Rescatan después de más de 30 horas sepultados a una madre y su bebé de 18 días: "Yo ya los daba por muertos" - Estados Unidos (ES)
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Rescatan después de más de 30 horas sepultados a una madre y su bebé de 18 días: «Yo ya los daba por muertos»

Publicado: junio 29, 2026, 11:23 am

Hace apenas dos semanas, la vida de Dayana y su marido daba un gran giro, acababan de convertirse en padres. Lo que no podían imaginar es que, solo 18 días después de dar la bienvenida a su hijo, su historia quedaría marcada por la tragedia. Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela, dejando ríos de destrucción a su paso.

El edificio en el que Dayana se encontraba con su bebé se derrumbó por completo. Su marido no estaba en casa y, al llegar, se encontró con un escenario imposible de asimilar. Las horas avanzaban y, con ellas, se desvanecían las esperanzas. Tras más de 30 horas bajo los escombros, las probabilidades de supervivencia de una madre y un recién nacido eran mínimas.

Pero entonces ocurrió lo inesperado. 32 horas después del derrumbe, Dayana Patiño y su hijo fueron rescatados con vida. «Yo ya los daba por muertos; al verlo a él, yo sentí que volvían a nacer. Al ver a mi hijo, no lo creía, o sea, le di gracias a Dios, esto es un milagro», relata el padre sobre el momento en el que vio a su hijo en declaraciones a la BBC. Sobre las horas que pasó sepultada, también habló la madre al medio inglés: «Todo era por mi bebé. Él fue mi motor para estar despierta y alerta de todo. Mientras él estuviera vivo, yo iba a estar viva para él. Cada cierto tiempo le tocaba la naricita y esa era la prueba de vida de él, de que estaba respirando», ha asegurado Dayana.

La secuencia de los hechos

En una entrevista para el medio venezolano Diario Primicia, Dayana explica que apenas diez minutos antes del terremoto había vuelto de pasear a su «perrito». Se puso a fregar junto a su hijo, que descansaba en la mecedora, cuando notó que todo estaba «temblando». Decidió entonces «agarrar al niño» y salir. Al principio pensó que «era un temblor leve», pero al ver cómo se «tambaleaba el mueble del televisor», comprendió que la situación era mucho más grave, asegura en su charla.

Fue en ese instante cuando comenzó a gritar y a llamar a su perra: «Kira, vente, vente», intentando huir de la vivienda. El animal no respondió y salió al balcón, por lo que Dayana tuvo que tomar una decisión desesperada: dejarla atrás y escapar. «Salí por las escaleras estando en un piso 8 y en ese momento se desplomó mi balcón y yo me resbalé. Con el niño en brazos. No sé cómo no lo solté nunca», afirma.

En medio del caos, sintió que entraba «como en agua», que se ahogaba, atrapada entre «tierra y agua», incrustada en un hueco y abrazada a su bebé. La desesperación la llevó incluso a cuestionar su fe: «Yo empecé a renegar de Dios, yo dije: ‘¿Por qué me haces esto? Yo voy a terminar así, si yo soy buena hija, si soy buena esposa, o sea, no le he hecho daño a nadie, ¿por qué me haces esto?», sostiene.

Sin embargo, en uno de los huecos encontró algo que la ayudó a serenarse: una biblia. Asegura que fue lo «único que la mantuvo serena» y lo que evitó que perdiera el conocimiento. «Yo nunca dormí, nunca sentí claustrofobia, siempre sentía una luz y aire«, afirma. También explica que no pasó frío porque orinó con frecuencia, algo que ayudó también a mantener el calor corporal de su bebé.

«Nadie me escuchaba. Yo lo que hacía era pegar gritos y decía: ‘Ayúdame, por favor, ayúdame, tengo un hijo recién nacido’. Me di cuenta de que nadie me escuchaba porque yo escuchaba a una vecina pidiendo ayuda e hice la prueba de ver si me podía escuchar. No podía, entonces supuse que nadie me escuchaba, por lo que dejé de gritar para no gastar energía. Dije que solo iba a gritar si escuchaba pasos o gente cerca. Y entonces, bueno, hasta que escuché a mi hermano, y volví a gritar y se dieron cuenta de dónde estaba», dice sobre los momentos de angustia que vivió.

El rescate puso fin a más de un día de angustia bajo los escombros y devolvió la vida a una familia que ya se daba por rota. «Lo perdimos prácticamente todo, aunque estamos nosotros, pero no tenemos hogares. Empezaremos nuestra vida desde cero a trabajar, sí, pero con mi familia eso es una motivación a seguir adelante, a crecer», sentencia el padre.

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