesitaron «una demolición urgente» debido a los graves daños estructurales sufridos. Otro 11.114 edificios sufrieron daños «moderados» y 99.300 tuvieron un daño «leve». Lo que no se había derrumbado podía hacerlo en cualquier momento. Ese era el contexto.

2023: milagros en Turquía

El día 11, cinco después de los dos terremotos, bomberos andaluces rescataron con vida a un menor que estaba atrapado bajo los escombros de un edificio afectado. Aquel rescate se prolongó durante diez horas.

Los efectivos, parte del equipo de la organización no gubernamental ‘Bomberos para el Mundo’, lograron en un primer momento ofrecer agua al menor cuando aún estaba sepultado. Tras utilizar maquinaria para destruir y retirar los escombros, consiguieron liberarlo.

Esa madrugada, infantes de Marina españoles participaron en el salvamento de otro niño, que estaba aún vivo entre los escombros de uno de los edificios derruidos en la zona céntrica de Iskenderun. Una treintena de militares de la 7ª Compañía del Segundo Batallón de Desembarco estaban colaborando en las labores de limpieza y desescombro del edificio cuando oyeron al niño, que llevaba cinco días sepultado.

Tras el aviso de los marineros españoles un equipo turco llevó a cabo la extracción final. «La situación era un poco caótica, ya que era el quinto día tras el terremoto y las posibilidades de encontrar alguien con vida disminuían drásticamente», relataba después uno de los infantes del batallón españo.

Tras 228 horas sepultada: «¿Qué día es?»

Los servicios de emergencia turcos seguían buscando personas vivas que rescatar, una tarea que se hacía más difícil conforme cada hora que pasaba. Por eso lo ocurrido el día 13, una semana después de los sismos, a muchos les pareció un milagro. Los rescatistas lograron sacar con vida a una mujer de 40 años cerca de 170 horas después de haber quedado sepultada bajo los escombros de un edificio destruido en la ciudad de Gaziantep.

Los equipos de búsqueda no cesaron en su empeño. Su labor dio otro fruto inesperado: rescataron con vida a una madre y sus dos hijos entre los escombros de un edificio en la provincia de Hatay, una de las regiones más castigadas por los terremotos. Llevaban 228 horas sepultados. Estaban completamente desorientados. Nada más ser liberados, en sus primeras palabras, la madre preguntó: «¿Qué día es?».

Si lo de esta madre y sus dos hijos fue un milagro, qué decir de lo ocurrido con Aleyna Olmez. Habían pasado diez días desde los sismos, cuando esta chica de 17 años fue rescatada de entre los escombros de un edificio que se derrumbó en la provincia central del sur de Kahramanmaras. Habían pasado 248 horas desde los terremotos y se habían producido más de 4.300 réplicas desde el temblor inicial.

Dos casos ciertamente extraordinarios

El terremoto de Haití en 2010 fue la mayor catástrofe del Caribe. Destruyó prácticamente toda la capital y se llevó por delante la vida de 430.000 personas (sin incluir a los desaparecidos). La intensidad del sismo de aquel 12 de enero fue de 7,0. Hubo también más de 600.000 heridos y más de 3,5 millones de damnificados.

Cuando las autoridades ya habían dado por terminada la búsqueda de supervivientes, apareció con vida Evan Muncie, un joven de 28 años. Había pasado 28 días atrapado bajo los restos del mercado donde trabajaba. Los equipos de rescate le encontraron con una grave desnutrición, deshidratación y los pies heridos e infectados, pero vivo.

Pero el caso más extraordinario del que se tiene constancia ocurrió en Pakistán el 8 de octubre de 2005. Un terremoto de magnitud 7,6 devastó amplias zonas del norte del país y de la región de Cachemira, matando a cerca de 90.000 personas fallecidas.

Cuando la búsqueda de supervivientes se daba por finalizada, varios vecinos que removían los restos de viviendas en Muzaffarabad encontraron con vida a Naqsha Bibi, de 40 años. Había permanecido 64 días bajo los escombros de su casa. Junto a ella había restos de alimentos podridos con los que pudo alimentarse durante estos dos meses. Se cree, además, que bebió el agua de lluvia que se filtraba entre los cascotes.

«Ni siquiera la estábamos buscando», declaró su sobrino. Su familia se encontraba limpiando el terreno y sacando escombros de lo que fue su casa, en el campo de refugiados de Kamsar, muy cerca de Muzaffarabad, la capital de la Cachemira paquistaní.

Cuando la sacaron, la vieron en tan mal estado que ni la llevaron al hospital. No fue sino hasta dos días después, cuando unos voluntarios de la Asociación Médica Islámica de Pakistán visitaron el campo de refugiados y vieron a la mujer. El equipo médico no tenía palabras. Cómo explicar que un ser humano había pasado más de dos meses sepultado y siguiera con vida.

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