Publicado: junio 21, 2026, 8:23 am
Colombia celebra hoy la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre un candidato de ultraderecha, Abelardo de la Espírela, líder del movimiento Defensores de la Patria, y otro izquierdista, Iván Cepeda, del partido gubernamental Pacto Histórico en un ambiente de alta polarización y con enfrentamientos armados entre el ejército y grupos criminales vinculados al narcotráfico en diferentes zonas del país.
Aunque las encuestas favorecen a De la Espriella, la diferencia en la primera vuelta entre ambos candidatos fue menor de 700.000 votos, una cantidad casi similar a los votos en blanco y nulos que podrían ser decisivos en la votación de hoy.
Ambos candidatos necesitan votos prestados de otras fuerzas políticas que quedaron fuera de la contienda durante la primera votación de finales de mayo. El candidato ultraderechista podría recibir la mayoría de los votos de otros partidos minoritarios derechistas y el izquierdista quizá pueda arrancar el voto de ciudadanos centristas. El porcentaje importante de indecisos, según las encuestas, podría decantar definitivamente la balanza.
El Mundial de fútbol también tiene su influencia en el escrutinio de hoy. Las decenas de miles de colombianos que han viajado a los países que lo organizan no podrán votar. La norma afirma que un ciudadano sólo puede votar en su puesto habitual en Colombia o en el país de residencia habitual. No existe el voto a distancia del lugar registrado ni la inscripción exprés por motivos turísticos.
Durante la jornada de hoy domingo se celebran dos partidos en horario de apertura de los colegios electorales, el de España contra Arabia Saudita a las once de la mañana, y el de Bélgica contra Irán a las dos de la tarde, ambos en horario colombiano.
De la Espriella es un abogado antisistema con quien simpatiza el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha prometido mano dura contra los grupos criminales colombianos vinculados al narcotráfico y la extorsión y guerrillas izquierdistas protagonistas de actos de gran violencia en los últimos meses.
Apodado como «el Tigre», quiere construir megacárceles como su admirado presidente de El Salvador, Nayib Bukele y reducir el estado a imagen y semejanza del presidente argentino, Javier Milei, con una fuerte bajada de impuestos. Como abogado ha representado a paramilitares y narcotraficantes.
Iván Cepeda es un senador vinculado durante toda su carrera política a la defensa de los derechos humanos que ha ido a remolque del actual presidente Gustavo Petro, que finaliza su mandato con gran popularidad entre los estratos sociales más humildes al conseguir reducir la pobreza y subir el salario mínimo y las pensiones, pero desbordado por una gran ola de violencia con atentados con coches bombas, ataques con drones explosivos y el asesinato de un candidato presidencial. Cepeda es conocido por conseguir llevar a los tribunales al expresidente Álvaro Uribe por sus nexos paramilitares y su participación en masacres durante sus gobiernos entre 2002 y 2010.
Los ciudadanos consultados por este enviado especial sienten que la polarización y la guerra sucia entre ambos candidatos impide vislumbrar un escenario conciliador para el próximo presidente que le permita llevar a cabo las reformas necesarias para fortalecer el sistema de salud y la seguridad, las dos principales preocupaciones en la calle.
Los que van a votar a De la Espriella aseguran que Cepeda está vinculado a grupos guerrilleros izquierdistas y lo consideran incapaz de poner fin a la violencia. Los votantes de Cepeda aspiran a que su candidato profundice en las reformas iniciadas por el actual presidente Gustavo Petro.
Los partidarios de la mano dura consideran que el candidato derechista es el único capacitado para golpear a los miles de integrantes de bandas criminales que se han multiplicado en algunos departamentos. El fracaso de la política de diálogo con los grupos criminales del gobierno de Petro favorece a De la Espriella, partidario de bombardear las bases de los grupos ilegales con el apoyo de Estados Unidos.
Cepeda quiere reforzar los operativos militares en las áreas más amenazadas por los grupos criminales como las zonas portuarias, fronterizas y los corredores estratégicos por donde circula la cocaína y los minerales extraídos ilegalmente.
Cree que hay que fortalecer a las fuerzas de seguridad con una mejora de sus capacidades operativas y tecnológicas. Es partidario de dañar las estructuras económicas reforzando la cooperación internacional. Y considera que hay que neutralizar el poder de las bandas criminales en el interior de las cárceles.
De la Espriella cree que hay que luchar frontalmente contra el crimen organizado con detenciones masivas en megacárceles en zonas remotas del país y reforzar a la fuerza pública en las zonas rurales y los departamentos más aislados del país. También es partidario de restablecer las relaciones con Estados Unidos en materia de seguridad, que se han visto afectadas negativamente por la falta de simpatía y química entre los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro.
Mientras Cepeda quiere luchar contra el narcotráfico combatiendo el lavado de dinero y persiguiendo la corrupción mientras se regula el cannabis, la hoja de coca y la amapola, De la Espriella es partidario de erradicar desde el aire los cultivos de coca y los laboratorios que transforma la pasta básica en clorhidrato de cocaína. “Lo fundamental es empezar a fumigar todas las hectáreas de coca”, dijo en una entrevista.
La política de negociación con los grupos criminales del gobierno de Petro ha sido duramente criticada por De la Espriella por contribuir al fortalecimiento de las estructuras mafiosas y el aumento de la violencia. Si se convierte en el nuevo presidente, se ha comprometido a poner fin a las conversaciones de paz porque “con los criminales no se negocia” y ve necesario poner fin a “la pandemia de inseguridad que sufre Colombia”.
Cepeda ha admitido en los últimos días que no se puede permitir que el diálogo sea usado para el fortalecimiento de las organizaciones armadas. «La paz se construye con hechos verificables, no con promesas vacías», ha repetido en distintos mítines.
