China desafía al poder del petróleo para convertirse en el primer "electroestado" global - Estados Unidos (ES)
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China desafía al poder del petróleo para convertirse en el primer «electroestado» global

Publicado: junio 7, 2026, 3:00 am

China debería estar muy preocupada. Cada día consume entre 15 y 16 millones de barriles de petróleo, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Importa cerca de tres cuartas partes de ese volumen y alrededor de la mitad llega desde Oriente Medio. Si alguien tenía motivos para mirar con miedo hacia el estrecho de Ormuz, era precisamente Pekín.

Esa dependencia lleva años quitando el sueño a los dirigentes chinos. Ninguna gran potencia quiere dejar una parte tan importante de su economía en manos de rutas marítimas que no controla. Tampoco depender de regiones donde una crisis geopolítica puede disparar los costes energéticos de la noche a la mañana. Por eso, mucho antes de que la transición energética se convirtiera en una prioridad para Europa o Estados Unidos, China ya había comenzado a invertir cantidades gigantescas de dinero con el objetivo de reducir el peso del petróleo dentro de su economía.

Según la AIE, la electricidad representa cerca del 30% del consumo final de energía del país, una proporción superior a la de Estados Unidos y a la media europea. Detrás de ese porcentaje aparecen más de diez años de inversiones en redes eléctricas, energía solar, baterías, transporte ferroviario y vehículos eléctricos que han ido modificando poco a poco la forma en la que funciona la segunda economía mundial.

El cambio se mide sobre el asfalto

Una parte de esa transformación ya circula por las carreteras chinas. Bloomberg estima que la flota de vehículos eléctricos del país está desplazando más de un millón de barriles diarios de petróleo, una cantidad equivalente aproximadamente a toda la producción de crudo de Omán. Las previsiones, apuntan además, a que otros 600.000 barriles diarios de demanda podrían desaparecer durante los próximos doce meses si se mantienen los actuales ritmos de electrificación.

Las cifras llaman todavía más la atención cuando se observan las ventas. El mercado chino comercializa más de 12 millones de vehículos eléctricos al año, más que el total de automóviles vendidos conjuntamente en algunos de los principales mercados europeos. La consecuencia es que la demanda de gasolina ha regresado a niveles comparables a los observados durante los confinamientos de 2022, pese a que la movilidad y la actividad económica se encuentran hoy muy por encima de aquellos registros.

Mientras el automóvil privado concentra la atención de fabricantes e inversores, los analistas energéticos observan cada vez con más interés otro segmento menos visible. En 2020, prácticamente el 99% de los camiones pesados vendidos en China utilizaban motores diésel. Cinco años después, los modelos eléctricos ya representan cerca del 9% de las nuevas matriculaciones y la tendencia sigue acelerándose.

La evolución parece modesta hasta que se recuerda qué papel desempeñan estos vehículos dentro de la economía china. Son los encargados de transportar materias primas, componentes industriales y mercancías a través de miles de kilómetros de carreteras que conectan fábricas, puertos y centros logísticos. Cada punto de cuota que gana la electricidad tiene un efecto mucho mayor sobre el consumo energético que en el automóvil privado. CATL, el mayor fabricante mundial de baterías, prevé que la electrificación del transporte pesado continúe avanzando durante esta década y llegue a representar una parte muy relevante de las nuevas ventas antes de 2030.

Cambio energético

Reducir la dependencia del petróleo, sin embargo, solo era una parte del plan. La otra consistía en controlar las industrias necesarias para sustituir esa materia prima. Según la AIE, China concentra alrededor del 80% de la capacidad mundial de fabricación de paneles solares, lidera la producción global de baterías y mantiene una posición dominante en varias fases del procesamiento de minerales estratégicos.

Cuando el crudo se dispara, los gobiernos y las empresas aceleran inversiones destinadas a electrificar el transporte, la industria y la generación eléctrica. Redes, baterías, sistemas de almacenamiento, vehículos eléctricos y paneles solares pasan a ocupar una posición más relevante dentro de las estrategias energéticas nacionales. Y una parte creciente de esos equipos sale de fábricas chinas. El mismo petróleo que durante décadas otorgó influencia a productores como Arabia Saudí, Rusia o Irán está impulsando ahora inversiones destinadas a consumir menos petróleo. Cuanto mayor es la preocupación por la seguridad energética, mayor suele ser el interés por las tecnologías que permiten reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Adam Tooze, un destacado historiador económico británico y profesor en la Universidad de Columbia, utiliza el término electroestado para describir economías capaces de construir influencia alrededor de la electricidad del mismo modo que otros países construyeron su poder alrededor del petróleo y el gas. China sigue siendo el mayor importador de petróleo del planeta y, al mismo tiempo, lidera la producción mundial de buena parte de las tecnologías destinadas a reducir el consumo de petróleo.

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