Publicado: junio 2, 2026, 2:23 pm
La esperanza de vida en España ya se sitúa por encima de los 84 años. Quizás este aumento de la edad, está ligado al concepto de longevidad cada vez más presente en la sociedad. Lo cierto es que así como los humanos buscan la clave de la felicidad, también buscan la clave para ser más longevos, pero llegar a superar una edad octogenaria no tiene porqué ir relacionado con vivir mejor. En esto coinciden los expertos en epigenética, ya que aunque la medicina de hoy permita una vida algo más larga, los tóxicos y radicales libres descontrolados estarían activando el mecanismo de frenos de la longevidad.
Marcos Mazzuka, médico especializado en medicina regenerativa y con expertise en longevidad ha reconocido en diversas charlas la posibilidad de alcanzar edades por encima de lo habitual. Durante una conversación en el podcast ‘Tengo un Plan’, Juan Domínguez le pregunta al doctor si podríamos superar los 100 años de vida si no hubiera presencia de tóxicos y gozáramos de buena salud, a lo que el médico le responde que se podría vivir mucho más de 100 años.
La edad que podría alcanzar el ser humano sin tóxicos
El médico recupera en esta conversación uno de los principales estudios sobre la longevidad para justificar su respuesta, el realizado por Denham Harman en los años 50. «Él cogió células de varias razas humanas para ver si había diferencias genéticas o lo que fuese, porque la idea era ver cuánto tiempo tardaba ese grupo celular a multiplicarse, hacer su trabajo y morir«, explica el médico, añadiendo que el químico americano colocaba esas células en las condiciones utópicas perfectas de buena hidratación, buena luminosidad, buena nutrición, etc. y las fue siguiendo.
El académico elaboró así un cálculo logarítmico basado en el siguiente contexto: «Si esta célula ha tardado tanto tiempo en morir, significa que ese órgano podría ser reemplazado en tanto tiempo y por lo tanto, ese individuo podría vivir más tiempo». Unos cálculos que, según Mazzuka le dieron mucha fama en aquellos tiempos, al igual que la imponente frase que pronunció: «envejecer es una enfermedad».
Una frase que siguió a otra más contundente todavía. Y, es que, en esa parábola de vida que realizó con su cálculo, el académico llegó a cifrar los 135 años de vida. En este sentido, si el promedio de fallecimiento se sitúa entre los 70 y los 80 años, Harman se preguntó: «¿Dónde están los 50 años que me han quitado?».
Marcos Mazzuka, ha contado que este fue así el inicio de la epigenética, momento en el que se llegó a la reflexión de «si yo no me estoy muriendo, porque yo lo he demostrado, que en condiciones perfectas de nutrición, de hidratación, de luminosidad y mis genes podrían llegar a la edad de 130 y pico de años, pero me estoy muriendo antes, entonces no es genética. Es del entorno».
¿Por qué morimos? El exceso de radicales libres
El médico cuenta durante la conversación el motivo por el que se envejece, que es lo que él denomina la antesala a la muerte. Esto le lleva así a lo ya descubierto sobre la telomerasa, la enzima que permite que los telómeros no se acorten. Los telómeros son los extremos que protegen nuestros cromosomas, hay que pensarlo en forma de X. Y es eso lo que estudia la medicina regenerativa, donde entra también en juego los radicales libres.
«Los radicales libres son moléculas que dañan todo lo que pueden dañar, porque los radicales libres roban electrones. Si ellos roban electrones de la telomerasa, significa que han dañado la telomerasa. Y si la telomerasa no puede fabricar telómeros, esa trenza poco a poco va perdiendo el nudo, se va deshilachando y va a exponer los genes. Y los genes se pueden o perder o entrar un virus, un tóxico y producir una mutación», explica Mazzuka
Ahora bien, aunque el doctor reconoce que una mínima parte de los radicales libres es necesaria para la vida, una ausencia de ellos según la doctora Blasco, quien estudió los telómeros y su funcionamiento, podría evitar envejecer y por tanto morir. Sin embargo, pese a los radicales libres que se forman de forma natural en el organismo, el entorno está mucho más lleno de ellos: la contaminación, el humo del tabaco, el alcohol, la radiación o los alimentos ultraprocesados. Todo ello nos aleja de las condiciones óptimas para vivir más.
