Publicado: junio 11, 2026, 4:47 am
Nadie olvidará lo que pasó la noche del miércoles -madrugada del jueves en España- en el Madison Square Garden de Nueva York. Quienes estuvieron allí asistieron un milagro. Muchos más lo vieron por la tele. Fue un milagro que los Knicks dieran la vuelta a un partido que perdía por 29 puntos, la mayor remontada en la historia de las finales de la NBA. Fue un milagro que sus rivales, los San Antonio Spurs, se esforzaran en tirar el partido. Fue un milagro que Jose Alvarado -neoyorquino de nacimiento y de camiseta- no hiciera campo atrás y perdiera el balón cuando se acababa todo. Y sobre todo fue un milagro que, con el marcador casi a cero, OG Anunoby apareciera de la nada para tocar un balón escupido por el aro tras un triple del mejor de los Knicks, Jalen Brunson. Lo rozó con la punta de los dedos para anotar y poner a Nueva York por delante. Rugió el Madison Square Garden como un animal. Y fuera del estadio, en una ciudad que ha perdido la cabeza con los Knicks, debió ocurrir lo mismo. Con la victoria, el equipo de Nueva York se coloca 3-1 por delante en las finales de la NBA y acarician el título: necesitan una victoria más para colocarse el anillo de campeones que se les resiste desde 1973. El partido fue la resurrección de unos Knicks que estaban muertos casi desde el descanso -se fueron perdiendo 76-49 al vestuario-, tras una primera parte lamentable. Pero fue también el suicidio colectivo que ejecutaron los Spurs, en una segunda parte que pasará a la historia del deporte como una de las debacles más difíciles de explicar. Es difícil pensar que puedan remontar, desde lo deportivo y desde lo anímico, el golpe que se llevaron en el Madison Square Garden. Las series regresan ahora a San Antonio, donde este sábado se disputará el quinto partido. Para dar la vuelta a las finales, Víctor Wembanyama y el resto de los Spurs necesitarán algo como lo ocurrido hoy: un milagro.
