Publicado: abril 24, 2026, 8:30 am
Charlo con Christian Gálvez bajo una de las cúpulas de iglesia más grandes del mundo, la cuarta concretamente, la de San Francisco el Grande en Madrid. Aunque estamos solos, lo cierto es que, hablando de Dios, en su casa, casi te sientes observado.
El comunicador y escritor ha sacado al mercado su segunda novela de temática religiosa, He vencido al mundo, y aunque no siempre fue así en el pasado, hoy es un creyente convencido, con una fe que lo ocupa todo, sin dejar ninguna fisura.
«Yo era católico, en un episodio hace muchos años, me enfadé muchísimo con Dios, después de hacer un documental sobre pederastia en Camboya, sobre turismo sexual. Siempre digo que perdí la fe en Dios, pero no era una cuestión de pérdida de fe, era una cuestión de negacionismo absoluto, de no querer creer en el Dios que me habían contado después de todo lo que había visto. Y, desde hace un tiempo, volví a creer. Bueno, no es que crea en Dios, es que tengo la certeza absoluta de que existe, eso me hace estar mucho más tranquilo».
Se expresa con una seguridad abrumadora que no deja huecos a la duda: «Creo en los milagros, porque he visto milagros, y la palabra más importante que tiene que ver con mi manera de entender la religión es el amor. Gracias a mi mujer recuperé la fe en un montón de cosas, la fe en el trabajo, la fe en la amistad, la fe en el amor, la fe en mí mismo y la fe en Dios».
Una novela ambientada en el Jerusalén del siglo I, donde los conflictos eran continuos, algo parecido a los tiempos que vivimos. «Seguimos cometiendo los mismos errores y lo que sí te puedo decir es que Judas seríamos todos. Cuando uno ve el perfil de cada uno de los apóstoles, nos están representando a todos en algún momento de nuestra vida porque, al final, ¿quién no ha traicionado a alguien voluntaria involuntariamente alguna vez en su vida?».
«Gracias a mi mujer recuperé la fe en un montón de cosas: en el trabajo, en la amistad, en el amor, en mí mismo y en Dios»
En sus palabras, casi predicamento, aparecen los términos sacrificio y propósito vital, y él siempre tuvo uno, ser padre. «Tuve que sacrificarlo todo, una historia de amor anterior, la fama, el reconocimiento. Uno toma decisiones y tiene que sacrificar cosas. Pero está el sacrificio que se te impone y el sacrificio voluntario que haces por amor. Yo he estado dispuesto a dejar muchas cosas por ser padre, absolutamente todo, pero merece la pena, porque ¿tú sabes lo que es estar enamorado de una persona a la que todavía no conoces?».
En un momento en el que parece que la espiritualidad está de moda con películas como Los Domingos o giras musicales como la de Rosalía, y algunos creen que desde la frivolidad, Gálvez sostiene que cualquier forma que encuentre la fe para llegar a la gente es válida. «Yo les diría gracias porque están acercando la fe y la espiritualidad a un grupo de personas que quizá de otra manera no se hubieran acercado, independientemente de cuál sea tu poso. Pero si encima hay un proceso de conversión genuino y auténtico, pues entonces, además de las gracias, te doy la enhorabuena. Yo creo que todo suma».
De momento, se siente pleno, con un horizonte laboral tranquilo, el magazine que presenta en Telemadrid cada tarde y una nueva novela sobre la persecución de los cristianos en el mundo, que no está exenta de controversia y, adivino, traerá cola.
Le hubiera gustado ser cantante de un grupo heavy, vendió juguetes, es presentador, actor y escritor, una persona inquieta que hoy se siente en paz. Me asegura que tiene las cuentas saldadas, lleva al día las confesiones y ha pedido los perdones necesarios, que no es poco en los tiempos que vivimos. Así, lo único que podría decirse es «amén, hermanos».
