Publicado: diciembre 24, 2025, 4:24 am
Hace unas semanas, Ant International presentó una de esas ideas que parecen sacadas de la ciencia ficción, pero que encajan bastante bien con la dirección que está tomando la tecnología de consumo: pagar con unas gafas inteligentes usando el iris como sistema de autenticación. La solución se llama Alipay+ GlassPay y plantea un escenario en el que el acto de pagar se reduce, literalmente, a mirar.
No es un anuncio rompedor de última hora ni un producto que vaya a llegar mañana a las tiendas. Es, más bien, una demostración de hacia dónde quiere avanzar el pago digital y de cómo las grandes plataformas están explorando nuevos formatos más invisibles, rápidos y —al menos sobre el papel— seguros.
Qué es exactamente GlassPay
GlassPay es la propuesta de Ant para llevar los pagos al terreno de las gafas inteligentes, integrándolos directamente en el dispositivo, sin necesidad de sacar el móvil del bolsillo. La idea es que el usuario pueda autorizar una compra desde las propias lentes, combinando distintas capas de interacción: comandos de voz, visualización de información en realidad aumentada y, ahora, biometría avanzada.
La gran novedad es la incorporación de la autenticación por iris, un método que Ant define como especialmente robusto por la cantidad de rasgos únicos que ofrece el ojo humano. Según la compañía, el sistema analiza más de 260 puntos biométricos del iris para verificar la identidad del usuario antes de autorizar la transacción.
Por qué el iris y no la cara o la huella
Ant no parte de cero en esto de la biometría. Alipay lleva años utilizando reconocimiento facial y de voz, pero el salto al iris tiene bastante lógica en el contexto de unas gafas inteligentes. El usuario ya está mirando al frente, así que no necesita realizar ningún gesto adicional ni acercarse a un sensor concreto.
Además, el iris es considerado uno de los identificadores biométricos más precisos y difíciles de falsificar, incluso más que el rostro. Para reforzar la seguridad, la compañía asegura que el sistema incorpora detección de vida basada en inteligencia artificial, capaz de bloquear intentos de fraude mediante fotos, vídeos o máscaras 3D, y que funciona en diferentes condiciones de iluminación.
Todo el proceso se plantea como sin contacto y con los datos protegidos mediante cifrado, aunque Ant deja claro que la implantación real de este tipo de tecnología depende del marco regulatorio de cada país, especialmente cuando entra en juego la biometría sensible.
Más allá de lo técnico, lo interesante de GlassPay es el concepto que hay detrás. Ant lleva tiempo persiguiendo una idea muy concreta: que pagar deje de ser un acto consciente. Primero fue el QR, luego el móvil, después el reconocimiento facial… y ahora la mirada.
En el escenario que dibuja la compañía, el usuario podría ver el importe en las gafas, confirmar la compra con la voz o simplemente con la mirada y recibir la confirmación en su campo de visión. Todo, sin sacar ningún dispositivo adicional ni interrumpir la experiencia.
Para los comercios podría significar menos fricción, procesos más rápidos y nuevas posibilidades de interacción en tienda física, especialmente en entornos con mucho flujo de personas, como el turismo o el retail.
Xiaomi y Meizu, los primeros socios
En la presentación de la solución, Ant citó a Xiaomi y Meizu como los primeros fabricantes con los que está trabajando para llevar estas funciones a gafas inteligentes comerciales. No se trata tanto de un lanzamiento inmediato como de acuerdos estratégicos para empezar a probar y adaptar el sistema a dispositivos reales.
Como ha ocurrido con otros intentos de popularizar las smart glasses, el camino no es sencillo. El hardware, el precio, la aceptación social y, sobre todo, la privacidad, siguen siendo factores clave que condicionan su adopción fuera de mercados muy concretos.
Sin embargo, visto con algo de perspectiva, GlassPay no es tanto una rareza como un experimento adelantado a su tiempo. Justo ahora, las gafas inteligentes vuelven a ganar protagonismo gracias a la IA, al audio y a funciones como la traducción en tiempo real. De hecho, según estimaciones del sector, su adopción podría multiplicarse por casi siete entre 2024 y 2029, hasta alcanzar los 18,7 millones de unidades en todo el mundo. Así que el pago aparece como una de las piezas que faltaban por encajar.
Que ese futuro pase por autorizar compras con el iris todavía está por ver. Pero lo que deja claro la propuesta de Ant es que las grandes plataformas ya están trabajando para que, algún día, pagar sea tan natural como mirar.
