Publicado: abril 29, 2026, 2:23 pm
El tráfico avanza lentamente hacia el sur del Líbano, atravesando el puente de Qasmiyeh, que fue bombardeado y parcialmente destruido por las fuerzas israelíes. Decenas de miles de familias que tuvieron que abandonar su tierra tratan de regresar a sus hogares o a lo que queda de ellos. A fondo, hasta donde alcanza la vista, el paisaje aparece trufado de plantaciones de cítricos y plátanos que se extienden por todas partes. Muchas de estas personas se dirigen a la ciudad costera de Sour, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y también conocida como Tiro, que ha sufrido 46 días de intensos bombardeos israelíes. Allí se encontrarán con quienes nunca llegaron a abandonar la ciudad a pesar de las órdenes emitidas por el Gobierno de Israel.
La magnitud de la destrucción causada por los ataques ha transformado la ciudad y a sus habitantes. Mientras las palmeras bordean el paseo marítimo del Mediterráneo, donde muchos barcos de pesca permanecen amarrados a la espera de que alguien los saque de nuevo a la mar, los edificios de hasta diez plantas de los alrededores han quedado reducidos a escombros. Las casas y las calles han sido sustituidas por cráteres de varios metros de profundidad, y los coches yacen abandonados, perforados por la metralla.
Quienes permanecieron en la ciudad (tan solo una minoría) quedaron prácticamente aislados después de que los ataques aéreos destruyeran las principales carreteras y puentes que conectaban el sur con el resto del país. Los trabajadores humanitarios se retiraron; el personal sanitario se enfrentaba a ataques casi a diario, y los bombardeos continuos obligaban a la gente a refugiarse en sus casas sin apenas pisar la calle.
Aunque el alto el fuego trajo cierta sensación de alivio, su fragilidad y las amenazas constantes por parte de Israel de que es tan solo temporal y que podría romperse en cualquier momento no aportan ninguna seguridad. El sonido de los drones israelíes sobrevolando la zona y los ecos de explosiones cerca de la frontera tampoco ayudan a que nadie esté tranquilo. Aquí, cualquier persona con la que hables, te dirá que la pregunta es cuándo se reanudarán los ataques y si tendrán acceso a alimentos, combustible y medicinas. También tienen la duda de si podrán volver alguna vez si se ven obligados a marcharse de nuevo.
Aislados, bombardeados y sin acceso a la atención médica
A lo largo de los 46 días de bombardeos israelíes, las personas que permanecieron en el sur no lo hicieron porque fuera seguro, sino porque les resultaba imposible marcharse debido al coste, la falta de refugio, el miedo a perder sus hogares y la sensación de humillación que supone el verse desplazados a la fuerza. En la última escalada, muchas personas de Sour y sus alrededores ya habían sido desplazadas de localidades cercanas a la frontera sur debido a las incursiones israelíes en sus hogares durante los últimos dos años. Y no estaban dispuestas, o simplemente no podían, volver a pasar por todo eso otra vez.
«Nos quedamos aquí y no nos fuimos, gracias a Dios», dijo Hamad Darweesh, secretario de la comunidad palestina de Jal El Bahr en Sour, donde su familia fue desplazada en 1948 a causa de la Nakba. «Durante casi 50 días, estuvimos atrapados. No teníamos ni siquiera lo más básico para sobrevivir. Tampoco había atención médica ni nada».
Los ataques contra el sistema sanitario y los continuos bombardeos de las fuerzas israelíes cortaron el acceso de la población a la atención médica. Los ataques israelíes se producían con y sin previo aviso, incluso contra centros de salud y ambulancias o en sus inmediaciones. Mientras que la mayoría de los trabajadores internacionales abandonaron el sur debido a la inseguridad, los centros de salud locales también tuvieron que cerrar a causa de los ataques que se producían en sus inmediaciones. La gente no podía salir a la calle y evitaba las aglomeraciones o separaba a los miembros de la familia para reducir el riesgo de que todos murieran en los bombardeos.
Y es que no conviene olvidarlo: el balance de estos bombardeos y ataques de las fuerzas israelíes contra los equipos de primera intervención, así como contra hospitales y centros de salud y zonas circundantes, es devastador: más de 100 trabajadores sanitarios muertos y 233 heridos, en un total de 147 ataques documentados desde el 2 de marzo hasta el inicio de la tregua.
«Algunos pacientes crónicos o en tratamiento se quedaron sin la medicación que necesitaban», dice Aida Hassounch, médica generalista de MSF. «En ese momento, la prioridad era conseguir algo de comida y agua, así que todo aquello pasó a un segundo término. Hablas con cualquiera y todos te dicen lo mismo: no tienen ninguna sensación de seguridad respecto a que ocurrirá en los próximos días».
Desplazados por la invasión terrestre de Israel
La invasión terrestre de las fuerzas israelíes en el sur del Líbano, incluida la «línea amarilla» —una zona prohibida donde las fuerzas israelíes han ocupado parte del territorio libanés—, impide que la gente regrese a sus hogares en alrededor de 55 pueblos y aldeas. La destrucción y demolición de comunidades enteras, que aún continúa pese a la tregua, ha dejado a miles de personas desplazadas sin hogar y sin esperanzas. Ante la imposibilidad de llegar hasta allí, muchos ni siquiera saben aún si sus hogares siguen en pie.
«Todo el mundo está desconsolado y afligido por el estado que ha quedado su pueblo. Y nosotros también», explica Salha Srour, paciente de MSF. Salha, que ha sido desplazada en múltiples ocasiones; es originaria del pueblo fronterizo de Aita ash Shaab. «Oímos el sonido de las explosiones. ¿Por qué se están destruyendo nuestros pueblos y nuestras casas?, me preguntaba a mí misma. ¿Por qué hay unas líneas amarillas, rojas y azules?, pensaba sin llegar a entender nada. Antes nos alimentarnos de lo que plantábamos y crecía alrededor de nuestras casas: lechuga, menta y perejil. Ahora no queda nada de eso. No es justo vivir así».
Muchos de mis compañeros libaneses, al igual que muchísimos trabajadores sanitarios del Ministerio de Salud local, han seguido trabajando durante estos casi dos meses bajo una presión inmensa aquí en Sour y también en otras localidades como Nabatyieh. Durante todo este tiempo han prestado, y siguen haciéndolo, servicios de atención sanitaria primaria, apoyo en salud mental, servicios de salud sexual y reproductiva, y han facilitado derivaciones a la atención secundaria. Además, han prestado y prestan apoyo a los hospitales en la atención de traumatismos y emergencias.
En las áreas de urgencias, muchos han tenido que enfrentarse a la afluencia casi diaria de heridos y fallecidos, a la llegada de pacientes, entre los que había una gran cantidad de niños y niñas, con lesiones graves, como hemorragias masivas, amputaciones traumáticas y heridas abiertas. Y en muchos casos, entre los heridos a los que tenían que atender, también había familiares o conocidos.
Y como decía: todo el mundo es consciente de que este momento de impasse puede acabar en un solo instante. Por eso, aquí nadie baja la guardia y todos quieren estar preparados por si tuvieran que activar el modo emergencia una vez más. Lamentablemente, ya están acostumbrados a ello.
