Publicado: junio 5, 2026, 11:31 pm
Florentino Pérez fue tajante en 2017: «Queremos que el Madrid siga siendo de sus socios; si dejamos que venga alguien a poner dinero, malo, el club ya no es nuestro«. Su frase no admitía interpretaciones, la entrada de capital privado era incompatible con que el club siguiera perteneciendo a sus socios. Hoy intenta convencer al madridismo de lo contrario. Y lo hace sin explicar qué ha cambiado, sin presentar un plan detallado, sin aclarar las consecuencias jurídicas. Pide confianza donde debería ofrecer transparencia. El compromiso notarial es un paso en la dirección correcta. Sin embargo, el debate no puede limitarse a una cuestión de confianza personal. Uno de los razonamientos utilizados por el presidente consiste en afirmar que la entrada de un inversor permitiría conocer cuánto vale realmente el Real Madrid. Pero para valorar una entidad no es necesario vender una parte de ella. Hay mil fórmulas. ¿Y para qué hacer una valoración? Hacerlo supone una tentación para vender o de utilizarlo como aval a cambio de algo (¿cómo se limita que el socio pueda negociar con su acción libremente?) y por otro una invitación a que el fisco quiera sacar tajada (¿cuánto le podría costar al año a cada socio el cambio de modelo?). Florentino también afirma que la acción de los socios pasará en herencia de padres a hijos. Pero, ¿cómo se podría imponer el destino de una herencia, siquiera controlarlo? ¿O que lo que se herede sea indivisible? ¿Cuál sería el régimen de transmisión de estas acciones? Cuando Florentino afirma que los socios no tienen una propiedad real, lo que está haciendo es cuestionar el propio fundamento del modelo asociativo del Real Madrid, está sugiriendo que solo es propietario quien posee un activo monetizable, y esa visión supone un cambio ideológico enorme, porque convierte una institución social y deportiva en un producto financiero. Otra afirmación difícil de creer es que un inversor privado podría entrar en una estructura vinculada al Real Madrid y no tener capacidad real de influencia. Eso no sucede en el mundo empresarial, en los mercados. Y si hoy se habla de vender un 5% o de un 10% del club, nadie puede garantizar qué porcentaje se planteará dentro de diez años, porque no se han explicado los mecanismos que impedirían futuras ampliaciones de capital, ni cómo se evitaría la dilución progresiva de los socios, ni qué ocurriría cuando aparecieran nuevas necesidades de financiación y precisamente ahí reside el verdadero riesgo. La historia empresarial está llena de operaciones que comenzaron siendo minoritarias y terminaron transformando completamente la estructura de control. Florentino Pérez insiste en que todo se hace para proteger al Real Madrid, pero cuanto más habla de la propuesta, menos la explica. Porque explicar el proyecto con total claridad obligaría a reconocer algo que lleva años evitando admitir: que la entrada de capital privado implica inevitablemente compartir parcelas de poder que hoy pertenecen exclusivamente a los socios y eso choca frontalmente con su discurso. Y conviene recordar una realidad evidente: en algún momento Florentino Pérez dejará de ser presidente del Real Madrid. Por eso, aunque su compromiso notarial tenga valor y deba ser respetado, su alcance está inevitablemente vinculado a su propia permanencia en el cargo. La cuestión que debe preocupar a los socios no es únicamente qué ocurrirá mientras él sea presidente, sino qué mecanismos jurídicos y estatutarios garantizarán la protección del modelo asociativo cuando ya no lo sea. De modo que una campaña electoral después seguimos sin entender cómo el Madrid que Florentino tiene en la cabeza no es privatizarlo.
