Publicado: junio 2, 2026, 12:23 pm
Los fármacos agonistas del receptor de GLP-1, diseñados originalmente para tratar la diabetes tipo 2 y convertidos hoy en un fenómeno mundial para el control del peso, están demostrando también una relación particular con el cáncer de mama , el más diagnosticado en mujeres. Estudios previos habían señalado que, aquellas mujeres que habían padecido un tumor mamario y consumían este tipo de fármacos (Ozempic, Wegovy, Mounjaro) tenían menos probabilidad de que reapareciera, y por tanto más probabilidad de supervivencia. Pero además de la recurrencia , los fármacos parecen afectar a la incidencia: esta semana, una investigación retrospectiva basada en los registros de salud de más de 110.000 mujeres ha revelado que aquellas que recibieron estas inyecciones mostraron aproximadamente un 30 % menos de probabilidades de desarrollar cáncer de mama en comparación con quienes no los tomaron. El trabajo, presentado este martes en la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO por sus siglas en inglés) y publicado simultáneamente en la revista ‘ JCO Oncology Practice ‘, aporta uno de los análisis más robustos hasta la fecha sobre el impacto de estos compuestos en la incidencia oncológica. Liderado por la Universidad de Pensilvania, el hallazgo ya ha puesto en marcha los preparativos para un ensayo clínico multicéntrico que intente confirmar si este vínculo es causal . «Aunque nuestro estudio es observacional y no confirma de forma definitiva una asociación directa, sí se suma a un cuerpo de evidencia creciente que sugiere que vale la pena investigar estos fármacos como herramientas potenciales para la prevención del cáncer», explica Elizabeth McDonald, profesora de Radiología en la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania y autora principal del estudio. Para dilucidar el impacto real de los fármacos en el tejido mamario, el equipo de investigación analizó los expedientes médicos electrónicos de 111.646 mujeres de entre 45 y 80 años recogidos entre enero de 2022 y junio de 2025. Todas las participantes compartían un criterio inicial: un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 25, el umbral que delimita el sobrepeso , y contaban con un historial documentado de pruebas de imagen mamaria. Del total, 15 264 mujeres (el 13,7 %) habían utilizado medicamentos GLP-1. Para evitar los sesgos habituales de este tipo de estudios epidemiológicos, los científicos diseñaron una segunda cohorte más estricta de 30.528 mujeres. En este subgrupo, cada paciente tratada con GLP-1 se emparejó de forma individualizada con un control que compartía exactamente su misma edad, raza, etnia, IMC, densidad mamaria y diagnóstico de diabetes. La ventaja estadística se mantuvo sólida en ambos escenarios: una reducción del 35,1 % en las probabilidades de desarrollar un nuevo cáncer de mama en el análisis global, y del 30,5 % en el grupo de control emparejado. La comunidad científica sospecha que el beneficio de estos compuestos va mucho más allá de la simple pérdida de peso. El sobrepeso y la obesidad, especialmente tras la menopausia, son factores de riesgo conocidos para el cáncer de mama debido a la producción de estrógenos en el tejido adiposo. Sin embargo, los investigadores apuntan a un segundo mecanismo crítico: la inflamación crónica de bajo grado . Los análogos de GLP-1 actúan imitando una hormona natural que regula el azúcar en sangre y el apetito, pero también modulan vías metabólicas y epigenéticas, reduciendo de forma sistémica la inflamación. La hipótesis actual del equipo de McDonald es que este impacto multifactorial bloquea activamente los entornos celulares que favorecen el desarrollo y crecimiento de los tumores. «Los medicamentos GLP-1 son fascinantes desde la perspectiva de la investigación del cáncer porque, aunque no se diseñaron para la terapia oncológica , afectan a muchas dianas y vías diferentes asociadas con el desarrollo de tumores, por lo que estamos ansiosos por estudiarlos en este contexto», subraya la investigadora del Abramson Cancer Center. Actualmente, las estrategias de intervención médica para prevenir el cáncer de mama en mujeres con alto riesgo genético o familiar son escasas y conllevan un fuerte impacto en la calidad de vida. Las opciones principales se reducen a la mastectomía profiláctica (extirpación quirúrgica de las mamas) o al uso de fármacos como el tamoxifeno. Aunque este último es altamente eficaz, su tasa de aceptación entre las pacientes elegibles es muy baja debido a sus severos efectos secundarios . Frente a este panorama, los fármacos GLP-1, que ya son utilizados de manera segura por millones de personas en todo el mundo, se perfilan como una alternativa de prevención mucho más tolerable y accesible . El próximo paso de los investigadores de la Universidad de Pensilvania será evaluar su eficacia real en mujeres de alto riesgo mediante un ensayo prospectivo, el estándar de oro en la investigación clínica. «En última instancia, lo que queremos es encontrar mejores opciones para prevenir el cáncer de mama», concluye McDonald. «Ha sido un aliciente ver cómo las tasas de supervivencia han mejorado en las últimas décadas gracias a los tratamientos, y nos encantaría ver esos mismos avances en el campo de la prevención».
