Publicado: junio 10, 2026, 7:15 am
La FIFA es una organización sin fines de lucro que ganará 13,000 millones de dólares en el Mundial 2026. 4,000 millones serán por derechos de televisión; 1,800 millones por patrocinios y cerca de 7,000 millones por venta de boletos, lugares VIP y mercadotecnia.
Con estos números, se siente raro que el impacto que la Copa del Mundo tendrá para la economía mexicana sea inferior a los 1,500 millones de dólares, 0.1 a 0.16% del PIB, de acuerdo con los cálculos de los economistas de Banamex. Traerá también 112,200 trabajos temporales, 0.19% del empleo total de México, según Deloitte.
La derrama del Mundial es apenas superior a los 20,000 millones de pesos que genera cada año el Gran Premio de la F1 de la Ciudad de México en tres días de competencia. La ocupación hotelera apunta a quedar por debajo del 60% en las tres ciudades sede. Queda por ver qué tan rentable sale la Copa del Mundo 2026 en todo lo relacionado con proyectar una gran imagen de México hacia el planeta.
Es una gran cosa ser el primer país anfitrión de tres mundiales, ¿cedió México soberanía a la FIFA para conseguirlo? En otros momentos, esta sería una pregunta para fastidiar al vecino. Aquí y ahora tiene sentido, porque en otros terrenos estamos discutiendo apasionadamente sobre el uso y abuso del concepto de soberanía.
El 18 de enero de 2018, México firmó una serie de compromisos con la Federación Internacional de Futbol Asociado que caben en un documento de 102 páginas. Temas relacionados con la seguridad en los estadios y de los participantes; trámites migratorios; derechos económicos y jurídicos del organismo rector del futbol; compromisos de infraestructura de movilidad y telecomunicaciones; protección de marcas… casi todo está ahí. Desde el compromiso de “parchar” el Aeropuerto de la Ciudad de México y ofrecer servicios de telecomunicaciones de clase mundial sin costo para la FIFA y los participantes, hasta el “legado” social, que incluye la construcción de 2,400 canchas de futbol que quedarán para después del Mundial.
La FIFA no pagará impuestos en México, tampoco lo hará en Estados Unidos y Canadá. No lo hizo en Qatar ni en Rusia o Brasil. En ningún lado. Es una organización sin fines de lucro que es capaz de proteger “su territorio” de la interferencia de las leyes locales. Sus privilegios van mucho más allá de lo tributario. Las controversias sobre las condiciones laborales de los futbolistas no pueden llevarse a tribunales locales, porque hacerlo significaría la posible desafiliación de la FIFA, una organización que tiene más países miembros que la ONU. 211 frente a 193.
La FIFA tomó control de los estadios sede desde el 1 de junio, aunque la CNTE se reserva el derecho de poner un asterisco. Mientras dure el Mundial, desaparecen los nombres de los patrocinadores oficiales de cada estadio. En vez de Banorte, AKRON y BBVA se llamarán Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. La controversia sobre los derechos de los dueños de palcos del Estadio de la Ciudad de México es un buen ejemplo de la autoridad que ejerce la FIFA. Se salió con la suya y no cedió nada. Cobró 1,000 millones de pesos por dejar a los dueños usar sus palcos los cinco partidos y cobrará entre 20 y 50,000 dólares a cada uno por servirles alimentos y bebidas.
El “legado” del Mundial incluye la modificación a algunas leyes. En materia de protección a la propiedad industrial tendremos una legislación que protege contra la mercadotecnia de emboscada, también conocida como parasitaria. Para fines prácticos, esto significa que la protección de las marcas de los patrocinadores oficiales irá mucho más allá del estadio y combatirá bastante más que la piratería.
Se puede impedir la entrada al estadio de un aficionado que lleve algo que pueda ser interpretado como publicidad de una marca no autorizada. Si una empresa que es competidora de un patrocinador oficial quisiera poner publicidad o vender productos cerca de los estadios, podría ser sancionada con multas millonarias y su mercancía podrá ser retirada o incluso destruida.
La aplicación práctica de esta ley podría sacar chispas, ¿cuántas cuadras a la redonda del estadio abarcará la prohibición y combate? ¿Cuántos elementos de seguridad se dedicarán a perseguir a estos infractores? No perdamos de vista que somos un país con tasas de impunidad superiores al 96%, donde hay criminales peligrosísimos en libertad.
El éxito de la FIFA es hacerle creer al mundo que la fiesta es de todos, cuando se trata de un evento que está en proceso de gentrificación, una propiedad tan celosamente cuidada que no deja que cualquiera use palabras como Copa del Mundo o World Cup.
