Publicado: abril 6, 2025, 2:23 am
Skripach coloca el fusil en un trípode junto a un árbol y lo cubre con una lona de camuflaje y con corteza de árbol. El fusil es un UAR-10 y esto es un ensayo. Snijok se cubre con una red de camuflaje y … espera ahora junto al fusil. Nieva y justo comienza a cuajar. A medida que la hojarasca se tiñe de blanco, el camuflaje también se vuelve blanco. Skripach va a una posición más atrasada y abre un ordenador que está conectado al visor del fusil. Da unas indicaciones. Snijok desliza el cañón hacia la izquierda y dispara. La diana es un árbol que está a más de 200 metros y que a simple vista no se distingue. Después de unos disparos más, lo recogen todo y se vuelven a casa.
Se disculpan por el desorden: están de mudanza, dejan esta casa. En el suelo del recibidor hay cinco fusiles (dos UAR-10, un Savage 110 y dos Ruger 308 y 338) y el pasillo está lleno de drones kamikaze. Tres años atrás, en esta casa vivieron unos soldados rusos durante las semanas en que ocuparon esta parte de la región ucraniana de Járkov y dejaron constancia de ello en la pared de una habitación. Ahora aquí viven una decena de soldados ucranianos, la mayoría del oeste del país y en torno a la treintena. Son de una unidad de francotiradores pero no todos lo son. «Yo soy ametrallador», dice Maliuk. Cuando sale a una misión, Maliuk suele ir con Skripach, que es francotirador.
El 1 de enero de 2024, Maliuk sobrevivió a un tiro en la cabeza: «El 31 de diciembre, nos ordenaron hacer un asalto a posiciones rusas de infantería. A las cuatro de la madrugada, tomamos una posición, estábamos cuatro soldados allí. Por la mañana, empezaron a bombardearnos fuerte con drones y granadas, y los rusos se acercaron».
A las 10.03, se grababa con el móvil diciendo que iban a hacer un nuevo asalto y que esperaba sobrevivir. En la galería de su móvil tiene una foto del cráter que dejó un dron kamikaze frente a ellos. Lo siguiente es un vídeo, de las 10.51, donde aparece con toda la cara llena de sangre y dice que le han dado en la cabeza y que no puede continuar con el asalto, pero que probablemente sobrevivirá. La bala perforó el casco por la parte izquierda: perdió la movilidad de la mano derecha. Como era imposible hacer una evacuación desde esa posición, caminó más de tres kilómetros hasta encontrar una unidad que se lo llevó del frente.
Una bala en el parietal
Estuvo un mes en distintos hospitales y dos meses en casa. Conserva los TAC: en el corte coronal, se ve la bala alojada en la cara interna del parietal izquierdo, entre el hueso y el cerebro. Antes de la guerra, trabajaba con su padre en un concesionario de coches de segunda mano. Ha recuperado la movilidad de la mano casi del todo.
«Puedes ver que es un trabajo duro, pero cuando haces esto mucho tiempo, te acostumbras y ya no lo parece tanto, sobre todo si lo comparas con la infantería, que prácticamente vive en la primera línea». dice Maliuk. Ellos, en cambio, pasan mucho tiempo en la base entre una misión y otra: entrenan, miran el móvil, juegan a la Play, hacen formaciones, juegan al fútbol, ven los partidos. Hasta que les llaman: «Cuando salimos a una misión, pueden ser dos días o pueden ser diez», dice Skripach.



Snijok limpia un fusil en la base de los francotiradores (arriba). Debajo, un soldado de la unidad de francotiradores yendo al lugar del ensayo y la foto de un corte sagital del TAC craneal de Maliuk después de recibir un disparo en la cabeza
«Es un trabajo duro, pero cuando haces esto mucho tiempo, te acostumbras y ya no lo parece tanto»
Maliuk
Ametrallador
Para la posición de francotirador, hizo una formación específica de cuatro meses. Como el frente está infestado de enjambres de drones, cuando están allí desplegados, pasan la mayor parte del tiempo bajo tierra. Colocan el fusil y lo camuflan. Desde el refugio, ven todo en las pantallas y el francotirador únicamente sale cuando tiene que disparar. La mayoría de misiones son para repeler asaltos del enemigo, y así ellos trabajan cerca de la infantería.
El terreno normalmente no les permite quedarse más alejados de la línea de contacto. Pero a veces sí: «El blanco más lejano que he acertado fue a 835 metros», dice Skripach. «A esa distancia, solo ves la silueta. A 400 metros sí les ves bien la cara», detalla.
—¿Cuántos rusos has matado?, le preguntamos.
—57.
—¿Y qué sientes?
—Solo siento el retroceso del fusil.