Publicado: abril 14, 2026, 2:21 am
Este martes, 20.00 horas, se abrirán las puertas del mítico estadio de Wembley para acoger el partido de clasificación para el Mundial de Brasil 2027 entre dos de las mejores selecciones de los últimos años. La primera, la nuestra, España, vigente campeona del mundo; la segunda, Inglaterra, flamante campeona de Europa. Con todo vendido y 70.000 espectadores ávidos de buen fútbol en las gradas, el encuentro será la primera gran piedra de toque a la que se enfrentará Sonia Bermúdez como seleccionadora nacional, en un contexto de máxima exigencia deportiva y también mediática. ¿Serán altas hoy las audiencias de este gran partido? Permítanme que lo dude. El horario juega en contra: coincide prácticamente con la vuelta de semifinales de la Champions masculina entre el Atlético de Madrid y el Barcelona (empieza a las 21.00). Habrá buenos datos… hasta el descanso. Después, previsiblemente, caída. Esa es la cruda realidad en un mercado saturado y altamente competitivo. La que sí tendrá que verlo por televisión será Jenni Hermoso: la leyenda se lo pierde. Por decisión propia o impuesta, Sonia Bermúdez ha dejado fuera de la convocatoria otra vez a la madrileña. Y su ausencia se ha normalizado. Ya no pasa nada si se llama o no a la víctima del beso de Rubiales. No hace mucho, su nombre condicionaba todos los titulares que rodeaban a la selección. Ya no. Jenni Hermoso captó la atención de la audiencia, logró que buena parte de ese crecimiento repentino que experimentó en atención el fútbol femenino español fuera efecto de su caso. Y se ganó mucho. ¿Sigue teniendo el mismo tirón el equipo nacional sin el cebo mediático de Jenni? No está muy claro. Hay más niñas jugando al fútbol, muchísimas más. Eso, por sí solo, ya es un éxito indiscutible. Pero la consolidación de las estructuras y el remate final para convertir todo ese magnífico impulso en un producto sólido, atractivo y sostenible en el tiempo, está lejos de lograrse. Es cierto que la selección tira, que genera interés, asistencia y (mejorables) audiencias. Los datos de la final de la Liga de las Naciones en el Metropolitano lo corroboran: 55.843 espectadores (de un aforo actual de 70.692) en el estadio y cerca de dos millones de personas siguiéndolo por televisión. La selección, también el Barcelona, han demostrado que pueden caminar solas sin el efecto de Jenni y su ruido. La realidad de la Liga F es bien distinta: audiencias a la baja, falta de regularidad en el seguimiento y estadios con entradas muy pobres la enorme mayoría de las jornadas. Y es que la realidad sigue siendo tozuda: la coincidencia de horarios en noches como la de hoy, la falta de una estrategia global y los pobres datos de la Liga F evidencian que el crecimiento no ha ido acompañado de una consolidación real del producto. Sin Jenni como gancho, el marketing y la publicidad se han quedado sin ideas para atraer al personal.
