Publicado: junio 3, 2026, 4:23 am
«Estás completamente loco. Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el pellejo. Ahora todo el mundo te odia. Todo el mundo odia a Israel por esto». Este mensaje de Trump a Benjamin Netanyahu, confirmado por fuentes conocedoras de la conversación, es el claro ejemplo de que Estados Unidos e Israel ni quieren ni buscan lo mismo en la guerra en Oriente Medio. Washington prioriza un acuerdo con Irán que no llega, y en el que es clave el desbloqueo de Ormuz, mientras Israel se enfoca en su lucha contra Hezbolá en el Líbano, en una dinámica similar a la que ha seguido para luchar contra Hamás en Palestina, a la vez que busca la desestabilización de un rival estratégico como Teherán.
Por un lado, la Casa Blanca sigue buscando un pacto con Irán que pueda vender como una victoria. La Administración Trump extendió el alto el fuego con Teherán, que se mantiene a duras penas, con la mirada puesta en acelerar las negociaciones, reabrir el estrecho de Ormuz, y posteriormente poder tratar el tema del arsenal nuclear iraní, que se ha quedado fuera de la primera fase de las negociaciones. Eso sí, el régimen iraní avisa de que se ha rearmado en el tiempo que va de tregua. «La Guardia Revolucionaria Islámica está preparada para todos los escenarios posibles. Si el enemigo regresa al ámbito militar, el tipo de operaciones, la geografía de la batalla e incluso el tipo de armas utilizadas serán diferentes», expresó el ejército de los ayatolás en un comunicado.
Estados Unidos es consciente de que no puede alargar demasiado la guerra, de ahí el enfado de Trump con Israel. Considera que los pasos que está dando Tel Aviv boicotean su propia estrategia: un alto el fuego largo -aunque débil- con Irán, espacio para la negociación y un conflicto que no se eternice. Mientras Netanyahu sigue atacando da la sensación de que quien marca los tempos de la guerra, eso sí, es Israel. El presidente estadounidense sabe por su parte que el coste político de lo que pasa (y de lo que pase) recae case exclusivamente sobre él.
Israel, en cambio, tiene otra hoja de ruta pese a que Trump se ha vanagloriado de haber convencido a Netanyahu de frenar su ofensiva en el Líbano. «He mantenido una llamada muy productiva con el primer ministro ‘Bibi’ Netanyahu de Israel y no habrá tropas que vayan a Beirut y las tropas que estaban de camino están ya de regreso«, se recogió en la versión más diplomática de la conversación entre ambos. No fue tan optimista el propio primer ministro israelí, que avisó de que «si Hezbolá no cesa de atacar» a ciudades y población israelí, «Israel atacará objetivos terroristas en Beirut». Así, para Tel Aviv su postura no cambia: «Nuestra posición es firme». Es más, las tropas israelíes denunciaron ataques precisamente por parte del grupo terrorista desde el Líbano pese al acuerdo con EEUU.
La lucha de Israel es contra el terrorismo, y así lo enfoca su Gobierno: de hecho, ya no mira hacia Teherán. Tel Aviv y Washington iniciaron el conflicto como ‘socios de guerra’ pero ahora cada uno mira por lo suyo. De hecho, sobre el terreno el Ejército israelí desoyó la comunicación con Trump y lanzó una ofensiva que desembocó este martes en diez muertos en el sur del país; dos de las víctimas mortales son niños, según la Defensa Civil Libanesa. Al mismo tiempo, El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha avisado este martes de que el Ejército bombardeará barrios de Beirut que vincula con Hezbolá «si continúan los ataques», dijo, desde el lado libanés.
Para Irán, en cambio, todo está interconectado y el régimen ayatolá amenaza con detener el proceso de negociación si Israel no cesa sus ataques contra territorio libanés. El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, avisó de un «enfrentamiento directo» de Teherán con Israel y Estados Unidos si no se aplica el alto el fuego al Líbano. «Si la agresión israelí contra Líbano continúa, no solo suspenderemos el proceso de negociación sino que nos enfrentaremos directamente al enemigo«, recalcó, e insistió en que el régimen no va de farol: «Son totalmente conscientes de que esto no es una amenaza vacía y estamos preparados para una respuesta militar», advirtió en un mensaje en redes sociales.
Quien marca la agenda sigue siendo Netanyahu y quien asume los costes es Trump
En ese escenario, la principal amenaza es que la guerra en Oriente Medio no tenga salida alguna. El politólogo iraní Daniel Bashandeh explica a 20minutos que es entendible el enfado de EEUU y que queda claro que las agendas no son las mismas. Pero en esa diferencia, dice «es evidente que quien está pagando la factura es Donald Trump. Todo apunta a que Donald Trump buscaba un desbloqueo político para dar lugar a una reorganización política en Irán y así poder negociar con nuevos interlocutores el tema del programa nuclear», recuerda. Mientras, Netanyahu «tiene el objetivo de mantener a Irán debilitado, desmilitarizado y a poder ser en constante desestabilización al ser un rival directo en la región». De este modo, la conclusión que saca es clara: «Quien marca la agenda sigue siendo Netanyahu y quien asume los costes es Trump».
Precisamente que Netanyahu marque los pasos convierte «en una posibilidad» que la guerra se enquiste. A ojos de Bashandeh, el primer ministro israelí «no está interesado en una interlocución entre Trump y los nuevos dirigentes iraníes». Sus acciones en el Líbano, por ejemplo, dificultan el diálogo entre Washington y Teherán, algo «que aprovecha Irán para regionalizar unas negociaciones que continúan estancadas». Eso sí, el lado estadounidense también tiene parte de responsabilidad, según el analista. «Trump tampoco está aprovechando las situación actual de los nuevos interlocutores iraníes, que necesitan mostrar resultados concretos a los diferentes actores del sistema para tejer alianzas y consolidar su posición interna. Su estrategia se basa en la presión más que en las concesiones. No está dando una salida política», expone.
Trump y Netanyahu empezaron la guerra siendo amigos… ahora ya no lo son tanto. Y el momento actual podría ser, comenta Bashandeh, una ventaja para el régimen iraní. «A través del conflicto, se prioriza la cohesión y con ello, buscan desgastar a Trump con el tema de Ormuz«, sostiene. Pero a largo plazo, la República Islámica «necesitaría una estrategia más allá de la guerra» ya que los problemas estructurales siguen presentes: falta de legitimidad política, crisis económica y generacional, entre otros. «Por ello, necesitan también llegar a un entendimiento para reactivar el país. La clave está en si los nuevos líderes podrán consolidar un nuevo equilibrio de poder», concluye.
