Un mes con el Samsung Galaxy S26 Ultra: un móvil continuista y sin (casi) sorpresas, pero imposible de criticar - Estados Unidos (ES)
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Un mes con el Samsung Galaxy S26 Ultra: un móvil continuista y sin (casi) sorpresas, pero imposible de criticar

Publicado: abril 6, 2026, 7:24 pm

Samsung presentó sus flagships de 2026 hace poco más de un mes. A estas alturas es posible que sepas todo sobre la nueva familia Galaxy S26 y no voy a venir yo a descubrirte América. La lista de especificaciones es más que conocida, incluso antes del lanzamiento, puesto que las filtraciones son ya pan nuestro de cada día en el sector. Lejos quedan aquellas keynotes con efecto wow que dejaban a los espectadores con la boca abierta.

Precisamente voy a hablar de esa capacidad de sorprender en este análisis del Galaxy S26 Ultra. Antes, sin embargo, una declaración sin tapujos: estamos hablando de un smartphone de gama muy alta, que parte de los 1.449 euros en su configuración más baja (256 GB | 12 GB) y sube 500 euros más si elegimos 1 TB de almacenamiento con 16 GB de RAM, por lo que indiscutiblemente es un telefonazo. Sé que el precio no implica obligatoriamente ser premium, pero aquí sí es el caso. No obstante, cuando te mueves en estas ligas las cosas suelen tener muchos matices.

Los fabricantes lo tienen cada vez más complicado en sus topes de gama, ya que últimamente la pelea está entre elegir si ser brillante en uno de los aspectos más relevantes del dispositivo —dos, como mucho— o si ser un móvil equilibrado capaz de gustar a todos en conjunto. Es decir: destacar mucho en fotografía, en vídeo o en batería, que actualmente son posiblemente las especificaciones que más miran los usuarios, o ser un 8,5 —incluso un 9— de forma global.

Este Samsung Galaxy S26 Ultra es un telefonazo, es premium, es tope de gama. Y también es un móvil que no brilla especialmente en nada (con una excepción que luego mencionaré), pero que cumple con creces en todo.

Hilando con lo que venía diciendo sobre el efecto wow, es un teléfono sin sorpresas. Pero eso, para mí, es algo bueno (además insisto en que sí tiene una novedad que te va a gustar tanto como a mí).

A Samsung y a Apple desde hace años se les ha tachado de continuistas, esa palabra que tanto nos gusta usar a los analistas del sector tecnológico que parece que sirve para callar cualquier debate. Pero, como mencionaba ahora mismo, ese carácter conservador no tiene por qué ser negativo. Tanto la compañía surcoreana como la de Cupertino han logrado que sus flagships sean dispositivos reconocibles de un solo vistazo y han ido incorporando pequeños upgrades anualmente para mejorar algo la experiencia de usuario. ¿Se podrían dar más prestaciones nuevas al consumidor en cada generación? Técnicamente sí, la tecnología lo permite. Otra cosa es que tenga sentido para los fabricantes desde la perspectiva de negocio.

Vamos a verlo poco a poco en este análisis porque, pese a las voces más críticas, Samsung sí ha innovado bastante este año.

Un diseño más cómodo, pero con una decisión discutible

El S26 Ultra es un móvil que ha cambiado el diseño. Puede que no de forma radical, pero sí muy evidente: tenemos esquinas y laterales curvos —que ya venían menos afilados desde los cantos extra rectos del S24 Ultra—, tenemos algo menos de grosor, tenemos un pequeño montículo nuevo bajo el módulo de cámaras y tenemos un material distinto.

Sobre el aspecto, en mi opinión sigue siendo el mismo teléfono icónico de Samsung, pero refinado y más elegante. Una tendencia, por cierto, que se ha extendido entre muchos fabricantes este último año. Es más cómodo en mano al ser más delgado y curvo —otra apuesta bastante de moda— y, a pesar de que haya quienes afirman que pasar del titanio al aluminio es un downgrade, creo que el acabado está muy bien ejecutado desde el punto de vista de construcción y hecho con gusto estéticamente, además de tener un tacto agradable que invita a llevar sin funda. Y ese ‘Violeta Cobalto’ le sienta de locos como para taparlo.

Lo malo es que el aluminio —por mucho que sea uno especial llamado Armor Aluminum es menos resistente que el titanio. Yo personalmente he sufrido ya alguna marca.

Pero la gran pega del diseño, o más bien algo que no comprendo, es el S Pen. El stylus me resulta un accesorio que no aporta, al menos a mí, y que solo ocupa espacio. Un espacio que podría dedicarse, por ejemplo, para añadir más miliamperios de batería al smartphone. Esto ya era así en anteriores generaciones, pero es que además en este S26 Ultra, al tener bordes no planos, el lápiz tiene un inconveniente: tiene posición de colocarlo y, si lo pones mal, sobresale. Creo que es un elemento abocado a desaparecer.

Rendimiento sin sorpresas (y eso es justo lo que buscas)

Si el diseño, aunque varía con respecto al año pasado, no es una gran sorpresa, en términos de rendimiento la sorpresa es cero: el S26 Ultra incorpora el Qualcomm Snapdragon 8 Elite Gen 5 for Galaxy el último chip del gigante taiwanés—, por lo que, como se puede esperar, no vas a encontrar ninguna fricción y todo va a ir suave como la seda. Desde luego será así en el día a día y los procesos básicos, pero también responderá bien en tareas exigentes, ya seas alguien a quien le gusta tener muchos frentes abiertos, uses la IA todo el tiempo, edites con el móvil fotografía y/o vídeo o seas perfil gamer.

De nuevo, tenemos continuismo. Pero de nuevo tenemos un matiz: en esta generación que tengas un procesador u otro ya no depende de la suerte geográfica y Samsung monta el chip de Qualcomm en la versión global, es decir, la estrategia de incluir Exynos según región se acabó (al menos de momento).

Además, sobre el hardware, el Samsung Galaxy S26 Ultra se puede adquirir con una configuración de 1 TB de almacenamiento y 16 GB de RAM, no con 12 GB como la anterior generación, lo que viene muy bien si abres muchas apps o para momentos multitarea.

Un inciso para mencionar algo importante que afecta tanto a diseño como a procesador: los chips actuales son más potentes, especialmente por lo que tiene que ver con su capacidad para gestionar IA, y eso hace que alcancen picos de temperatura considerables. Para sortear esto, el tope de gama de Samsung cuenta con una cámara de vapor un 20 % más grande que la del S25 Ultra, pero además el aluminio disipa el calor mejor que el titanio. Un ejemplo más de una actualización, la de la cámara de vapor, no muy flashy, pero sí muy enfocada a elevar la experiencia de usuario.

Seguimos con los 5.000 mAh

¿Qué otra cosa no cambia pero en el fondo sí lo hace y es fundamental? La batería. Seguimos teniendo 5.000 mAh y nos siguen pareciendo pocos. Pero a pesar de llevar el chip que ya hemos mencionado, un auténtico devorador de energía por necesidad, es también este procesador parte del motivo de que esos miliamperios se optimicen mejor y, de alguna manera, se estiren. Terminar el día con un 40 % de batería, incluso en jornadas de trabajo y uso algo intensivo, ha sido lo más habitual en mi caso.

Y un pequeño detallito más: el Galaxy S26 Ultra incorpora por primera vez carga rápida de 60W (antes 45 W), lo que le permite alcanzar más del 50 % de batería en cerca de 15 minutos y completar una carga total en alrededor de 50 minutos.

Una buena foto asegurada

La filosofía conservadora de Samsung se ve especialmente clara en las cámaras. Sobre el papel, no hay grandes cambios: el Galaxy S26 Ultra mantiene la misma configuración de sensores que la generación anterior, con los mismos megapíxeles y una propuesta muy similar.

Pero, como viene ocurriendo en este análisis, la clave no está tanto en lo que cambia a nivel de hardware, sino en cómo se ha refinado la experiencia. La compañía asegura que el sensor principal y el teleobjetivo son ahora más luminosos —un 47 % y un 37 % respectivamente— y eso, sin ser algo especialmente llamativo en una ficha técnica, sí tiene impacto en el uso real.

En mi experiencia, el teléfono sigue ofreciendo una fotografía muy equilibrada. No es el mejor del mercado en ningún apartado concreto, pero tampoco falla en ninguno. El color sigue siendo uno de sus puntos fuertes: imágenes vivas, con cierta tendencia a potenciar los tonos. Todo depende de si te gusta más o menos saturar tus fotos. El rango dinámico cumple, incluso ha mejorado ligeramente, aunque sigue teniendo margen cuando se le exige en escenas más complejas, con contraluces o situaciones de alto contraste. El modo retrato funciona muy bien, con recortes bastante precisos incluso en elementos complicados, y el gran angular, aunque pierde algo de calidad en los bordes, sigue siendo perfectamente utilizable.

En general, la fotografía del S26 Ultra responde bien en prácticamente cualquier situación sin obligarte a pensar demasiado.

El cambio más evidente, en cualquier caso, no está en la captura, sino en lo que viene después. Samsung ha incorporado un asistente de fotografía que permite editar imágenes de forma bastante avanzada: desde cambiar una escena de día a noche hasta modificar elementos concretos como ropa, objetos o imperfecciones.

En vídeo también hay pequeños avances. La mejora en el modo Superestable permite bloquear mejor el horizonte, es decir, cuando grabas, el móvil no solo estabiliza los movimientos, sino que intenta mantener siempre la imagen nivelada, aunque tú gires el teléfono o te muevas de forma más brusca. En la práctica, esto se traduce en que puedes grabar caminando, girándote o incluso haciendo movimientos más amplios sin que el vídeo se vea torcido o con ese efecto de inclinación típico. Es como si el móvil corrigiera constantemente la posición para que todo se vea recto y más limpio.

Al final, es otro ejemplo más de lo que viene siendo este S26 Ultra: no hay un salto espectacular en vídeo, pero sí pequeños ajustes que hacen que grabar sea más fácil.

Mucha IA, pero el reto sigue siendo usarla

Samsung, como el resto de fabricantes, está intentando marcar diferencias en el software y, sobre todo, en la inteligencia artificial. Y aquí el Galaxy S26 Ultra cumple con lo esperado: hay muchas funciones, muchas posibilidades y, sobre el papel, bastante potencial.

La base sigue siendo One UI sobre Android, con una experiencia muy reconocible. Y esto, de nuevo, conecta con esa idea de continuismo bien entendido: si vienes de Samsung, todo te resulta familiar, no hay curva de aprendizaje y puedes empezar a usar el móvil desde el minuto uno sin volverte loco.

A partir de ahí, entra en juego la IA. Samsung mantiene a Gemini como pilar principal, pero abre más el ecosistema con opciones como Perplexity para búsquedas rápidas o un Bixby que, poco a poco, intenta ser más útil y menos anecdótico.

También hay mejoras interesantes en funciones ya conocidas. Por ejemplo, Circle to Search evoluciona y permite identificar varios elementos dentro de una misma imagen sin tener que ir uno por uno. Es más rápido, más práctico y, sobre todo, más lógico.

Luego están esas funciones que buscan ahorrarte pasos. Now Nudge, por ejemplo, intenta anticiparse a lo que vas a hacer: si alguien te pide unas fotos, el móvil te sugiere directamente las imágenes sin tener que buscarlas manualmente. Y Now Brief va un poco en la misma línea, pero con recordatorios y contexto: viajes, reservas o información relevante que aparece justo cuando la necesitas.

A esto se suman detalles como el filtro de llamadas para evitar spam, que sin ser algo especialmente llamativo, sí mejora bastante la experiencia en el día a día.

El problema —o más bien el punto realista— es que, aunque todo esto está ahí, no siempre se usa. Y no es algo exclusivo de Samsung. La sensación es que la inteligencia artificial todavía no ha llegado a ese punto en el que se integra de forma tan natural que ni te das cuenta de que la estás utilizando.

Muchas de estas funciones son útiles, sí, pero requieren que el usuario cambie hábitos o que recuerde que existen. Y ahí es donde, de momento, se quedan a medio camino. Probablemente el futuro pase por justo lo contrario: que la IA esté tan integrada que no tengas que pensar en activarla.

Aun así, el S26 Ultra deja claro hacia dónde va la industria. No hay una función concreta que justifique por sí sola la compra, pero sí un conjunto de herramientas que, poco a poco, van haciendo el teléfono más inteligente y, sobre todo, más cómodo de usar.

Esos extras siempre útiles

En el apartado multimedia y de extras pasa un poco lo mismo que en el resto del teléfono: no hay nada especialmente llamativo, pero todo funciona como esperas, o incluso un poco mejor.

El sonido, por ejemplo, cumple de sobra. La vibración háptica también está bien conseguida. En conectividad, tienes todo lo que esperas en un gama alta actual: 5G, WiFi 7, NFC, Bluetooth avanzado y un ecosistema bastante bien integrado si ya usas otros dispositivos de Samsung. Y no faltan esos pequeños detalles que no siempre se mencionan pero que suman: el sensor de huellas bajo pantalla funciona rápido, el desbloqueo facial cumple y funciones como la carga inalámbrica o la carga inversa siguen ahí, sin hacer ruido pero siendo útiles.

Pantalla: te vas a enamorar

Y por fin llegamos a la guinda de esta generación, el esperado efecto wow. Porque sí: el Samsung Galaxy S26 Ultra tiene uno y está en la pantalla.

En las especificaciones no hay grandes cambios. Seguimos teniendo un panel espectacular en tamaño, resolución y calidad, de esos que ya rozan el techo de lo que se le puede pedir a un smartphone. Se ve increíble, con colores vivos, buen brillo incluso en exteriores y una nitidez que, a estas alturas, casi damos por hecha en este rango.

La clave está en el llamado privacy display, una función que cambia bastante la forma en la que interactúas con el teléfono. Básicamente, permite que el contenido de la pantalla solo sea visible desde el ángulo frontal, dificultando que alguien a tu lado pueda ver lo que estás haciendo. Puede parecer una tontería, pero no lo es. En el día a día —en transporte público, en una cafetería o incluso en el trabajo— aporta una sensación de privacidad muy real. Y además está bien implementado: puedes decidir cuándo se activa, en qué situaciones o incluso limitarlo a ciertas acciones, como introducir el PIN o consultar notificaciones.

El lado malo es que al activarlo hay una pérdida de brillo.

Resumen

Samsung acierta un año más y sabe cómo ofrecer singularidad dentro del continuismo. Porque en un teléfono donde todo funciona muy bien pero nada sorprende especialmente, introducir una función como la pantalla de privacidad —útil, tangible y fácil de entender— tiene mucho sentido.

Es, probablemente, el mejor ejemplo de lo que es este S26 Ultra: no reinventa nada, pero encuentra pequeñas formas de mejorar la experiencia que, en el uso real, sí marcan la diferencia.

Y sabes que es un móvil que no te va a fallar en ningún aspecto.

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