La orgía de los tahúres en la guerra de Ucrania - Chile
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La orgía de los tahúres en la guerra de Ucrania

Publicado: abril 2, 2025, 2:27 am

Las tropas rusas, sobre el terreno, están incrementando sus acciones ofensivas en diversos sectores del frente. Particularmente en su parte central, para aumentar sus ganancias territoriales. Destacan los avances en el oblast de Zaporiyia, hasta alcanzar la zona de Mali Shcherbaky-Shcherbaky, sobre la carretera T0812. Esto podría indicar la preparación de un esfuerzo ofensivo nuevo que, usando esa carretera como línea de partida, entre Stepove y Orejov, se dirigiría hacia la ciudad de Zaporiyia. De confirmarse, ratificaría la voluntad de Putin de prolongar indefinidamente la guerra hasta la victoria total.

Fuera del teatro, el escenario internacional parece una gigantesca casa de juegos donde proliferan los tahúres. Porque, aunque todos se declaran partidarios de la paz, luego no actúan en consecuencia. Putin no quiere que se acabe la guerra, que entiende tenerla ganada, si no es tras su victoria indiscutible. Como ya ha acomodado a Rusia a una economía de guerra, no le corre prisa terminarla. De ahí su ritmo parsimonioso para asegurarse el dominio de los territorios ocupados, así como para hacer inevitable la neutralización de lo que quedase de Ucrania tras un potencial alto el fuego. Mientras más se prolongue la guerra, mayores serán sus ganancias.

Zelenski, aunque sabe que tiene perdida la guerra, trata de alargarla para salvar su propia cabeza. Juega con, al menos, dos barajas. Una con Trump en una partida en la que aparece como sumiso y confeso perdedor, aceptando los deseos y condiciones impuestas por el líder norteamericano. Pero, con la otra baraja, simultáneamente juega con algunos líderes continentales (Macron, Starmer y Von der Leyen), vendiéndoles la idea de que si él aceptase las condiciones de Trump, ellos serían el próximo objetivo de Putin. Por ello, Zelenski demanda un sólido apoyo europeo que, en su opinión, derivaría las hostilidades a una solución de tablas.

Escenario que ofrecería una ganancia para los europeos en términos de seguridad y, a su vez, sería el clavo ardiendo donde él mismo se agarraría para continuar a los mandos de Ucrania. Lo más artificioso de tan complejo juego a dos barajas de Zelenski es la habilidosa subasta de sus tierras raras y materias primas, que no se sabe a cuántos ya las ha vendido. Se trata de un juego extremadamente peligroso, que podría arrastrar a Europa a una precipitada guerra con Rusia sin estar preparados para ello.

Aprovechando que Alemania está embebida en un proceso de recomposición nacional y fabuloso rearme, que recuerda el periodo entre guerras del siglo pasado, Macron y Starmer, presidente y primer ministro respectivamente de Francia y el Reino Unido, favorecen el alargamiento del conflicto. Ellos juegan con, al menos, cuatro barajas. Una con Trump, con la que pretenden frenar sus perífrasis arancelarias así como mantenerle dentro de la OTAN.

Con la segunda parecen aceptar el juego de Zelenski para alargar la guerra, ofreciendo un fuerte apoyo militar que incluso conllevaría el despliegue de tropas europeas sobre suelo ucraniano. Una tercera baraja la utilizan para acordarse entre ellos dos, con el fin de erigirse y reforzarse como paladines europeos frente a Putin. Y con la cuarta baraja tratan de lidiar al resto de los países europeos, para que se aborreguen y acepten mansamente el alargamiento de las hostilidades. El mayor cebo son las sombrillas nucleares de segundo golpe de Francia y Reino Unido, que también sirven de estímulo para engordar la ‘coalition of de willing’ (coalición de voluntarios) que enviaría una fuerza internacional a Ucrania para interponerse entre las tropas rusas y ucranianas. Fuerza que no contaría con mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) donde, de presentarse una resolución al respecto, seguramente sería vetada por Rusia y, probablemente, también por China.

Al final resulta que el histriónico Trump es el único tahúr que claramente quiere que se acabe la guerra. Pero su hándicap son las prisas. Necesita urgentemente quitarse de su cabeza el problema y el gasto en Ucrania, para así poder centrar su atención sobre sus dos mayores empeños de gestión. Uno, sus intereses en la región de Indo-Pacífico. Y, el otro, el pertinaz torbellino arancelario con el que está ametrallando ‘urbi et orbi’. Fenómeno que para entenderlo demandaría contar con un «arancelómetro» de inteligencia artificial. Todo se andará.

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