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Señoras y señores, hablemos de dinero

Publicado: mayo 27, 2026, 5:53 am

Sí, hablemos de dinero. Pero del dinero ‘sano’, ese dinero legal y limpio que la mayoría de los ciudadanos utiliza a diario. No hablemos del dinero negro y corrupto, del dinero ‘sucio’ que los presuntos corrompidos esconden en lujosas bolsas de golf con la esperanza de que nunca les pillen con las manos en la masa o las joyas en la caja.

No hablemos del dinero putrefacto que nace a la sombra del poder y que cuando se destapa por obra y gracia de la fiscalía o de la policía acaba oliendo a podrido y acaparando todos los días las portadas de los medios de comunicación para escándalo de incautos y asombro de paganinis que todavía creen que Hacienda somos todos.

La democracia no muere de repente un buen día por culpa de un resfriado. Las democracias mueren lentamente cuando el ciudadano -ese inocente ‘pagano’, que según la RAE sufre algún perjuicio por culpa ajena- deja de creer que su voto y su voz sirvan para algo en su propio país porque ve que las decisiones se toman en despachos a cambio de favores, contratos y sobornos.

Cuando un político roba, no roba solo dinero público; roba también la confianza, la legitimidad y la idea misma de que todos somos iguales ante la Ley. También nos roban la triste esperanza de que ellos están en el poder para servir a los ciudadanos y no para servirse de ellos. Y menos, para llevarse el dinero que aportan los votantes con sus impuestos con el claro objetivo de construir una sociedad más prospera y no, precisamente, para “llenar” los bolsillos de los políticos.

Si la situación no fuera tan lamentable, tendría su mueca de ironía: Pedro Sánchez llegó al poder tras una moción de censura contra Mariano Rajoy, motivada y avalada en la tribuna de oradores del Congreso por el mismísimo José Luis Ábalos, hoy en la cárcel, que centró su tiro de gracia en la corrupción, que según sus palabras existía en el PP. Pasados ocho años, nos encontramos ante un espejo cóncavo que amplía el tamaño de esa misma corrupción en el PSOE. Parece que nada ha cambiado; parece que nadie ha escarmentado.

No todos los políticos son iguales, los hay peores, pero también los hay mucho mejores, o eso debemos esperar para bien de nuestro futuro. Lo malo de esta situación es el aroma a soberbia y codicia que les entra a la mayoría de cargos públicos. Cuando están en el poder se transforman y sus grandes valores de honradez dejan de cotizar al alza en su mente confundida sin que nadie lo impida, ya que los buenos asesores que pululan a su alrededor mudan con el tiempo en babosos aduladores.

La maldita corrupción siempre incide en el parné, y este siempre parece escaso a la hora de poseerlo. Además, la corrupción distorsiona la economía y la justicia. Los contratos no se adjudican al mejor, sino al que mejor paga la comisión. Las empresas honestas no pueden competir. Los jóvenes con talento se van fuera porque aquí ven que progresar depende más de los contactos que del mérito. Una democracia que no premia el esfuerzo y el trabajo bien hecho deja de ser una democracia y se convierte en una partitocracia que favorece el clientelismo.

Tal y como está el patio nacional, ha llegado la hora de que nos pongamos todos las pilas para mejorar y pulir a la clase política y salvar la democracia española. Puede ser difícil pero no es imposible. Hay que empezar por la tolerancia cero con la corrupción. Caiga quien caiga, y se llame como se llame. Si la Justicia y las pruebas lo confirman, hay que actuar con todo el peso de la Ley. Sin medias tintas, sin indultos políticos, sin leyes hechas a medida para proteger a los tuyos. Sin olvidar, por otra parte, la necesidad del respeto debido a una Justicia garantista y controlada por las propias actuaciones procesales.

Hace tiempo que las instituciones han dejado de estar al servicio del ciudadano, y somos nosotros, los votantes, los que estamos al servicio de las instituciones. Hasta que esto no cambie, seguiremos viviendo en una democracia de aparente fachada donde el voto solo sirve para elegir quién gestiona el reparto del botín.

Como dijo Marco Aurelio, «para saber vivir has de tener claro que el deber más importante es el bien común (servir al ciudadano); el segundo es no ceder ante las pasiones corporales (el dinero y la codicia); y el tercero es no precipitarse ni dejarse engañar (por los corruptores)».

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