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WrestleMania 42: más madera al incendio de críticas a la WWE por sus historias

Publicado: abril 19, 2026, 6:05 pm

Hace dos años, tras finalizar WrestleMania 40, un servidor anunció a los cuatro vientos el inicio de una nueva era dorada para la lucha libre. La explosión en popularidad, el salto a Netflix y la gran calidad de las historias auguraban que el entretenimiento deportivo estaba de nuevo a las puertas del mainstream, y si bien esto último fue cierto, WrestleMania 42 pone de manifiesto el problema más grave de la WWE, la obsesión con el vil metal a costa de sacrificar la calidad del producto.

La primera noche del magno evento del wrestling mostró lo mejor y lo peor de la industria en la actualidad, todo ello en un batido de bookeo controversial que parece no haber dejado satisfecho a nadie. Ante algo más de 50.000 personas (según datos oficiales que no siempre se han correspondido con la realidad), la WWE planteó un evento que no supo a celebración de la lucha libre, sino a marketing del más burdo e invasivo.

La velada arrancó con el primer combate de la cartelera, un batiburrillo de influencers que se ha convertido en el peor opener de la historia reciente. IShowSpeed volvió a servir como reclamo para el nuevo público más joven, ese aparentemente obsesionado con los momentos virales y los clips antes que con la narrativa satisfactoria, pero esta vez en el llamado ‘Escenario de los Inmortales’. Las métricas de la empresa juzgarán el impacto de la retahíla de decisiones incomprensibles durante los últimos tiempos que buscan el retuit antes que el valor artístico.

Entre estas decisiones se encuentra la defenestración del wrestling femenino, que durante la primera noche de WrestleMania solo estuvo en pantalla 23 minutos, un tiempo comparable a los constantes anuncios de un próximo documental sobre Hulk Hogan.

Ni el regreso de la inspiradora y legendaria Paige, ni la ardiente rivalidad entre Liv Morgan, nueva campeona mundial, y Stephanie Vaquer, ni el talento a raudales que inundó el ring durante la lucha entre AJ Lee y Becky Lynch fueron reclamo suficiente para los directivos de TKO [empresa dueña de la WWE] decidieran apostar por estas mujeres como grandes reclamos antes de interferir en el evento principal para solucionar los números insatisfactorios en taquilla.

Para cerrar un evento de más de cuatro horas en el que tan solo 85 minutos y 27 segundos fueron de lucha en esta nueva ‘Era de los Anuncios’, llegó el combate esperado por todos: Cody Rhodes contra Randy Orton por el Campeonato Mundial de la WWE.

En una historia cargada de traición, legado, destino, crueldad y gloria que se escribía sola, los ejecutivos decidieron incluir… al comentarista y exjugador de la NFL Pat McAfee y al rapero Jelly Roll. Un movimiento que a muchos ha recordado a la WCW, el competidor de la WWE (antes WWF) en los años 90 y que por culpa, entre otras cosas, de este tipo de movimientos comerciales acabó por ser absorbida por la compañía que en su momento controlaba Vince McMahon.

Y la lucha, en todos sus aspectos, fue memorable. Desde el vídeo de presentación que se echó de menos para el resto de rivalidades a la acción en el ring, pasando por las impresionantes entradas, el duelo entre estas dos leyendas fue impresionante… hasta que los VIPS aparecieron a molestar y manchar el registro de los libros de historia.

Finalmente, Cody Rhodes abrazó el lado oscuro y sacó a relucir su faceta Homelander (villano de la serie The Boys con quien ha sido comparado durante años) para retener el título utilizando tácticas sucias. Una gran forma de culminar un acto narrativo, si al público adinerado e invitado, el menos pasional, el menos interesado, pero el único que puede acudir a WrestleMania dado el astronómico repunte de precios, le hubiera importado lo más mínimo el meticuloso combate por encima de capturar un storie perfecto para Instagram.

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